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Doctor Yaso: 10 Años de alegría medicinal

Franklin Romero, Lilver Tovar y Jorge Parra de Doctor Yaso | Foto: Mauricio Villahermosa

Franklin Romero, Lilver Tovar y Jorge Parra de Doctor Yaso | Foto: Mauricio Villahermosa

La asociación civil Doctor Yaso, Payasos de Hospital, llega a su décimo aniversario. Con la sensibilización del ambiente hospitalario y la misión de relajar y entretener como consignas, aquí sus fundadores cuentan cómo se creó la primera franquicia social del país y por qué consideran que lo que reciben supera lo que dan

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"¿Quieres venir conmigo para que me ayudes a bajar unos colchones?". Los damnificados de la vaguada de 2005 en el estado Vargas llegaban a La Rinconada sin pausas. Jorge Parra —también conocido como el payaso Domingo Mondongo, creador de Improvisto y Akeké Circo-Teatro— no estaba en condiciones de mover colchones por una lesión, pero la llamada de su amigo no cayó en saco roto. "Recogí mis cosas para hacer malabares, mi pareja y yo nos fuimos con él y a las 3:00 de la mañana hicimos una función para los niños en el Poliedro de Caracas. Era un momento muy difícil porque los adultos estaban angustiados y ocupados buscando colchonetas, comida, insumos básicos. Agradecieron que hubiese alguien que se ocupara de distraer a sus hijos de ese ambiente".

Parra y su hoy esposa, la actriz Lilver Tovar, repitieron la experiencia en el Cuartel San Carlos y en otros lugares hasta que tiempo después, en una convención circense en Colombia, se empaparon de lo que significaba ser un payaso de hospital y decidieron irse a España a formarse.

Otro amigo, Franklin Romero, se unió luego a la idea. "Jugábamos con los niños para sacarles una sonrisa, para que se olvidaran un rato de dónde estaban. Al principio hacíamos dos o tres visitas al mes en hospitales y no queríamos crecer mucho. Éramos medio hippies, pensábamos que no necesitábamos mayor financiamiento y lo pagábamos todo de nuestro bolsillo", recuerdan. El gesto de una mamá agradecida luego de una visita les hizo notar que era hora de crecer. "Nos escribió en un papelito: en el mayor momento de dolor de nuestra familia, ustedes nos brindaron un momento de alegría. Gracias".

En 2005 se constituyeron como Dr. Yaso, una asociación civil sin fines de lucro que brinda atención a niños, niñas y adolescentes mediante actividades lúdicas, basadas en la técnica del clown (payaso) y desarrolladas en función de los deseos y necesidades del paciente, la familia y el personal de salud. La inscribieron en el Concurso Ideas 2006 y allí aprendieron herramientas gerenciales para consolidar su proyecto, que resultó ganador en la categoría de emprendimiento social.

Por suerte, Dr. Yaso poseía el atractivo necesario para cautivar voluntades y comenzó a formar alianzas para evolucionar. Diez años después, el esfuerzo de la primera franquicia social de Venezuela se traduce en más de 2.000 voluntarios repartidos en 24 ciudades de Venezuela y dos capítulos internacionales en República Dominicana y Panamá, que se traducen en cientos de visitas al mes en centros de salud, ancianatos, cárceles y otros lugares donde pueda requerirse su presencia y que hasta la fecha han beneficiado a casi un millón de personas. También ofrecen talleres en pro de la humanización hospitalaria. "En República Dominicana, el personal completo de un hospital hizo el curso para ser 'yaso', desde la recepcionista hasta el director. Fue una experiencia maravillosa", apunta Tovar. "Aun cuando uno cree que no puede hacer nada para ayudar más a alguien que está enfermo o se siente vulnerable, la actitud con la que la tratas puede contribuir a que se sienta mejor. Un paciente que se siente mejor anímicamente tiende a recuperarse más rápido".

Risas en acción. Los yasos, siempre en duplas, están entrenados para evaluar el ambiente de cada habitación y ponderar si son bienvenidos. "Respetamos los deseos y las necesidades de esa persona, tenga la edad que tenga. Aunque un payaso busca concentrar atención, nos deshacemos de ese ego para interactuar de igual a igual y que el foco se dirija a las necesidades del niño, no a las propias", dice Parra. Así, cantan, soplan burbujas, bailan, colorean y convierten camas de hospital en naves espaciales o sueros intravenosos en líquidos mágicos. No obligan a nadie a participar, ni pretenden generar euforia. "Ni siquiera es necesario que la gente se ría, sino que pueda conectarse con nosotros en la medida de sus posibilidades. Aun si estamos en un área de adultos y hay alguien a quien le parezca insólito lo que estamos haciendo, por lo menos fuimos unos bichos raros que lo distrajeron por un rato y dejaron ese lugar con otra energía", explica Ramírez.

La clave, aseguran, es poner los cinco sentidos al servicio del otro y averiguar qué necesita en ese momento. "Si un niño está dormido y solo está su mamá en el cuarto, conversamos con ella. Hay familiares que únicamente necesitan desahogarse y que les den un abrazo, y ya con eso se sienten en mejor condición para atender a sus hijos. Hay abuelitos en ancianatos que solo necesitan contarte su vida porque nadie los visita", agrega Tovar.

Para no abrumarse con todas las emociones que pudieran haber experimentado, al final de cada visita los yasos se cambian de ropa, se reúnen en privado antes de salir de ese lugar y comparten con el grupo sus vivencias y sensaciones.

Como asociación, aún sueñan con tener una casa como sede propia. "Aunque en algún momento puede ser duro, es muchísimo más todo lo bueno que recibimos que lo que damos. La alegría de un niño o la de una mamá que te agradece que su hijo reaccione o sonría es algo que no tiene precio. Es nuestro aporte para humanizar, para multiplicar la paz", señala Parra. "Lo que buscamos en nuestros voluntarios es que saquen lo mejor y más empático de sí mismos en ese rato en el que están jugando", apunta Tovar, y agrega: "También que descubran que esa mejor versión nuestra es algo que podemos ser siempre, en todas partes y con todo el mundo".

Chicos de calendario

Los almanaques de Doctor Yaso son uno de sus mecanismos para recaudar fondos y cada año dan de qué hablar, pues reclutan a personalidades de distintos ámbitos para vivir la experiencia de ser payaso de hospital por un día. Ismael Cala, Gustavo Dudamel, Bob Abreu y Stefanía Fernández se cuentan entre quienes han repartido sonrisas. "Algunos llegan un poco nerviosos porque no saben con qué se van a encontrar, pero les damos una inducción rápida y siempre los acompaña uno de nuestros voluntarios. En un rato ya están jugando sin problemas", explica Lilver Tovar, directora de Dr. Yaso. "No les decimos a los chamos si esa persona es famosa, aunque a veces los más grandes los reconocen. Cuando hicimos la visita con Edgar Ramírez, una niña lloraba y se reía de la emoción porque no lo podía creer".

Para algunos también se convierte en una suerte de terapia personal. "Carlos Fraga enfrentó su propio temor a los payasos para convertirse en uno y se divirtió mucho. Desde nuestros inicios, todos los presidentes de la Sociedad Venezolana de Puericultura y Pediatría han sido yasos por un día y han disfrutado relacionarse con los niños de tú a tú", comenta Tovar. "Por suerte todos los participantes han sido personas con una gran calidad humana que se permiten volver a ser niños y jugar".

¿Cómo participar?

Cualquier persona mayor de edad, que tenga disposición de brindar alegría a otros, puede sumarse. No obstante, para ser yaso es indispensable hacer el taller de entrenamiento de la asociación. Hay que entrar al sitio www.doctoryaso.com, buscar la ciudad de domicilio, seguir el protocolo indicado y enviar una exposición de motivos por correo electrónico. Este año tienen previstas varias actividades por sus 10 años. Más información en sus redes sociales, por @DoctorYaso.