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Empoderarse saber que se puede

Empoderamiento | Ilustración: Vanessa Balleza

Empoderamiento | Ilustración: Vanessa Balleza

El término no es nuevo y lo primero que sugiere es conceder poder a un colectivo desfavorecido, pero también es usado  para referirse a la fuerza interior y a la certeza de que somos capaces de tomar el control de nuestras decisiones de vida. Un psicólogo y un coach ofrecen aquí algunas pistas para lograrlo

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La hermana Belén, en el dispensario San Martín de Porres, localizado en Las Mayas, Caracas, ofrece un taller de costura dirigido a mujeres de bajos recursos de la comunidad, con el fin de que aprendan a hacer bolsos que luego podrán vender.

Allí mismo, gracias a la cosmetóloga Columba Miozoty Borregales, otras mujeres aprenden a elaborar jabones biodegradables a partir de aceite vegetal de cocina que ya ha sido usado, acción con la que no solo contribuyen a reducir la contaminación del agua, sino que les permite tener una fuente de ingresos (ambas iniciativas pueden apoyarse a través de www.daryrecibir.org.ve). Eso es empoderamiento. La palabra puede sonar presuntuosa, pero su significado es muy simple.

Desde el punto de vista sociológico empoderar es, como en los ejemplos anteriores, otorgar recursos a grupos que se encuentran en una situación desfavorable para que puedan mejorar. Se habla de que se les concede poder, porque no se trata de otorgar dádivas, sino que la base es la autogestión. Tal vez por eso el término es aplicable también al crecimiento personal, pues tiene que ver con confiar en las capacidades propias, dejar de depender de otros y  tomar el control.  

“Cuando hablamos de que la actitud adecuada nos abre las puertas, estamos hablando de empoderamiento”. Eso es lo que dice el psicólogo Víctor Calzadilla para explicar que empoderarse, visto desde el desarrollo personal, tiene que ver con algo interno.  “Es una certeza, una sensación que se tiene sobre sí mismo, que viene de la introspección”, señala.  Su primera recomendación es estar atentos. “Si no estás en constante vigilancia, no te puedes preparar para poder navegar en las transiciones, grandes o pequeñas, que se presenten. Todos sabemos que la vida no es estable, estamos continuamente comenzando”.  

Al cambiar las circunstancias es posible llegar a sentirse debilitado o impotente, pero más que modificarlas, también ocurre por razones de género, que se han mantenido igual que en otras épocas, a pesar de los avances que se han logrado en buena parte del mundo. Mujeres igual de preparadas —o incluso más— que sus colegas hombres continúan ganando menos o recibiendo menos reconocimientos u oportunidades.  En ocasiones las limitaciones las ponen otros; sin embargo, a veces los obstáculos son internos.

En psicología, empoderarse es asumir el poder personal y, lo contrario es, precisamente, entregar ese poder a otras personas —pareja, hijos, jefes, familiares— o a circunstancias externas —el tráfico, la economía, la situación política—.

Obviamente, estos factores influyen en nuestras vidas, mas tener el poder significa dejar de sentirse víctima y ser capaces de elegir y responsabilizarse de las decisiones. “Es sentirnos causa y no consecuencia”, dice Calzadilla.

El psicólogo explica que para empoderarse hacen falta cuatro elementos. El primero, la eficacia, es decir, identificar las capacidades o competencias que se tienen y las que se necesitan para afrontar el reto, para poder utilizarlas, pulirlas o tratar de adquirirlas.

El segundo elemento es la determinación. “Yo debo sentir que soy quien elige lo que voy a hacer”, explica el especialista, que asegura que en ocasiones esto es un tema de percepción; es decir: a veces creemos que no somos libres de elegir. No obstante, también puede que sea algo relacionado con la autorregulación y sintamos que no tenemos fuerza de voluntad o persistencia. “De lo que se trata es de hacer un trabajo interno y conquistarse a sí mismo”.

El tercer elemento que indica el experto es la internalidad o lo que los psicólogos llaman locus de control interno.

“Tiene que ver con la certeza de que yo soy capaz de llevar a cabo acciones que van a tener un impacto en la realidad. Si yo siento que mi conducta va a tener un impacto en los resultados, estoy ganado a hacerlo”.

El especialista explica que ello está muy relacionado con fortalezas del carácter como el optimismo y la esperanza, que cobran sentido cuando quien desea empoderarse toma conciencia del entorno. “Así puedo entender qué debo realizar para que se den los cambios, innovar, crear y reinventarme”, dice.

El significado es el cuarto elemento. “De nada vale que yo ejecute una serie de acciones si lo que estoy haciendo no tiene un sentido para mí”, afirma e insiste en la importancia de que cada quien se conozca mejor a sí mismo y tenga claro cuál es su propósito de vida. Algunos lo han logrado a través de la espiritualidad. “Allí han encontrado fuerzas, una forma de centrarse y también les ha sido útil para aceptar procesos y circunstancias que no se pueden cambiar”.

Poderes, no superpoderes

Si bien hay que creer en la fuerza interior, también es importante hacerlo de una forma realista. “Tenemos que saber cuál es nuestro verdadero espacio, no podemos cambiarlo todo. Hay un ámbito de influencia donde nosotros podemos actuar, pero hay otras cosas que no podemos cambiar”, advierte Calzadilla. No hay magia que valga: somos seres humanos.

Aunque es un proceso que requiere introspección, no significa que hay que lograrlo sin asistencia. Dependiendo del contexto, este papel lo puede ejercer un mentor, un guía espiritual, un psicólogo, un líder o un coach. “Aunque siempre es desde la voluntad, a veces uno no lo puede hacer solo”, explica el coach Santiago Porras.

El coaching puede ayudar a quien es acompañado a conocerse mejor y a fortalecer su confianza en sí mismo. “Lo que se busca es que el asistido sea capaz de usar sus fortalezas y deje salir su lado luminoso de manera consciente, para los cambios que necesita para su bienestar y que lo conduzcan a un destino más expansivo, realizando lo mejor con lo que cada quien tiene”, indica Porras, quien hace referencia al modelo del Observador que se maneja en este tipo de asesoría y que está formado por el observador, la acción y los resultados. Si no se está conforme con los resultados, el observador debe hacerse consciente, ver sus acciones, pero también sus interpretaciones. De esta forma se producen cambios.Cuando cambia el observador, también lo hacen las acciones y los resultados.

“Yo me empodero cuando me hago consciente”, recalca Porras e insiste en que la labor principal está en manos del asistido. “Si siente esta certeza de querer ser acompañado y le confiere la autoridad al coach, es una experiencia muy satisfactoria, pero se da por sus propias facultades, él tiene que hacer el trabajo”, indica el experto.  Se trata de un proceso de aprendizaje y, por tanto, requiere tiempo, se presentarán obstáculos y hará falta seguramente acudir a las propias redes de apoyo, mas estar consciente allana el camino. Sin embargo, no hay atajos. “La responsabilidad del cambio está en manos de cada quien”.


Cambie su suerte

“Mientras que es verdad que la oportunidad, el momento, la familia y la suerte desempeñan un papel importante en conseguir el éxito en la vida, yo ayudo a mis clientes a crear su propia suerte”, afirma la coach Yee-Ming Tan, colaboradora de Positive Psychology News, quien asegura que su meta es ayudar a sus clientes a cambiar de un estado de impotencia a otro de empoderamiento.

Para ella, la clave está en cultivar las cualidades personales adecuadas y perfeccionar las fortalezas del carácter de cada uno, con el fin de llegar a ser capaces de ver la oportunidad cuando es el momento indicado. “Sé la persona adecuada primero y crearás tú el momento oportuno y el lugar adecuado”, aconseja.