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Maritza Bustamante regresa a Venezuela como uno de los rostros estelares de Venevisión en 2013, con la innovadora telenovela de acción Los secretos de Lucía

Maritza Bustamante regresa a Venezuela como uno de los rostros estelares de Venevisión en 2013, con la innovadora telenovela de acción Los secretos de Lucía

Como la película Dirty Dancing, pero de salsa y bachata. Así traza su vida la pelirroja Maritza Bustamante, que regresa a Venezuela como uno de los rostros estelares de Venevisión en 2013 con la innovadora telenovela de acción Los secretos de Lucía, de uno de los escritores de El cartel de los sapos. La hermana menor de Nelson Bustamante y novia del músico Max Pizzolante revela su sueño de montar su propia academia

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Un episodio del programa de cámara escondida Qué locura de principios de la década pasada, en el que era inexplicablemente rechazada en un casting de trajes de baño, confirmó que poseía uno de los cuerpos más armoniosos de Venezuela. Entonces la hermana menor de Nelson Bustamante era una Strawberry Shortcake después de la pubertad. Hoy, alisada su mata natural de rulos, indómitos como los de la aguerrida Mérida de la película animada Valiente, emite una belleza más esbelta y serena, que hace recordar a una joven Julia Roberts: “¡Si eso fuera todo!”, estalla en una de sus clásicas carcajadas chispeantes y suspira con la comparación.

A Maritza Bustamante nunca le ha interesado ser tan popular o deseada como una Norkys Batista. Le apasiona la actuación, pero pone fecha de vencimiento: “No me veo como la abuelita de la telenovela. Voy a hacer televisión por un tiempo y después drenaré mi otra pasión, el baile, quizás llevando al mismo tiempo una familia, sin tener que estar 12 ó 16 horas diarias dentro de un estudio de grabación. ¿Quién quita? Quizás monte mi academia”, visualiza la pecosa ganadora de uno de las ediciones de Bailando con los gorditos del maratónico Súper Sábado Sensacional.       

La sala puertorriqueña o “en línea” y la sensualidad de la bachata puntean entre sus ritmos predilectos y su personaje actual, Bonny Cabello, es como la letra de una canción del grupo Aventura: “No, no es amor, lo que tú sientes se llama obsesión”. Portocruzana residenciada en “Doralzuela” (Miami) desde hace 9 años, Maritza es la contrafigura de Los secretos de Lucía, una telenovela de talento internacional sin fecha confirmada de estreno que Venevisión graba en Caracas con cámaras de alta definición y un argumento de acción: la productora Cristina Palacio y el escritor Jörg Hiller, colombianos, están vinculados a la serie El cartel de los sapos, reina de los DVD quemaítos por estas calles de la capital venezolana.

“Bonny es sufrida. Está enamorada locamente de Miguel Gaitán, que es Juan Pablo Raba, y es capaz de hacer cualquier cosa con tal de no perderlo. Está medio loquita: para entenderla, tengo que manejarla así. No es una historia típica. ¡Para nada! Por eso cada capítulo es tan complicado de realizar”, cuenta al borde de la piscina masajeadora de la residencia con vista a El Ávila que se le asignó en el municipio Chacao. Una de las cláusulas de su contrato con Venevisión exigía que se le permitiera traer a sus dos perritos mayameros, Chuchy y Keko: “¿Dejarlos en Miami, a mis compañeritos? ¡Son mis hijos!”, ruge esta torta de zanahoria humana.

Adicta al trabajo. “No tengo ningún control de mi tiempo”, confesaba, dramático, uno de los mensajes de texto intercambiados durante la difícil negociación de desgajar 40 minutos de Maritza en pleno diciembre, justo antes de una vacaciones de dos semanas junto a su novio, el cantautor Max Pizzolante, que significarían la primera ocasión en la que la pelirroja natural se separaría por tanto tiempo de Chuchy y Keko. “Los secretos de Lucía es una telenovela de madrugadas. A veces nos ha salido el sol. Me he encontrado a las dos de la mañana grabando y recurriendo al café, que es algo que no tomo. Como actriz, a veces me siento como una doctora. Suena el teléfono y es: vente, hay una emergencia. No puedes planificar nada. Tus días son los domingos, y en Miami me ha pasado que por contrato, me pautan también algún domingo. He grabado un 31 de diciembre hasta las ocho de la noche. ¿Por qué lo hago? Me apasiona muchísimo. Lo necesito. Necesito mi ‘cinco y acción’. Mi libreto. Creerme esas situaciones y hacer que la gente las disfrute. Sí, es cuestión de pasión”.

“¿Mejor de protagonista o de mala? Te voy a responder como lo harían las actrices: bueno, todos los personajes te dejan algo rico”, pone una falsa voz solemne. “Pero como Maritza, te diré que las villanas te regalan experiencias que en tu vida vas a experimentar: gritar, llorar de rabia, hacer maldades, hasta matar a alguien. Yo, Maritza, no soy gritona ni jamás tengo ganas de batuquear algo. No está en mi temperamento. La primera vez que sentí, actuando, toda esa ira adentro, fue un descubrimiento. Pero en mi esencia, la verdad, disfruto más ser la buena: en la calle te agarran rabia cuando eres mala. Me gusta sentir la historia bonita. La gente se te acerca con otra vibra, te defienden, no sientes temor de que nadie se te acerque. ¡Es como si hasta escucharas una musiquita romántica cuando grabas esas escenas!”

Disfrutar la soledad. “Me fui de Venezuela por Ángel rebelde en 2003 y mi primer año en Miami me costó bastante. Primera vez que estaba lejos de mi familia, solita. Sentía que me quería regresar. Pero terminé de grabar un miércoles y ya el viernes me estaba midiendo ropa para mi próximo personaje (Kika en El amor no tiene precio). Nunca he parado. A la tercera telenovela compré mi casa y decidí: de aquí soy. ¡Ya! Y me compré mis dos perritos. Regreso y me doy una probadita de lo cálidos y espontáneos que somos los venezolanos, lo rico de uno que siempre hace falta. Uno creció aquí. Y siempre se extraña. Pero Miami me permitió aprender a estar sola. No tener necesidad de llenar espacios por llenarlos con cualquier persona”.

Pero así como valora la soledad, disfruta la compañía. “Con mi novio entiendo cuando los dos necesitamos un espacio. Él se mete en su estudio a hacer música, yo actúo. Pero si me pones a elegir 3.000 cosas por hacer, elijo ver el techo con mi novio. Los polos opuestos se atraen, sí, pero es difícil que se mantengan juntos. Creo más en que debes buscar una persona con la que puedas compartir, en mi caso, la misma música y las cosas simples: un atardecer, una luna bonita, sin necesidad de ir al restaurante más caro. Tengo una relación estable: somos amigos, hay comunicación. Sabemos que podemos llegar a hacer mil cosas juntos”.

Maritza estuvo a punto de grabar una serie playera en inglés en Miami, que al final no coincidió con sus tiempos de telenovelas: “No sueño con Hollywood, no tengo esa inquietud”. Pero quítenle el baile: “Duro semana y media sin hacerlo y siento que algo me falta y es de adentro. Más que por mantenerme físicamente para mi trabajo, es algo que me pide mi espíritu. Me hace falta sacudirme: sea en una clase de baile, en el gimnasio o subiendo a El Ávila”. En 2007, se corrió en la comunidad científica el rumor de que el gen recesivo de los pelirrojos, portado por menos de 2% de la humanidad, podría extinguirse en un futuro lejano. Cada aparición en la pantalla de la princesa Mérida venezolana, cada uno de sus pasitos de salsa, será un bien fugaz y precioso.

Nelson Bustamante. “Mi hermano fue uno de los mayores impulsos que tuve para tomar la decisión de regresar a trabajar en Venezuela: él también está viniendo por temporadas para grabar el concurso Un minuto para ganar en Televen y se devuelve a Miami. Conversé con él sobre Los secretos de Lucía y ya no hubo marcha atrás: ‘¡Vente! ¡Vente! ¡Vente, hermana, que esto te va a cargar las baterías!’ Es una de las personas que más admiro y a las que más escucho. Es bellísimo lo que le pasó en los Emmy con su documental Por estos pasillos de RCTV. ¡Se ve tan bello y tan cómico en las fotos que me manda con sus dos premios! Nelson me impulsa. Todo lo que se propone, así tengan que pasar varios años, al final se le está dando”. 

Para convencer a alguien de que baile salsa. “Lo importante es tener la hormiguita, la curiosidad. Y quitarte la pena: sentir que nadie te está viendo. Dejarte llevar por la música. En la salsa, no puedes hacer cualquier cosa: tiene una cuenta específica y un tiempo. Necesitas una persona que te dé confianza y te guía, alguien con quien tengas química de baile, que no es igual a la química amorosa. Luego es fácil y es rico: sudas y se distrae tu mente”.

Lo más complicado. “El paso básico de la samba. Tienes que desglosarlo: el pie para acá, el brinco acá, el peso del cuerpo allá. Es meticulosito. Pasé una semana hasta que me salió”

Una película de baile. Dirty Dancing fue la primera película que vi en mi vida y sigue siendo mi favorita. Porque es sobre el amor que se desarrolla en el baile. La tengo en DVD, en Blu-Ray, el cómo se hizo, ¡ja, ja!”

EN CORTO

Un lema: “El momento de ser feliz es ahora”.

Una lectura reciente: Si lo sueñas, haz que pase, de Maickel Melamed.

Una play: “Las de Margarita. Parguito o El Yaque, la favorita de Nelson”.

Lo primero que come al regresar a Venezuela: “Una buena arepa. Sencillita, sin mantequilla, con algún queso rico: guayanés, telita. Porque más que en Miami existan 3.000 areperas que se llamen Venezuela, nunca es igual. No sé por qué”.  

Una chucherí: “Crecí en una casa en la que no había pan, refrescos, frituras ni dulces. Pero ahora de adulta, empecé a comer de todo. Puedo comerme cuatro galletas Susy en una sentada”.

Sus maestros: "Te lanzan pa’ la calle y vas aprendiendo. Así ha sido mi experiencia. Mi primera mamá en la televisión fue Carolina Perpetuo y mi papá Yanis Chimaras. Me quedaba viendo sus escenas que implicaban emociones difíciles”

Un tuit del que se haya arrepentido: “Ninguno. Lo que sí he hecho es retuitear cosas que no son. Por ejemplo, quise retuitear algo de una gira de mi novio y por error puse algo sobre el precio de la gasolina”.