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Cine con voz venezolana

Claudia Pinto | Foto cortesía: Gabo Guerra

Claudia Pinto | Foto cortesía: Gabo Guerra

Claudia Pinto se ha sumado a la oleada de nuevos directores locales cuyo trabajo se luce en festivales internacionales y obtiene el visto bueno de la crítica y las audiencias. La distancia más larga, su ópera prima, obtuvo el premio a la Mejor Película Latinoamericana en el Festival de Clase A de Montreal, y en el de Huelva recibió el galardón del público. Aquí comparte su experiencia

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F ilmar 70% de una película en la Gran Sabana, tierra lejana e intervenida en lo mínimo por el hombre, es una osadía digna de alguien que haya trabajado alguna vez con la viajera y comunicadora Valentina Quintero. Precisamente, una de las primeras experiencias laborales de la cineasta de 36 años de edad, Claudia Pinto, fue producir el programa de viajes Bitácora, en el que Quin- tero visitaba hasta el puesto más escondido de empanadas de alguna playa venezolana.

"Estuve tres años con ella. Me daba los datos de los sitios buenos y me iba sola con mi camarita.

Llegaba de incógnito y armaba la logística del viaje. Fue un proyecto precioso del que me quedó el gusto por la geografía que tenemos", dice Pinto al otro lado del teléfono desde Valencia, España, la ciudad donde reside desde hace once años.

No tenía idea en aquel entonces de que las visitas frecuentes a la sabana le vendrían de mucha utilidad al rodar La distancia más lar- ga, su primera película, que se estrenará en Venezuela en abril.

Curtise de cine
La visión fílmica de Pinto brillaba desde sus tiempos como estudiante de Comunicación Social en la Universidad Católica Andrés Bello. El primer cortometraje que hizo fue para una asignatura y terminó obteniendo financiamiento del Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC) y el galardón al Mejor Cortometraje en el Festival Latino de Los Ángeles.

El estímulo del premio y haber asistido a varios rodajes gracias a su profesor y ahora amigo, el director de El rumor de las piedras, Alejandro Bellame, hicieron que se postulara a una beca del programa Ibermedia para especializarse en la escritura de guiones en España.

"Me parecía que el guión, que es el eje de una película, era uno de los grandes problemas que tenía nuestro cine", comenta.

Los primeros años de su estancia en Valencia se concentraron en estudiar, aunque de a poco se involucró con la industria. "No me molestaba tener un papel menor dentro del filme, porque así podía cumplir con el trabajo y dedicarme a observar la labor del director", señala.

Esos ratos de contemplación no duraron mucho, pues pronto comenzó a dirigir series para televisión, como La alquería blanca, una de las más exitosas de la televisión valenciana. Una experiencia que, dice, la preparó para afrontar el reto de una película. "Ha sido un fantástico gimnasio porque te permite trabajar con actores, equipo técnico y puesta en escena todos los días", afirma. La dinámica de la industria española se le reveló como muy profesional. "Aquí hay muchas divisiones del trabajo y cada quien tiene la responsabilidad de hacerlo bien. Los venezolanos, en cambio, siempre terminamos ayudando al de al lado y se forma una especie de familia, una pasión colectiva".

Elegir la distancia
Era 30 de agosto y a Pinto le tocaba vivir por primera vez la experiencia de desprenderse de una historia que comenzó a gestarse en 2006.

La distancia más larga entró en la selección oficial de 12 películas por estrenarse mundialmente en el Festival de Cine de Montreal, Canadá, uno de los 10 más importantes del mundo. La cinta, que para Pinto había terminado pero que apenas comenzaba su periplo para el resto del mundo, causó las mejores
impresiones en el público, que se levantó a aplaudir. "La gente se me acercaba para contarme cosas muy íntimas de su vida. Eso me pareció bonito, porque quiere decir que la película sí te mira a los ojos para decirte cosas que te toquen", asegura.

El episodio le significó mucho, también, porque el punto de partida del filme se remonta a una visita a la Gran Sabana tras la muerte de su madre en 2001. "Estaba en el salto Kauchi y le dije a mi amigo: `Quiero hacer una película de esta sensación sanadora y de este lugar que te reconcilia con la vida".

El tráiler, liberado el pasado 27 de enero y que obtuvo más de 8.000 visitas en los tres primeros días de su publicación, presenta en imágenes en ultra HD (fue la primera película venezolana grabada con una cámara Epic) a dos personajes que se mueven entre los extremos: una mujer que padece una enfermedad terminal viaja a la Gran Sabana, y un niño, marcado por una muerte violenta, que permanece en Caracas. "El contraste de las locaciones sirvió para determinar la división entre pasado y presente que hacen parte del viaje de la vida", explica.

El equipo de rodaje, integrado enteramente por venezolanos, aunque es una coproducción con España, pasó seis semanas internado en la sabana sorteando toda clase de retos técnicos. Pinto recuerda cuando la aclamada actriz catalana Carme Elías, protagonista del filme, le expresó su impresión al observar la manera tan "mística" de hacer cine en Venezuela. "La gente que ha hecho cine en el país siempre ha sido como una gran familia unida por una enorme pasión. Es bueno saber que están funcionando otros géneros, que la gente está viendo nuestro cine y que estamos logrando cosas", finaliza.