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Gabriela Rodríguez, el yin de Alfonso Cuarón

Gabriela Rodríguez, el yin de Alfonso Cuarón /  Katherine Di Turi

Gabriela Rodríguez, el yin de Alfonso Cuarón / Katherine Di Turi

La productora venezolana, de 34 años de edad, ha sido la compañera de labores del galardonado cineasta Alfonso Cuarón desde hace una década. "Este ha sido mi único trabajo desde que me gradué", dice, aún emocionada por el reconocimiento que le hiciera el mexicano al obtener el Globo de Oro de este año al Mejor Director

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"Muchas gracias a mi mamá", exclamaba Alfonso Cuarón en español durante el discurso de aceptación tras haber ganado el Globo de Oro al Mejor Director por la película Gravity. La música instrumental de fondo que suele agitar los nervios y apurar los agradecimientos, aumentaba el volumen mientras Cuarón se alejaba del micrófono, hasta que recordó que le faltaba reconocer públicamente el trabajo de una persona. "¡Y a Gaby Rodríguez!", dijo.

En un anexo del salón del hotel Beverly Hills, donde se celebraron los premios el 12 de enero, la productora asociada de Gravity, Gabriela Rodríguez, brindaba con champaña y se entretenía comiendo y riendo con los miembros del equipo de publicidad del filme. Escuchó cuando anunciaron a Cuarón como ganador, pero la euforia fue tal que ni alcanzó a oír cuando el director la nombró. "Lloré de la emoción. Lo vimos por una pantalla", recuerda la venezolana. Hoy agradece que le insistierán en que fuera. "No soy de ponerme pintas ni de faranduleo.

Me gusta andar en mono y zapatos de goma, pero eso fue una rumba...", describe con un inconfundible acento caraqueño, a pesar de tener más de diez años viviendo en el extranjero.


Sudar el cine. En la película El diablo viste a la moda, la prota- gonista, interpretada por Anne Hathaway, tiene que corretear toda Nueva York mientras carga unas cajas en la mano derecha y habla por teléfono con la izquierda, intentando resolver las peticiones de su jefa, la exigente editora de una revista de moda.

Gaby Rodríguez a menudo cita escenas de dicha película para describir su primera experiencia como pasante en la oficina de producción de Alfonso Cuarón.

"Olvídate de servir café y sacar fotocopias. Llegué y el primer día me tiraron tres guiones encima que tenía que entregar por toda la ciudad. Trabajaba hasta las nueve de la noche, pero con gusto", rememora Rodríguez, que consiguió el puesto ­como suele ocurrir con los trabajos soñados­ de forma imprevista.

Acababa de graduarse de cineasta en Estados Unidos y, ante la falta de ingresos, consideraba retornar a Venezuela. El panorama cambió drásticamente gracias a un encuentro entre su madre y un amigo en un vuelo de avión. "Ella le comentó que estaba buscando trabajo en cine y resultaba que su novia trabajaba con Alfonso". Lo demás es historia: Rodríguez lleva diez años manejando la agenda privada y la producción general de cada proyecto que emprende el director mexicano, reconocido por títulos de culto como Y tu mamá también (2001) y Children of Men (2006).

El cine no espera


La familia de Rodríguez bromea con ella cuando la ve administrar tres celulares con gran maestría mientras disfruta de unas vacaciones en Caracas.

"Trabajo para Alfonso las 24 horas del día los 365 días del año. Eso sí, si me provoca moverme un mes a Venezuela o a otro sitio, lo hago", dice quien está residenciada ­por el momento­ en Londres, aunque viaje a Italia con frecuencia para acompañar a Cuarón al pueblo donde viven sus hijos.

El filme Children of Men marcó un antes y un después en la relación de la productora con el director. "Tenía tiempo siendo su asistente, hasta que me propuso trabajar en el set. Era una producción de alto calibre", recuerda, aunque admite sin pudor que la "juventud" le permitía trabajar durante 18 horas en locaciones lejanas y bajo cero, para luego regresar a Londres, cambiarse de ropa e irse de fiesta.

Pedirle a Rodríguez que defina el papel que desempeña en la vida de Alfonso Cuarón es una tarea imposible para ella. "Soy su hermana, su mamá, su hija, su esposa", se ríe a carcajadas. Luego, en un tono más serio, se describe como la contraparte lineal y gerencial que necesitan todos los creativos para funcionar con éxito. "Como buenos latinos, a veces discutimos y subimos muchísimo el tono. Los británicos creen que nos vamos a matar", señala con un sentido del humor que no descansa, como su vida misma.