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Gastroetc: Viaje al cacao de Chuao

En Chuao, en sus fiestas y velorios comparten el chocolate de su cacao. Algunas casas venden panelas, muy sencillas, envueltas en aluminio | Foto: Archivo

En Chuao, en sus fiestas y velorios comparten el chocolate de su cacao. Algunas casas venden panelas, muy sencillas, envueltas en aluminio | Foto: Archivo

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Viaje al cacao de Chuao

En un paisaje casi irreal crece el cacao de Chuao ajeno a su fama planetaria. Para llegar a este poblado de la costa de Aragua, se puede cruzar en peñero el mar esmeralda desde Puerto Colombia en Choroní, subir de pie en un transporte colectivo bajo la sombra de esa vegetación espléndida que comienza justo donde termina la playa y llegar a este pequeño poblado que recibe con su conocida iglesia. Al atravesar el río, aguardan esas maracas, rodeadas de vegetación, cuidadas por la sombra de árboles centenarios y con la brisa del mar cercano. Que este cacao tenga una calidad célebre en el planeta y denominación de origen quizá se deba a lo generoso de esa geografía. A la calidad genética de sus cacaos. A los esmeros que recibe por tradición en este lugar donde la comunidad se encarga desde hace décadas de La Hacienda. Ahí, un grupo, en su mayoría de mujeres, se dedica a cosecharlo —usualmente— cantando. Lo fermentan durante una semana en un pequeño cuarto de una casa colonial y lo cubren con hojas de plátano. Luego lo llevan en cestas para que se seque paulatinamente bajo el potente sol de Chuao, frente a la bendición de la iglesia, en una escala determinada por el tipo de piso que hay frente a ella. "Hay un piso rústico donde se seca el primer día. Después se pasa al semirrústico y luego al liso", cuenta Isora Chávez, con la propiedad de quien sabe por qué lidera esas faenas.

Allí, mujeres de Chuao lo extienden en círculos mientras le cantan. De noche, lo guardan sobre pisos de madera. En una máquina que llegó de París en una fecha que nadie recuerda, van seleccionando los granos según su tamaño. Ese cacao anhelado en todo el planeta, cuyo nombre se multiplica en más chocolates de los viables, lleva posiblemente en su calidad un ingrediente intangible que explica esos esfuerzos. "A ese cacao le damos el amor que les ofrecemos a nuestros hijos. Aquí estamos pendientes de que los turistas no lo toquen si traen repelente puesto. Le cantamos".

En Chuao, en sus fiestas y velorios comparten el chocolate de su cacao. Algunas casas venden panelas, muy sencillas, envueltas en aluminio, con ese ingrediente que muchos chocolateros del mundo anhelan en sus recetas

Las hamburguesas de Miguel en Margarita

En los dominios de Miguel Soler en Margarita casi todo se hace en casa y eso siempre se agradece. Él y su esposa Rachel elaboran el pan de las hamburguesas, los rellenos que ingenian para la carne, muchas de las salsas, sus pepinillos encurtidos e incluso la propia cerveza. Soler comenzó con un servicio de catering en la isla hace 18 años y en Anafre Grill, hace 13. En un sitio sencillo y sin pretensiones, anuncia en una pizarra esas creaciones propias y, por tanto, ajenas a los lugares comunes: una hamburguesa de pescado malacho con mejillones de La Guardia y salsa tártara hecha por ellos. O la del Páramo, con carne rellena de queso ahumado merideño. "Tenemos la manía de rellenar todo", se ríe.

Hace cinco años se entusiasmó con las cervezas elaboradas en casa, creó Artesanal del Caribe y ya propone dos con sello de la isla: la María Guevara y una de ají margariteño. "Es increíble para mí, como cocinero, descubrir las posibilidades de la cerveza en la que, al cambiar variantes, obtienes nuevos resultados".

Anafre Grill se encuentra en la avenida Aldonza Manrique, Playa El Ángel, al lado de la maternidad, Pampatar. En las redes aparece como @anafregrill Abre de lunes a sábado de 7:00 a. m. a 11:00 p. m.

MACARONS con sello merideño

María Fernanda Rincón es merideña y tiene la buena energía de esa región. Estudió para ser criminóloga pero un viaje a París le reveló una posibilidad más dulce y alejada de ese destino.

Probó los emblemáticos macarons de Ladurée y decidió hacer su propia versión cuando regresó a casa con recetas y el ineludible ensayo y error. Ese mismo año, 2011, estrenó Vainilla Repostería, con tan buen tino que cuenta con cientos de seguidores en sus redes. Con su marca reproduce los macarons con sello propio y sabor local: los hace con dulce de leche de Alimentos KQT, con nibs de cacao, mora o parchita. En su propuesta sale de los sitios comunes y apuesta por piña colada, guayaba o queso crema. Incluso los prepara salados como queso crema con trucha salmonada y queso crema de cabra con tomates secos. Su entusiasmo la ha impulsado a conseguir empaques que hacen que estos frágiles dulces lleguen a Caracas y el resto del país. Su cuenta de Instagram comparte esos esmeros que se extienden a otros postres.

Vainilla Repostería está en Instagram como @vainillareposteria

Teléfono: (0414) 728 9882.

Buen beber

Miro Popic

guias@miropopic.com

Otazu rosado

Distribuye: Sudamericana

Teléfono: (212) 237 9231

Con estos días de calor implacable, lo que provoca es un buen vino rosado, frío, como aperitivo y acompañando casi lo que sea, digan lo que digan. Porque, a pesar de su color, es tan vino como cualquier otro, aunque tenga pocos seguidores. Viene de la uva misma y si está hecho basándose en el método de sangrado, mejor todavía, sabrá a fruta e, incluso, conservará algo de tanino. Simplemente se prensa la uva tinta y se deja en contacto con los hollejos hasta que toma el color que el enólogo desea, luego se escurre y vinifica como si fuera un vino blanco.

Son vinos para beber jóvenes, aprovechando su frescura y, si alguna vez fueron dulces en extremo, es porque les añadían azúcar, especialmente los que se producían en España con destino a Venezuela. Hoy ya no es así, son vinos serios y la mejor prueba de ello es atreverse a degustarlos sin prejuicios. Solo 5% del vino que se consume en el país es rosado. Entre lo nuevo que ha llegado les recomiendo el Otazu Rosado. Viene de Navarra y está hecho con uva merlot. Un varietal interesante de color fresa, afrutado, de intensidad media, buena estructura en boca, con retrogusto a uva, que recuerda la frutalidad natural de donde proviene, sin toques artificiales.

Los navarros consumen mucho vino rosado, acompañando los ricos vegetales de sus campos. También lo recomiendan con paellas, pero aquí, en nuestra cocina, creo que van bien con casi todo, hasta con hallacas. Si pueden hacerlo, pruébenlo, les gustará.