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Todo en Domingo: La vida de los padres extremos

"Creo que todos los papás somos extremos, pero yo me considero un padre apasionado por partida doble: porque me encanta ser papá y porque le pongo pasión a las cosas que hago", expresó Alfredo Autiero - Foto: Efrén Hernández

"Creo que todos los papás somos extremos, pero yo me considero un padre apasionado por partida doble: porque me encanta ser papá y porque le pongo pasión a las cosas que hago", expresó Alfredo Autiero - Foto: Efrén Hernández

Dividen su tiempo entre la paternidad y la práctica de deportes no convencionales. Aquí cuentan detalles de una vida marcada por la adrenalina de lo alternativo

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Con la montaña en las venas

Alfredo Autiero tiene casi medio siglo explorando montañas. Una niñez marcada por el Ávila ayudó a definir la personalidad de quien posteriormente se convertiría en uno de los fundadores de Proyecto Cumbre: "Tuve la suerte de vivir cerca del Ávila y allí poco a poco me fui metiendo. Éramos niños, así que era por diversión, pero luego me metieron en los Scouts y la cosa se fue organizando". Ya en la universidad, y estudiando Ingeniería para emular los pasos de su padre, descubrió que el montañismo podía estudiarse. Y ocurrió la epifanía que lo llevaría a España y Francia en busca de la profesionalización. Al regresar, fundó la Federación de Montañistas, se dedicó al turismo y formó el grupo de creadores de Proyecto Cumbre, el cual le trajo grandes satisfacciones, además de la confirmación de los lazos de amistad con quienes compartió el amor y las vicisitudes que implica la montaña.

Sin embargo, ninguna cumbre lo preparó para ser padre, una faceta que dice ejercer apasionadamente: "Mi primera hija subió el pico Bolívar a los tres años. La metí en un morral especial y lo hicimos, pero eso fue algo exagerado. Con los hijos de mi segundo matrimonio no he sido tan exigente como para llevarlos a la montaña siendo tan pequeños, creo que eso es más para satisfacer el ego que por el niño". Curiosamente el hijo con el que comparte nombre ha desarrollado su misma pasión: "Me preocupa que a mi hijo le guste tanto como a mí", dice riéndose acerca de Alfredo, quien con 12 años participó en el proyecto Niños en la Cumbre, en el que 10 niños venezolanos y 5 niños inuits (esquimales groenlandeses) exploraron el Auyantepui y los fiordos congelados de Groenlandia: "Le he inculcado ser responsable con las maniobras que haga. A veces la gente quiere hacer grandes proezas y olvida su seguridad, el respeto al medioambiente".

Para Autiero, los valores que le ha enseñado el montañismo y que quisiera transmitirle a su hijo son la amistad, la tenacidad para lograr sus metas y la honestidad para plantearse objetivos realistas.

Con el fluir de las olas


Mike Prada encarna el deseo de todo padre de transmitir lo que sabe a su descendencia. Para su buena suerte, ha tenido tres oportunidades para hacerlo. Con una trayectoria de 33 años en el mundo del surf, sabe mejor que nadie cómo entrenar a sus hijos con el fin de ser unos campeones: "Comencé a los siete años, unos primos comenzaron a empujarme con una tabla de anime y luego mi papá me compró una tabla de bodyboard, hasta que al crecer, me regaló una a mi medida".

Durante un tiempo él y su esposa vivieron en Santa Catalina, en Panamá, un lugar que les permitió introducir a sus dos primeras hijas en el mundo del surf. En ese entonces Nicole tenía 9 años y Kelly 6, pero estaban dispuestas a aprender todo lo necesario. Actualmente, Nicole tiene 18 años de edad y forma parte de la selección venezolana de surf en la categoría júnior y ha participado en tres campeonatos mundiales; Kelly tiene 12 años y hace algunas semanas se coronó campeona en las categorías sub-12 y sub-14 de la primera válida del Circuito Nacional de Surfing, mientras que Mike Prada (conocido como mini-Mike) es el menor de la familia y con tan solo seis años llegó al tercer lugar en esta misma competencia, sin contar otros logros en competiciones nacionales que certifican la madera de la que están hechos.

Es tanto el interés de Prada por el desarrollo deportivo de sus hijos que al regresar a Venezuela en 2009 abrió una escuela de surf para que sus hijas participaran en una competencia regional. El estilo de vida de esta familia está ligado al surf, por ello viven en Macuto y entrenan en el mar tantas veces a la semana como las condiciones del tiempo lo permitan. Para Prada, con el surf los niños pueden aprender valores fundamentales para su desarrollo personal: "Aprendes a respetar el mar, pero también el respeto a tus compañeros, la disciplina del atleta y a compartir como una familia".

Volando alto


Tiene 27 años practicando parapente. Cuando estaba en la universidad llegaba literalmente volando y es que para Carlos Daniel Gómez volar es un acto cotidiano. Comenzó a los 16 años y en ese entonces su familia, lejos de desanimarlo, se convirtió en el principal apoyo de una carrera en la que ha cosechado varios logros, los más recientes han sido coronarse como campeón del Open Trujillo 2015, cuarto en el Mundial de Parapente celebrado en Brasil en 2014 y campeón nacional de parapente en 2013. Aunque se trata de una disciplina que exige mucha entrega y autocontrol, asegura que no lo ve como un trabajo, sino como un pasatiempo: "El día que sea algo que tenga que hacer me dejará de gustar", asegura el deportista, quien trabaja en finanzas y tiene su propia escuela de parapente, llamada Nimbus.

Aunque esta disciplina forma parte esencial de su vida, el inicio de su propia familia ha marcado el rumbo de su rutina: "Tengo una zona de vuelo cerca de mi casa y durante 20 años volé todos los días, pero en los últimos siete años paso más tiempo con mi familia".

Hace tres años nació Daniel Andrés, su primer hijo y a quien dedica ahora todo el tiempo posible. La paternidad no ha cambiado el empeño con el que afronta el parapente aunque admite que se ha vuelto un poco más conservador. Afirma que su hijo ya da muestras de interés en el vuelo y, pese a que aún no puede hacerlo, para el orgulloso padre solo es cuestión de tiempo para compartir horas de vuelo, como una nueva forma de estar tiempo juntos y de enseñarle valores esenciales del deporte como la constancia: "El parapente es un deporte muy fácil de aprender, pero el vuelo de competencia es difícil sin práctica. No existe parapentista bueno con poca experiencia, no hay otra manera de hacerlo que volando una y otra vez y eso es lo que más me ha marcado: aprender a punta de constancia".

Con el viento a favor


Alessandro Ferrari tuvo la suerte de practicar varias disciplinas deportivas: tenis, judo, kempo, surf y bodyboard. No obstante, hace catorce años vio a un amigo practicando kitesurf y supo que tenía que hacerlo también. En 2004, al terminar sus estudios universitarios, se fue a playa El Yaque, Margarita, y durante dos años vivió en la isla por temporadas. Finalmente, decidió quedarse y sus estudios en administración de empresas turísticas le ayudaron no solo a establecerse con una escuela de kitesurf, sino a tener un estilo de vida que le permitió estar en contacto con la naturaleza: "No estábamos encerrados en una oficina, sino en el agua divirtiéndonos. Conoces gente de todas partes del mundo, de diferentes culturas y eso es un aprendizaje mucho mayor que el que recibes en una escuela", cuenta el deportista de 32 años, que explica qué es lo que encontró en esta disciplina que no halló en las demás: "El kite son varios deportes en uno. Es surf con un poquito de parapente y como puedes hacer saltos bastante elevados, la sensación de poder volar es increíble. Además, es un deporte que se practica al aire libre".

Hace dos meses Ferrari se convirtió en el padre de Kaila, una niña a quien quiere transmitirle el respeto por la naturaleza y el aprecio por las diferentes culturas, valores que, explica, posee el kitesurf. Sin embargo, dice que no va a presionarla para que practique una disciplina deportiva, pues debe ser ella misma la que encuentre aquello que la motive: "Cuando eres instructor te das cuenta de que cada quien tiene su ritmo y manera de aprender. Les he enseñado a otros padres que no empujen a los niños a practicar deporte. Tienen que mostrárselo y luego apoyarlos si lo quieren hacer. Los niños tienen que hacerlo porque les gusta, no es algo mecánico. Tiene que salir de ellos ser el número uno en lo que quieran".