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Divas de la risa

Nelly Pujols / Foto:Carolina Muñoz

Nelly Pujols / Foto:Carolina Muñoz

No hay ceño fruncido que se les resista. Allí donde el estrés y la rutina ponen la nota gris, ellas se las arreglan para robarse una carcajada a punta de veteranía, agudeza e ingenio. Tres de las actrices cómicas más queridas de Venezuela comparten sus experiencias en el complejo oficio de hacer reír y relatan cómo el humor sigue moldeando sus vidas

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Nelly, la solterona encantadora

Se quita los tacones, se arregla el vestido y se explaya burlona sobre el piano. “Igualita a Diosa Canales”, le grita Betty Hass. Nelly Pujols le hace un guiño a la cámara y se retuerce desastrosamente el cabello rubio. Hacer reír, asegura, es siempre un reto. “Cuando te presentas en vivo, mucha gente te ve con cara de ‘dale, pues. A que no me río’. Los primeros minutos de un estreno son horribles. Hasta que no escuchas la primera risa, estás muerta”.

Su título como psicopedagoga de la Universidad de Long Island (NY) le quedó de adorno. Para tomarse un año sabático, Pujols empezó a estudiar Artes Escénicas en Caracas y acompañó a una amiga a un casting de un programa humorístico en el canal 8. Cinco meses después, la que salía en pantalla era ella. Cuando comenzó a ganar el triple como humorista que como psicopedagoga, no lo pensó.

“De ahí entré a RCTV, a un programa infantil que se llamaba Takatita, luego estuve en A millón, muchachos y después llegué 
a Radio Rochela. Cómo gozamos”. Tras pasar por El Show de Joselo en Venevisión, llegó uno de sus personajes favoritos. El de la solterona Flora, que con la pizpireta Hortensia recibía visitas de celebridades. “Irma (Palmieri) y yo éramos malvadas. Ensayábamos con los invitados el libreto y cuando empezábamos a grabar no hacíamos nada de lo que decía ahí, sino que lo improvisábamos casi todo. Por eso se paralizaban y se morían de risa”, recuerda. “Muchos me dicen que tienen unas tías o unas amigas que son como Flora y Hortensia, y nos piden que regresemos, pero Irma no ha querido volver a la televisión y yo se lo respeto. Para mí no tendría sentido retomarlo si no es con ella”.

Ahora, como invitada en A que te ríes, Pujols asegura que traer buenos recuerdos le abre muchas puertas. Algunas, no todas. “Una vez en Maturín me quedé encerrada en un ascensor entre dos pisos.  Cuando se dieron cuenta de que era yo, decían: ‘¡perro, mira! ¡Epa, Nelly, qué hubo, ja, ja, ja! ¡Fulano, ven pa’ que veas quién se quedó en el ascensor!’ En vez de ayudarme a salir, lo que hacían era reírse y llamar a otros pa’ que se asomaran. ¡Coño, sáquenme!”, se queja divertida. “Cuando por fin llegaron los bomberos, el mismo show. Estas vainas no le pasan a Meryl Streep”.


Tania, la graciosita

Cada vez que la pequeña Tania y su hermana mayor corrían hacia la puerta para recibir a las visitas, pasaba lo mismo. “Mi hermana, que era muy bonita, era la que abría y la gente se quedaba maravillada. ‘Aura, ¿ésta es tu hija? ¡Qué bella!’ Mi mamá les daba las gracias y les respondía: ‘Mira, ésta es Tania, la menor’. Y la gente decía: ‘Ay, qué graciosita’… Yo sabía que no estaba en la lista de las bonitas y lo asumí”.

Graciosita. La palabra le resonaba. “El detalle es que como mi hermana era muy tímida, entonces yo aprovechaba y hablaba como un perico. Recitaba, inventaba chistes, decía disparates. Me fascinaba que me aplaudieran y que la gente se riera”. De adulta, Tania Sarabia empezó a interpretar pequeños roles en obras del Ateneo de Caracas. “Pero a mi papá no le gustaba eso y me fui a México a estudiar restauración de obras de arte por tres años, becada por la Unesco. Un aburrimiento”. Su carrera actoral despegó cuando José Ignacio Cabrujas le escribió el rol de Purificación Chocano en la obra Acto cultural.

De ahí comenzó una extensa lista de personajes humorísticos o tragicómicos en teatro y televisión. “La gente se acuerda mucho de Mamasanta, la ciega panadera de Cosita rica”, apunta. ¿Qué se necesita para ser un buen humorista? “No tengo idea. No hay recetas ni decálogos. Es más bien una intuición innata para darle ritmo y gracia a un gesto o una frase”, asegura. “La gente también agradece que uno tenga una actitud positiva. Si le digo a alguien en chiste que no se amargue por algo, me dicen: ‘si tú que has pasado por tantas cosas dices que esto no importa, entonces yo tampoco me preocupo”.

Tras superar un cáncer de mama, Sarabia escribió el monólogo Esa costilla de Adán estaba piche para colaborar con SenosAyuda. En él recalca la importancia de la prevención. “Lo hago con mucho amor y felicidad, porque mezclar el cáncer con la comicidad es extraño, pero es una manera distinta de dar información sobre un tema tan duro. Cuando la gente se ríe, se vuelve más permeable porque se relaja y así el mensaje le llega mejor. Ése es mi apostolado”.


Betty, la cuaima del llano

Ni los estudios de medicina y fisioterapia en LUZ pudieron desviarla de su destino de risas. Cantante desde los cinco años en el canal 5 y comediante por casualidad desde los 16, Betty Hass relata que sus primeros roles cómicos se los daban en telenovelas. “Hice gallegas, campesinas, de todo”, recuerda.  Pero fue su paso por Radio Rochela durante casi 20 años lo que la convirtió cada semana en una más de la familia. “Algunos días tuvimos más rating que la llegada del hombre a la Luna y a cualquier cosa que pasaba en el país le dábamos la vuelta. Debe ser por eso que la gente nos extraña todavía. Es muy loco ver cómo se acuerdan de la imitación de Blanca Ibáñez y la de María Conchita Alonso –que se reía mucho cuando yo la hacía en Radio Rochela– y también de Barbarita, la esposa cuaima del Terror del Llano en Cheverísimo”.

¿Para qué le ha servido cultivar el humor? “Para tener más templanza. Así nunca peleas realmente, porque si desarmas al otro con una ocurrencia, se acaba la discusión. Una de las razones que dio mi ex cuando nos separamos fue que yo era una gran ladilla porque conmigo no se podía pelear bien”, se ríe. “Creo que ser humorista es un don del cielo, con esto se nace. Es una chispa especial que Dios te da, así como le da otra al que toca piano o hace muebles. Si voy a una notaría o un banco y hago reír al que me atiende, casi siempre esa persona agradece que la saque de su aburrimiento y espontáneamente agiliza las cosas”, confiesa.

Actualmente Hass da clases de actuación y oratoria en la academia Lucchi’s, improvisa a diario con Fullchola en Fiesta 106.5 FM y actúa en la obra Suegras en Teatro Bar, con Nelly Pujols, Martha Track y Gabriela Rodríguez. “Si un día no estoy de buen humor, me hago la idea de que mis problemas se quedan en mi casa porque mi trabajo es alegrar a los demás. Es otra manera de hacer terapia con la gente. Además, cuando te dedicas a esto te pasan cosas insólitas a cada rato. A veces estoy esperando el tren en el Metro y alguien de repente me grita desde el otro andén: ‘¡Baldomerooooo!’ Claro que me da risa”.