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Envejecer sin miedo

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Para muchos, llegar a la tercera edad es motivo de ansiedad. La psicóloga Victoria Tirro ofrece algunas luces para madurar en las mejores condiciones posibles y potenciar el disfrute de esta nueva etapa

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"Mucho del temor que genera la idea del envejecimiento tiene que ver con el miedo a lo desconocido, sobre todo en un país que valora tanto lo joven y lo estético", opina Victoria Tirro, psicóloga especialista en adultos mayores. "La gente suele asociar la vejez con elementos negativos, pero es una etapa en la que la experiencia, la sabiduría y la creatividad son muy útiles bajo la estimulación adecuada".

A su juicio, un individuo que vive la tercera edad a plenitud es una persona relativamente sana, que se siente productiva y autónoma, que cuenta con mecanismos para satisfacer sus necesidades emocionales e intelectuales y que practica un egoísmo saludable con respecto a cómo administra su tiempo y decisiones.

"Es alguien que, así tenga ciertas limitaciones físicas, tiene la entereza de conservar un papel activo en los contextos en los que se mueve".

La especialista señala que hay quien asocia vejez con pasividad, pero es importante defender el espacio personal. Mientras las condiciones lo permitan, lo ideal es que la persona mantenga la mayor autonomía posible en su cuidado, el manejo de sus recursos y tiempo libre, en lugar de ceder automáticamente su poder de decisión a los demás o subordinarse a lo que otros esperan de él en función de su edad. "Una persona mayor no pierde por defecto su capacidad de amar, de relacionarse, de desarrollar proyectos. Sin una limitación seria, la toma de decisiones no tiene por qué perderse con los años".

Cada quien conoce a una persona mayor a la que admira por la manera como ha manejado su vejez. Generalmente, se trata de un ser equilibrado, activo, que no ha permitido que su personalidad se desdibuje o que mantiene intacta la alegría de vivir. "Uno podría tomar como modelo a ese adulto al que admira, tratar de identificar qué hizo para llegar a esa edad en esas condiciones y ver qué puede aplicar en sí mismo. En cierta medida, es ideal que uno pueda vislumbrar un poco, desde ahora, cómo le gustaría envejecer".

¿Cómo prepararse? "No estamos acostumbrados a pensar en la vejez porque creemos que todavía falta mucho, pero a quienes llegan a esa edad sin ninguna noción de cómo manejarla, les pega más. Lo mismo puede pasar cuando las expectativas que tenían sobre sus condiciones soñadas al envejecer no coinciden con su realidad", explica la psicóloga. En este aspecto, recomienda hacer un trabajo consistente en conocerse a sí mismo; esto permite descubrir cuáles son los rasgos de personalidad y los recursos internos disponibles para salir adelante aún en condiciones extremas o en ausencia de los seres queridos. Uno podría, por ejemplo, dedicarse desde ahora a desarrollar otra actividad al margen de su oficio de toda la vida. "Eso facilita que, si me jubilan o no puedo seguir trabajando en lo que he hecho siempre, pueda dedicarme a otra cosa en la que también soy bueno y obtener satisfacción y lucro de ello", ilustra.

Del mismo modo, pasearse por las contingencias tampoco está de más. "A veces una persona madura prefiere no pensar en qué haría si su pareja fallece o queda discapacitada, cómo se mantendría afectiva y económicamente si sus hijos se van del país o, incluso, qué podría hacer su familia si es uno el que ya no está, por ejemplo. Sin embargo, es aconsejable conversar todo eso con total franqueza y considerar con qué contamos en distintas situaciones, porque eso nos ayuda a tener más claro qué medidas podemos ir tomando con miras a nuestra propia tranquilidad".

Una de ellas es cuidar la salud. Aunque muchos asocian vejez con enfermedad, no necesariamente son sinónimas. Si bien hay patologías que escapan de cualquier control, también es mucho lo que se puede prevenir con consistencia en una buena alimentación y actividad física suficiente. "Otro factor de bienestar es buscar actividades o intereses que nos estimulen intelectualmente, así como tratar de acrecentar nuestro círculo social más allá del familiar. Cuando una persona mayor se aísla, es más propensa a deprimirse".

Ante el dilema de seguir trabajando hasta que el cuerpo aguante o parar, la experta opina que, por lo general, más actividad se asocia con más salud. Si la persona aún disfruta su oficio y puede cultivarlo por otras vías, no tiene por qué abandonarlo. "El futuro es impredecible, pero siempre hay previsiones que podemos tomar para tratar de llegar a esta etapa en las mejores condiciones posibles", recalca.