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Emblemas del futuro

Bob Abreu / Mauricio Villahermosa

Bob Abreu / Mauricio Villahermosa

La fortuna sonríe con más simpatía a quienes asumen sus proyectos con pasión y ahínco. Cuatro personajes de distintos ámbitos cuentan cómo han logrado desarrollar carreras insumergibles y ofrecen sus recomendaciones para no naufragar

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Siudy Garrido, bailarina y coreógrafa

Una ovación de pie es su recompensa preferida. Cuando la música se acaba y la bailaora Siudy Garrido clava en seco y con fiereza su última figura, cada avalancha de aplausos arranca de raíz cualquier temor. “El éxito integral de un artista consiste en poder expresar exactamente lo que quiere y a la vez  lograr conectarse a través de esa esencia con el público. Hay gente que gana ‘aceptación’ con cosas que realmente no quiere hacer y por eso no llega a sentir esa satisfacción, así como hay artistas muy satisfechos con su propio mensaje pero que nunca llegan a esa comunión con los demás. Yo diría que más que buscar complacer a los otros, siempre hay que empezar por superarte a ti mismo y ser transparente en tus intenciones: ser fiel a lo que quieres comunicar y esforzarte en hacerlo bien”.

Sentarse a esperar nunca ha sido su objetivo. Forjada en principio por su madre –la bailaora Siudy Quintero– y pulida en España por grandes figuras del flamenco, Garrido fundó su propia compañía a los 20 años de edad, cuando sus compromisos internacionales comenzaron a consolidarse. “No fue algo que forcé, ocurrió de manera orgánica. Se dio la oportunidad de presentarnos en EE UU y cuando me di cuenta ya estaba reuniendo músicos y bailarines para montar el show”.

Con su troupe estrenó recientemente en Caracas un nuevo espectáculo, Flamenco íntimo, al que define como una propuesta contemporánea que busca recrear la intimidad de los sueños y los recuerdos a través de la danza.

Haber entrado con buen pie al circuito Off-Broadway –un entorno exigente al que muy pocas compañías extranjeras logran acceder– es uno de los triunfos que la enorgullecen. Allí su espectáculo Siudy: Between Worlds recibió una nominación a los premios Drama Desk 2010-2011 por su impactante coreografía. “Pero más que como artista, me llena mucho haber podido compartir esa oportunidad con un equipo de tantos talentos venezolanos y alzar esa bandera de las cosas buenas que podemos hacer”.

Su guión para destacar es formarse a fondo en la materia escogida y procurar aprender al máximo en un entorno que reúna los más altos estándares de ese oficio. “Quedarnos en nuestra zona cómoda y no profundizar en el estudio nunca ayuda a avanzar, porque podemos estancarnos ahí sin darnos cuenta. Tratar de estar siempre a la altura de lo más difícil obliga todos los días a sacar lo mejor de uno mismo”.

“Cuando el público te ve sudar en un escenario porque te esforzaste en dar lo mejor de ti, siempre lo agradece”

Bob Abreu, grandeliga y jugador de los Leones del Caracas

“Oye, mi pana, una fotico ahí, porfa”. El pana –Bob Abreu– sonríe, rodea con el brazo a un vigilante y posa con diligente gallardía para la que podría ser la decimoquinta foto improvisada del día. O la cuadragésima. Él mismo no sabe el promedio de cuántas le toman a diario, pero a ninguna se niega. Dice que sí con la misma disposición con la que defiende el jardín derecho, con la misma disciplina con la que renovó sus votos esta temporada con su eterno equipo, Leones del Caracas. A sus 39 años de edad, cuando el Comedulce examina la carrera profesional que inició a los 15 años, le cuesta elegir cuál es su logro favorito. Explica que cada escenario y cada momento ha sido especial, pero considera que haber llegado a las grandes ligas fue un hito trascendental.

Un Guante de Oro, un Bate de Plata y la experiencia de haber jugado para los Astros de Houston, los Phillies de Filadelfia, los Yankees de Nueva York, los Angelinos de Anaheim y los Dodgers de Los Ángeles figuran un currículum que registra 17 temporadas en las mayores, incursiones en la industria de la música y la ropa deportiva y la reciente posesión del equipo de baloncesto Panteras de Miranda. De todo ha aprendido. “Todo profesional tiene sus altos y bajos, pero creo que lo que más ayuda es ser perseverante y consistente todos los días y también saber dejar las cosas en manos de Dios. Yo siento pasión por lo que hago y busco la manera de ir progresando, de aprender de cada error. Cuando eres exitoso no te fijas mucho en cómo funciona todo, pero cuando te va mal es cuando pones más atención en tratar de mejorar lo que haces”.

Con la gloria también llega la presión de ascender cada vez más alto. En el mundo del deporte, donde los resultados apremian, todo jugador sabe que presiona la dirigencia, presionan los compañeros, presionan los patrocinantes y, sobre todo, los fanáticos. ¿Cómo se manejan las expectativas y las derrotas? “Creyendo en uno mismo y tratando de hacer lo mejor posible. Todos disfrutamos de lo bueno pero no estamos preparados para los momentos malos, y con eso también hay que saber lidiar con humildad. Hay que estar listo para todo y para eso la preparación constante es fundamental”, asegura. “Que falles una vez no quiere decir que más nunca puedas volver a levantarte. No existe ninguna persona exitosa que nunca haya cometido un error”.

“Uno nunca sabe cuándo puede presentarse el momento ideal. Si no estás preparado, no te das cuenta de que esa es tu oportunidad o no sabes cómo aprovecharla”

Alexandra Azpúrua de Leret, directora creativa de EPK

“Me gusta muchísimo mi trabajo y lo disfruto al máximo. Para mí no se termina la tarea al fastidiarse; se termina al lograr el objetivo”. Con esta filosofía, Alexandra Azpúrua de Leret encara a diario el imparable crecimiento de la marca de ropa para niños más próspera del país. Ella es quien concibe y coordina las colecciones de EPK –siglas de El Principito Kids–, una cadena que comenzó en 2001 con un par de tiendas en Caracas y que en 2013 está en 11 países. Sus coquetos modelos se diseñan entre Francia y Venezuela, con confección asiática y empuje venezolano.

Azpúrua –quien estudió Ciencias Administrativas en la Universidad Metropolitana– comenzó a interesarse por la moda infantil cuando nacieron sus hijos. Casada con un francés e instalada en París, le fascinaba la elegancia con la que los franceses vestían a sus niños y no tardó en versionar sus propias combinaciones. Por eso no sorprende que su esposo –el empresario Patrick Leret– le delegara de entrada la responsabilidad del diseño y la imagen de la marca cuando ideó el concepto de EPK en 2000. “Me propuse que se tratara de una marca de buen gusto, así fuese un concepto de buena calidad a buen precio. Siempre se ha mantenido así. Lo más difícil ha sido la velocidad del crecimiento y lograr mantener el control de los detalles, pero he aprendido mucho sobre la evolución en el gusto y las exigencias del consumidor y también sobre la importancia de darle el valor que se merece a cada persona con la que trabajo. Tengo un equipo de gente alegre y eficiente”.

Sabe que cada nueva colección es precedida por las enormes expectativas de la feligresía de EPK. “Aprendí la carrera de diseño ejerciéndola desde la primera colección hace 13 años y me siento obligada a actualizarme todos los días, a buscar nuevas ideas y tendencias. Mi objetivo es lograr sorprender con novedades en los diseños, en la imagen de la marca, en nuestros eventos. Esa presión me motiva a exigirme más”.

¿Qué es el éxito? “Es lograr la felicidad respetando la manera de ser de quienes nos rodean. Al principio hay que sacrificar tiempo y muchas de las cosas que te gustan, pero hay que ser perseverante, tener paciencia y creer en tu proyecto. Para llegar al éxito no hay atajo: hay que subir la escalera”. Aunque las circunstancias no siempre sean propicias, su consejo es no amilanarse. “Hacer algo que te encanta ayuda a lograr el éxito. Son muchos los casos de negocios exitosos en momentos de crisis. Siempre vale la pena intentarlo”.

“Mi mayor satisfacción es que nuestra marca vista a tantos niños. Es un concepto que democratiza la moda.  Me emociono cada vez que veo a un niño vestido con EPK”

César Miguel Rondón, periodista, escritor y locutor

“Carajito, traga, que vamos a llegar muy lejos”. El operador Martín Gutiérrez marcó con estas palabras a un joven locutor que –aterrado– se iniciaba ante los micrófonos. Se llamaba César Miguel Rondón y del susto había leído la página entera de un tirón. “Esa frase no se me olvidó más nunca. Por encima suena como un tecnicismo de locución, pero esa lección de aprender a respirar y tomarse las cosas con calma para que salgan bien es algo que me ha ayudado en muchos aspectos de la vida”.

Periodista, escritor de telenovelas, guiones cinematográficos y espectáculos teatrales, melómano documental y consentido de los anunciantes, Rondón confiesa que su mayor satisfacción es haberse granjeado la complicidad del público. “En este oficio se vive de la credibilidad, que es lo único que uno tiene. Yo me levanto y salgo a jugarme esa credibilidad todas las mañanas en la radio con la plena conciencia de que puedo perderla en cualquier momento si no tengo cuidado. Soy muy riguroso porque me gustan las cosas bien hechas. Si alguien me dice que deje así algo que no está bien porque ‘nadie se va a dar cuenta’, eso me incomoda: si yo lo noto, cualquiera puede. Para mí es básico ser honesto conmigo mismo. No puedo hacer algo en lo que no crea ni algo que no me inspire pasión”.

A pesar de que su programa matutino está cumpliendo 24 años, procura hacerlo con la garra del primer día. “He tenido suerte, porque con la radio uno llega con su voz desnuda hasta la gente y eso va creando una intimidad poco común. El público agradece que uno se le presente con la máxima sinceridad: cualquier otra intención se descubre en la voz y el engaño se castiga fuertemente”. Esmerarse a fondo es parte de sus secretos. “Cuando empecé a escribir Ligia Elena –mi primera telenovela–, me dijeron: ‘Pon todo lo que sabes de la vida, porque esta va a ser tu última telenovela’. No fue la última, pero fue una buena forma de asumir que siempre hay que darlo todo. Por eso escribí varias ‘últimas telenovelas’ y estoy tranquilo en ese aspecto porque siento que ya dije todo lo que tenía que decir”.

A su juicio, una persona exitosa es aquella a la que le sale bien lo que se haya propuesto hacer. “Eso varía según las pretensiones de cada quien. En mi caso no es la fama. Cuando quiero cocinar una comida especial y me queda bien, soy exitoso. Si siento que mi hija está deprimida y después de hablar un buen rato con ella la siento más contenta, soy el hombre más exitoso del mundo”. Abatirse fácilmente no cabe entre sus máximas. “Cuando las cosas no están saliendo como uno espera, hay que tener paciencia y perseverancia. El sol sale para todos, y sale siempre”.

“Aunque tenga 60 años, cada día empiezo desde cero como si tuviera 20. A mis cinco hijos los hice con mucho amor, y mis proyectos, con mucho rigor”.