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Crecer en valores

Crecer en valores / Alejandro Ovalles

Crecer en valores / Alejandro Ovalles

Una mejor sociedad se construye con personas íntegras. Transmitir y fomentar en niños y adolescentes principios que les permitan convertirse en ciudadanos comprometidos con el cumplimiento de sus deberes y la defensa de sus derechos es tarea de los padres. Acá algunas claves de los especialistas para hacerlo de manera efectiva

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¿Decirle al vendedor que se equivocó con el vuelto o quedarnos callados y marcharnos con el dinero en el bolsillo? ¿Devolver eso que nos prestaron u olvidarnos a propósito? ¿Ceder el paso, decir por favor y gracias, o manejarnos como si los demás fuesen invisibles? ¿Colearnos o esperar nuestro turno?  ¿Reírse de alguien que se cayó en la acera y seguir de largo o detenernos y echarle una mano, así sea entre risas? Todos los días nos vemos obligados a tomar decisiones sobre cómo comportarnos. Unas son más sencillas que otras –hay quienes han estado dispuestos a morir por valores como la libertad– pero todas son necesarias, no sólo para una mejor convivencia, sino para construir entre todos un mundo más justo.

“Los valores son la brújula que orienta la conducta humana”, señala Ana Matilde Catalá. Esta educadora no tiene duda de que fomentar los valores es preparar para la vida y la convivencia pacífica. “Son un conjunto de herramientas que desde el proceso de socialización temprana debemos ir ofreciendo a nuestros niños y jóvenes para contribuir a moldear su personalidad, a humanizarlos, a hacerlos mejores personas”, asegura.

Catalá piensa que a la luz de una escala de valores bien cimentada en la niñez y adolescencia es como podrán de adultos resolver con criterio claro cómo actuar y hacia dónde dirigir su vida, a pesar de las presiones y situaciones de conflictividad del entorno. Se puede decir más alto, pero no más claro.

“Los padres deseamos tener hijos seguros y felices”, señala Ángela Ruiz, especialista en asesoramiento y desarrollo humano, según lo que escucha con frecuencia en su consulta. Por eso tiene claro cómo lograrlo. “Considero que la única vía es una educación en valores a través de una actitud segura, firme y con intensas dosis de amor –en sustitución de la trillada frase  de que lo que importa es la calidad y no la cantidad–  por parte de los padres. Esto hará la diferencia entre lo que son ahora y lo que pueden llegar a ser, les dará raíces para crecer y alas para volar”.

Para Ruiz esta forma de crianza se traducirá luego en individuos felices, con una postura proactiva ante la vida, conscientes de su dignidad, valor personal y viviendo permanentemente experiencias enriquecedoras con coherencia y congruencia en su propia naturaleza y dentro de la sociedad.

Haz lo que hago, no lo que digo

“Los niños hacen lo que ven que nosotros hacemos, no lo que les decimos que deben hacer. La mayoría de las personas desconoce la fuerza que tiene el ejemplo en el proceso de enseñanza-aprendizaje”, destaca María Enriqueta Aquique, educadora y miembro de la Sociedad Venezolana de Psicología Positiva, quien asegura que aunque no es la única forma de afianzar los principios, es sin duda la más importante. “Podemos enseñar valores también a través de historias, de cuentos e incluso de nuestras prácticas religiosas, hablándoles con sinceridad de las consecuencias buenas y malas que traen nuestras acciones. Lo importante es hacerlo de manera constante”, aconseja. 

La hora de la cena, el desayuno del domingo, los minutos antes de dormir, la hora del baño, el traslado al colegio, el paseo en familia, todo tiempo y espacio compartido entre padres e hijos es, según los expertos, propicio para la transmisión de valores. “Cada quien debe asumir su responsabilidad desde su rol, pues cada día se está trasladando el cumplimiento de las funciones educativas maternales y paternales a las instituciones y debemos tener presente que la escuela enseña, informa, socializa, instrumenta, pero no educa. Esta es una tarea intransferible que compete única y exclusivamente a los padres”, recalca Ruiz sin negar el importante papel que cumplen los maestros y demás adultos responsables en reforzar los valores impartidos en el hogar. 

“En un entorno tóxico y confuso en el que se observan inconsistencias entre lo que se predica y lo que se practica, el relativismo es la excusa para validar todo tipo de conductas y la cultura de violencia quiere imperar”, insiste Catalá, quien opina que la educación en valores se convierte en la única vacuna para contrarrestar los antivalores reinantes que pretenden perpetuar la injusticia, la corrupción, la mentira y el conformismo. “Hay que sustituirlos por valores como la justicia, la honestidad, la verdad  y el trabajo, que elevan la dignidad humana, perfeccionan al hombre y fomentan la paz”, agrega.

Ruiz señala que para cumplir con esta tarea tan importante los padres deben contar también con suficiente madurez y claridad. “Las generaciones están cambiando y esto nos obliga a salir de posturas pasivas, pues mientras no creamos que somos parte de la solución, no veremos cambios en nuestra sociedad. Enseñando valores con el ejemplo y de manera coherente  –lo que pienso lo digo y lo hago–  los padres estarán contribuyendo a crear hábitos en los hijos que trascienden a todas las actividades familiares, escolares, familiares y políticas que impactan a la sociedad”.

Catalá hace referencia a la conocida frase “no te preocupes por el mundo que le vas a dejar a tus hijos, ocúpate de los hijos que le vas a dejar al mundo”, como una invitación a los padres, educadores y responsables a ocuparse hoy de los ciudadanos del mundo de mañana. “Para que se conviertan, como dice Beatriz Ruiz de Viso,  educadora venezolana que ha hecho hermosos aportes a la educación en valores, en Constructores del bien”.  A ocuparse entonces.  

¿Cómo lograrlo?

Ángela Ruiz, especialista en asesoramiento y desarrollo humano, ofrece algunas claves a los padres en la tarea de la transmisión de valores:

1) Dar el ejemplo y prestar atención a las palabras que se usan. Hay palabras peligrosas que se emplean para herir, para humillar, para alimentar la desconfianza e incluso el odio.

2) Saber que con indignarse no alcanza: es preciso hacer algo para frenar las tendencias negativas.

3) No permitir que los maltratos, las humillaciones y la indiferencia se transformen en algo banal y natural.

4) Resaltar que la tolerancia es una virtud siempre y cuando no signifique pasividad frente a lo insoportable.

¿Qué valores inculcar?

"Durante los primeros años de vida, cuando los niños aún están en el estadio de desarrollo moral preconvencional en el que, según Lawrence Kolhberg, no distinguen claramente la diferencia entre el bien y el mal, es pertinente inculcar valores a través de las interacciones cotidianas: la obediencia a las figuras parentales; el respeto a las normas y límites de comportamiento; la responsabilidad a través de pequeñas tareas; la sinceridad e importancia de decir siempre la verdad; la generosidad en los esfuerzos por compartir lo que se tiene; educando al mismo tiempo la templanza y solidaridad en una época en donde predomina la conducta egocéntrica, y la perseverancia mediante la motivación y voluntad de terminar lo que se emprende".  Ana Matilde Catalá, licenciada en Educación y profesora de la Universidad Metropolitana.

"Quienes nos movemos en ambientes familiares y educativos vemos con gran preocupación un gran número de familias que carecen de valores como templanza, cuya enseñanza y práctica habitual genera fortalezas como autocontrol, modestia y humildad, perdón y misericordia; coraje; que orienta hacia la adquisición de fortalezas como la perseverancia, valentía, honestidad; humanidad y amor, de la cual se despliega la inteligencia social y emocional como fortalezas necesarias para las relaciones armoniosas en nuestra sociedad; y el valor por el conocimiento, pues a partir de este se desarrollan, entre otras fortalezas como la creatividad y la perspectiva, que son de gran utilidad en situaciones que se tornan desafiantes". Ángela Ruiz, especialista en asesoramiento y desarrollo humano.