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Cambios para combatir la hipertensión

Alejandro Ovalles

Alejandro Ovalles

Controlar la tensión arterial elevada es un propósito de salud que siempre vale la pena. Elías Chuki, vicepresidente de la Sociedad Venezolana de Hipertensión, explica el impacto positivo de hacer ajustes en el estilo de vida

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Ni orejas rojas ni cabeza pesada. Lo suyo es la discreción. "Lejos de lo que se piensa, la hipertensión arterial no se acompaña de síntomas que le indiquen a la persona cuán alta está su presión: los dolores de cabeza, mareos, sensación de calor o falta de aire no se correlacionan con el grado de hipertensión. Por eso se le ha llamado el enemigo silencioso", señala Elías Chuki, internista y endocrinólogo, vicepresidente de la Sociedad Venezolana de Hipertensión e investigador sobre el tema. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, se considera que existe hipertensión si la presión sistólica –cuando el corazón late– es igual o superior a los 140 mmHg (milímetros de mercurio) y su presión diastólica –cuando se relaja– iguala o supera los 90 mmHg. La tensión normal ronda los 120 mmHg (sistólica) y 80 mmHg (diastólica).

El experto afirma que para lograr un control efectivo de esta condición no solo se requiere un monitoreo médico periódico y la toma consistente de los fármacos indicados, sino el firme propósito de modificar el estilo de vida. Aunque con frecuencia se les subestima, esos cambios ejercen influencia suficiente para ayudar a retrasar o prevenir la aparición de hipertensión arterial en cualquier persona susceptible de desarrollarla; también pueden retardar, minimizar o incluso evitar el uso de tratamiento farmacológico en algunos hipertensos diagnosticados.

¿Qué hacer?

Para empezar, el régimen de alimentación suele necesitar ajustes. Chuki recomienda una dieta mediterránea, con ingesta de hortalizas, frutas frescas, productos lácteos descremados, cereales integrales y proteínas de origen vegetal. Este estilo de nutrición, aunado a la moderación en el contenido en grasas saturadas y colesterol, permite una reducción de la presión arterial de hasta 14 mmHg. Adicionalmente, cuando los alimentos se preparan sin sal añadida y se elimina el uso del salero en la mesa disminuye hasta 8 mmHg.

El ejercicio físico, evadido por muchos, también reporta beneficios notables para los hipertensos. "La actividad física aeróbica regular, como caminar, correr, montar en bicicleta o nadar por lo menos 30 minutos diarios, de 3 a 5 veces a la semana, reduce la presión arterial hasta 9 mmHg y se asocia con una reducción de 20% en la mortalidad", acota el investigador.

Otra variable sujeta a revisión es el consumo regular de alcohol, que eleva la presión arterial independientemente de la bebida seleccionada. "Los hipertensos que son bebedores habituales deberían en principio omitirlo o limitarse a una onza de etanol al día; por ejemplo: 4-5 cervezas, 3 copas de vino o 3 tragos de whisky. El beneficio está asociado a una disminución entre 2 y 4 mmHg", apunta Chuki. El tabaquismo también está en la mira. "Entre quienes fuman, cada bocanada de cigarrillo produce contracción de las arterias y aumento de la presión arterial, además ser un factor de riesgo de enfermedad cardio-cerebrovascular", advierte.

A largo plazo, todos estos cambios permitirán evitar la aparición de complicaciones, como enfermedad cardiaca, accidentes cerebrovasculares, insuficiencia renal y daño ocular. Ante cualquier duda o malestar, lo indicado es consultar al médico.