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La animadora venezolana Camila Canabal

La animadora venezolana Camila Canabal

rIncluso instalada en un cayo de Florida, la conductora de Vida Mamá en Casa Club TV nunca ha dejado de sentirse intensa y profundamente venezolana. Aprieta y Gana sigue siendo su programa de televisión soñado y asegura que conoce, como casi nadie, lo que de verdad aloja el corazón de su ex compañero de bochinche y espuma de “tángana” en RCTV: Winston Vallenilla

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Ha aparecido en la portada de El Nacional junto a uno de los candidatos presidenciales en el cierre de la campaña y, en el Tolón Fashion Mall, ese viernes es una heroína para las camaritas de celular. Se escurre entre la muchedumbre, con la que está en su salsa, y elige para conversar una franquicia de té y ensaladas que, decorada en verde claro funcional, combina con su versión 2013: el níveo injerto de genes uruguayos en tierra larense ha llegado Caracas apenas sobre los 50 kilos, livianísima, flexible y con la piel reverberante de quien ha abjurado de las frituras y del mordisquito de pan. Comenta emocionada sobre el proyecto que la podría regresar pronto a la televisión de señal abierta nacional (“no es nada fijo ni serio, pero sí bonito”) aunque de inmediato suelta la frase mágica: “No me dejan hablar de eso hasta que se concrete”.

Camila Canabal le pone cara a la Venezuela que reclama un espacio para existir.“¿Sabes qué me ha dolido en el alma? La gente que siente que uno le estuviera mentando la madre cuando les dices que vives en Miami”, suspira la ex conductora de Aprieta y Gana en RCTV y desde hace cuatro temporadas al frente de Vida Mamá en el canal Casa Club TV, un trabajo que la apartó a un cayo de Florida con sus hijas Guillermina (cumple los 9 en julio) y Joaquina (llega a los 7 en noviembre) y el papá de ambas, el periodista deportivo, y otro símbolo viviente del estado Lara, Francisco (“Panchi”) Blavia.

“Me considero muy buena en lo que hago, modestia aparte. Y al mismo tiempo es lo único que sé hacer: programas de televisión. ¡De verdad, no sé hacer más nada! ¡No conozco peor ama de casa que yo! Mi trabajo me apasiona, me enloquece. Di un paso hacia la internacionalización y no puede ser que irte te convierta en criminal, en apátrida”, redacta casi un comunicado.“Que me haya ido no quiere decir que no ame intensa y profundamente a mi país. Donde voy, levanto mi bandera. En RCTV estaba muy cómoda, era súper reconocida y, sin duda, ganaba bien. Tenía mi familia, la gente me admiraba, respetaba y quería. Se cierra el canal donde trabajaba desde que tenía 20 años y me quedé desnuda. Lo digo y aún me provoca llorar. Me sentí y me siento intimidada, vulnerable e insegura por esa injusticia. También tuve un problema de inseguridad que no quisiera recordar y me movió el piso. El cordón umbilical con Venezuela no lo corté, ni lo pienso cortar jamás. En mi casa está prohibido hablar inglés, mis hijas dicen ‘naguará’. Montaner se fue hace años y sigue siendo nuestro Montaner. Yo quiero ser la Camila de todos. No tenía dónde trabajar: ¿qué hago? Mantengo una familia. Ni mi sueldo ni el de Panchi alcanzan solos para vivir bien. Mi sueño es trabajar en televisión y lo quiero seguir haciendo. Tengo 37 años y soy una carajita. Si el trabajo está en China, correré a la China. Pero sigo aquí: tengo mi teléfono venezolano, mantengo mis anunciantes venezolanos, me rompo el lomo para venir dos o tres veces al mes, me monté en un camión en la campaña electoral, en Vida Mamá digo chévere y cónchale. En Estados Unidos soy equis a la potencia. Es empezar de cero. He tenido que tocar la puerta: ‘Miren, yo soy una presentadora de televisión”.

Vida de mamá. Sus dos hijas tienen el segundo nombre Valentina, el de su hermana que se despidió prematuramente. “Joaquina, la mayor, tiene lo mejor de mí: es luchadora, perseverante, comunicadora, nunca se queda con nada en el corazón. Pero también lo peor: perfeccionista, demasiado sentimental, enrollada. Kiki (Guillermina) es conocida en la familia por una dulzura extrema. Me inflo al decirlo: ambas tienen una inteligencia superior al promedio. No sé a quién salieron. Soy muy dominante, preocupada y nerviosa como mamá, todo lo contrario a lo que la gente cree que yo reflejo. El equilibrio en la casa lo hace Panchi. Él pone la disciplina, las niñas juegan un poco a la pelota conmigo. Como debido a mi trabajo vivo en un aeropuerto, viajando a Panamá, Venezuela, México o República Dominicana, las dejo con Panchi y es la mejor mamá. Imposible que estén mejor cuidadas que con él. El mayor aprendizaje de vivir en Miami es que el valor de la familia se afianza afuera. Estamos los cuatro solos. Y soy casi chauvinista: vivo en un cayo donde la mitad son venezolanos, y me relaciono solo con ellos”.  “Mi trabajo en televisión me ha dejado tiempo para hacer familia: por eso me gusta tanto lo que hago”. Y hace esa comparación en la que parece que toda generación pierde con la anterior: “Mi mamá no tuvo esa bendición. Si mi papá y ella no salían a trabajar no comíamos, punto. Así fue mi vida en Barquisimeto: éramos clase media al ras. Vivíamos alquilados, pero eso sí, nos metieron en el mejor colegio de Barquisimeto, que a veces pasábamos tres meses sin pagar. Pero para mis padres, que vinieron de Uruguay, la Medicina es tan espectacular como para mí lo es ser presentadora de TV. Mi mamá se sacrificó mucho más. Siento que es poco lo que haga para ser como ella. Es mi ídolo número uno: fuera de su país, sacó adelante a tres muchachos con valores y buena educación. El ejemplo que yo tengo de mis padres es que quedarme parada ante la adversidad nunca es una opción”.

Aprieta y Gana, aquel bochinche de confeti, estrípers manoseados y espuma de “tángana” de los jueves en la noche en RCTV cuyo espíritu nunca ha podido ser igualado del todo por La Guerra de los Sexos de Venevisión, aún es lo que responde cuando le preguntan por su trabajo soñado. “En Aprieta y Gana fui tan yo… Era algo tan fácil de hacer, tan divertido… Cuando murió mi hermana Valentina, ese programa fue mi mejor catarsis. Así se lo decía al psicólogo con el que hice terapia, el doctor Andrés Castañón: hay una magia que ocurre cuando hago televisión. Me hace olvidarme de todo, desconectarme”. Winston Vallenilla, ahora no solo del sexo archienemigo, sino en la otra mitad de la portada en la que Camila apareció durante la campaña electoral, sigue siendo su amigo: “Conozco de verdad lo que hay en su corazón”.

El país “No puedes ser animadora para un lado del país. Me siento querida por los venezolanos que políticamente piensan distinto a mí y apoyan al gobierno. Nos quieren separar más de lo que estamos. Pero no soy guabinosa ni ando con grises: todo el mundo sabe que tengo una posición, y todo el mundo sabe cuál es. Antes que artista, soy ciudadana, y mucho antes que ciudadana, soy humana. Me duele lo que pasa. Siempre lo expreso con amor y respeto. Desde que Henrique Capriles era novio de Érika de la Vega, le dije: tienes que ser Presidente. Mi posición desde que yo tenía 20 años hasta hoy ha sido exactamente la misma”.

Camila 2013 “En 2013 he tenido el aprendizaje más grande para una persona terriblemente perfeccionista como yo: la perfección no existe. Este año ha sido súper especial para mí. Uno idealiza las cosas, la vida, y te llevas unos coñazos que te hacen sentarte. Empiezas a entender a la gente con otros puntos de vista. Sé que todo esto suena abstracto. No me gusta desnudarme tanto al hablar mi vida privada, pero sí hablar con el corazón: 2013 ha sido el año de aceptar, de perdonar. De entender que la gente a la que tú amas puede pensar distinto y tener espacios distintos a los tuyos, y sin embargo te puede seguir amando”.

Fitness Camila• “Nunca en mi vida he estado así de flaca como hoy. Soy nadadora: nada por delante y nada por detrás, y me siento cheverísimo. Siento que me deshinché. Comprobé que la alimentación representa 70 por ciento del cambio. Saqué de mi vida el gluten y el azúcar por completo, y casi por completo los lácteos y las carnes rojas”.• “A la gente que lea esto: no se quiten todas las harinas, eso es malísimo, pero sí el pan. Yo como arepas y arroz integral todos los días, junto a todos los tipos de vegetales, un pollito o un pescado a la plancha, aceite de oliva. Siempre lo mismo. Y para mí es lo más suculento que hay. No me gustan los restaurantes caros”• “Lo que más trabajo en el gimnasio son cuádriceps y hombros. Hago mucha sentadilla y ejercicios con pesitas. TRX, una o dos veces por semana. Yoga no, porque me cuesta pasar una hora sin hablar. En Estados Unidos me dio la locura de hacer ejercicios al aire libre y trotar. De los siete días de la semana, entreno seis y a veces los siete, aunque sea media hora, porque lo necesito. Cuando estoy un poco amargada, ‘Panchi’ me dice: ¿por qué no te vas un ratico al gimnasio, mi amor?”•

Para los hijos, la mejor educación es el ejemplo. No me gusta nada lo que comen los niños en Estados Unidos. Pero a Joaquina y Guillermina no las puedo obsesionar, porque son niñas. De lunes a viernes se come sano, y los fines de semana saben que puede haber helados, Cocossettes, Torontos y Pirulines. Lo mismo en casa de los abuelos con el refresco y la Nutella. Mi mamá les dice: ‘La ley de ‘Mamama’ (abuela) es que no hay ley”.

La Divina Pastora. “Me casé en la iglesia de la Divina Pastora. Mi hermana Valentina se fue con Dios junto a ella, sus novenarios también se hicieron allí. Cuando tenía 20 años y me llamaron para el casting en RCTV, lo primero que hice fue pasar por el templo a ofrecer unas flores. ¡Imagínate una chama de pueblo a la que llaman del canal pionero de la televisión! De la fe no hay mucho que explicar: es fe. Crecí acudiendo a la procesión cada 14 de enero. En mi casa hay Divinas Pastoras hasta en el baño, todas hechas en Lara y de todos los materiales. Mis niñas también la llevan en zarcillos, pulseras, cintillos. Es un momento para pedirle por el país: para que cese la cultura de la muerte y la delincuencia. ¡Y que vuelva RCTV! Es un anhelo en el fondo de mi corazón”.