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Calles tomadas por el arte

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En varias partes de Caracas es posible ver el discurso visual de los llamados artistas urbanos. Flix, Vanessa Iacono y FE son algunos de los representantes de esta movida que usa las calles como lienzo

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“Yo quería un parque”, dice el lamento de los niños pintados en el muro frente a la Torre Británica, en Altamira. Flix, el nombre artístico del arquitecto que desde 2005 se ha dedicado a intervenir las calles de Caracas, tenía la esperanza de que en el espacio resguardado tras dicho muro se construyera un parque que continuara la plaza Francia. Sin embargo, el terreno servirá para levantar un edificio, así que usó el espacio creativamente para manifestar su punto de vista.  No obstante, su trabajo comenzó a pequeña escala: “Cuando empecé era la época de la intervención en Irak. Hice calcomanías y las pegué en diferentes puntos de la ciudad para expresar mi indignación. Al mismo tiempo hacía obras artísticas en pequeño formato, hasta que decidí crear cosas más grandes y aumenté la escala de las intervenciones en la calle”.

Sus intervenciones juegan con la geometría y la simetría, dando pie a la creación de sus famosos “robots”, que pueden ser vistos en las calles del municipio Chacao. Flix explica que son una fusión del pasado con el futuro a través de la mezcla de elementos tribales y futuristas. 

Si bien el arte urbano se asocia muchas veces con la nocturnidad —por aquello de no ser descubierto— Flix ha aprendido todo lo contrario: el día es su mejor aliado: “Cuando empecé no había problema porque eran cosas pequeñas, pero cuando aumentó el formato, tenía que hacer las intervenciones de noche. Sin embargo, últimamente he optado por hacerlas durante el día, porque me he dado cuenta de que cuando es tan evidente se asume que tengo un permiso para hacerlo”.

El trabajo de Flix no solo se evidencia en muros y paredes. Las rejas también le han servido para mostrar un discurso visual enfilado a la crítica social: “Debido a la inseguridad la gente tiene la necesidad de ‘parcelar’ todo y las rejas no aportan nada a la ciudad. Así que tomé la iniciativa de tomar ese gris interviniéndolo con cintas de colores que minimicen lo grotesco de esos elementos”.

Su trabajo también tiene un fin lúdico, como lo expresa la obra realizada en una casa de San Agustín, en Caracas, y otra en el cabo de San Román, en el estado Falcón. También fue parte de un proyecto curatorial en espacios públicos e intervino los espacios internos y las áreas comunes del hospital San Juan de Dios. 

Flix explica que su trabajo recurre a áreas o elementos abandonados para transmitir su mensaje: “Pienso que la calle es libre para intervenir, pero soy cuidadoso de hacerlo en paredes, espacios y casetas telefónicas olvidadas y que no formen parte del patrimonio de la ciudad”.

Actualmente están en proceso dos proyectos solicitados por alcaldías, uno de ellos en el teatro César Rengifo, localizado en Petare. El arte urbano no tiene por qué estar asociado al vandalismo y el trabajo de Flix lo demuestra: “Las autoridades han entendido que no todas las intervenciones tienen que ser de mala calidad”. 

La psicóloga de las mitocondrias. La cotidianidad no tiene por qué ser aburrida. Con base en  esa premisa, Vanessa Iacono ha explorado en un discurso visual propio caracterizado por la presencia de personajes que se muestran angustiados por las dualidades de la existencia. Su trabajo es conocido sobre todo en el ámbito privado, en el que ha creado obras de gran formato para espacios interiores. Sin embargo, desde 2005, cuando se dedicó a formalizar su actividad, ha participado en movimientos culturales de calle como Por el Medio de la Calle o Hatillarte y en 2011 participó en la Feria Iberoamericana de Arte.

Para esta psicóloga egresada de la Universidad Central de Venezuela, su labor creativa tiene que ver con la reinterpretación de lo cotidiano: “Trabajo con situaciones de la vida cotidiana. Para mí la cotidianidad ha sido mal entendida. Allí hay una riqueza de significados, no es algo rutinario”. 

Sus personajes muestran a flor de piel sus mitocondrias, un elemento fundamental en la obra de Iacono: “Hay una simbología que me representa que es la mitocondria. Los seres humanos tenemos unas dualidades: arriba-abajo, negro- blanco, vivir-morir, interno-externo. La mitocondria es la fuente de energía celular y representan lo interno”.

Aunque suele referirse a sus personajes como “monstricos”, la realidad es que no resultan en absoluto aterradores, más bien se les percibe como seres llenos de ingenuidad. Su obra más resaltante y perdurable hasta la fecha en el ámbito urbano está representado con la intervención de algunas cabinas telefónicas en el municipio Chacao, una iniciativa que surgió de parte de la alcaldía en alianza con algunos artistas urbanos en 2012: “La alcaldía me llamó para recuperar santamarías, pero como yo no trabajo con spray surgió la idea de intervenir las cabinas.  Pensé que las iban a rayar, pero pasó un año y la única transgresión que le hicieron al final era buena: escribieron ‘te amo’. Luego pinté las cabinas de La Floresta que fueron consecuencia del trabajo que se hizo en Chacao”.  

Para Iacono, el arte urbano está claramente diferenciado de acciones vandálicas. Al transgredir el patrimonio urbano deja de ser una manifestación artística: “El vandalismo está asociado a la transgresión del espacio publico, sin pedir permiso. Una de las grandes diferencias es el uso artístico que se le da a un espacio, sin transgredir el trabajo de otro artista. No se puede dañar otra cosa para uno poner su arte. Cuando es un acto vandálico en vez de resignificar, afeas. Lo vandálico está presente cuando destruyes una cosa para imponer otra”. 

Íconos urbanos. Más de uno se habrá topado con el rostro de Simón Díaz o Carlos Cruz-Diez convertidos en stencil en las calles de Caracas, o con una reproducción de Van Gogh, Dalí o Degas que transforma la calle en una galería al aire libre. Todas estas expresiones forman parte de la propuesta artística urbana del arquitecto Luis Bonilla, mejor conocido como FE. Su proyecto surgió como respuesta a la contaminación visual por la saturación publicitaria en las calles y como una forma de aproximar el arte a quienes no tienen acceso a él, bien sea por la falta de recursos, bien sea por la ausencia de una oferta cultural variada: “Si la gente no puede ir a un museo, tomas obras de arte y las reproduces de forma muy visible. La primera serie fue material pegado en la calle. La segunda etapa fueron retratos de personajes venezolanos del mundo de la cultura”.

Su trabajo comenzó a verse en las vías en 2010 y luego fue invitado a eventos como Por el Medio de la Calle, Hatillarte y el proyecto de intervención de santamarías en los comercios de Chacao. 

Para FE, la escogencia del lugar donde expondrá su trabajo es muy importante, primero porque tiene que tener visibilidad y luego, porque la obra tiene que adaptarse al espacio y no al revés. Una vez hecho el montaje realiza un registro fotográfico. Hay obras que duran solo unas horas y por eso es importante documentarlas. Una de las obras que se ha mantenido en el tiempo es la que hizo en un kiosco de La Castellana: “Es la que ha tenido más impacto. Que no la hayan tapado es un sinónimo de respeto por parte de los grafiteros”.

Hace un par de años FE presentó su primera exposición en un restaurante de El Hatillo. La ocasión sirvió como trampolín para llevar su trabajo a un nivel desconocido: “En ese momento hubo una transición entre el espacio abierto y público y el espacio cerrado y semiprivado. El mensaje fue más fácil de transmitir pero hubo que cuidar más los detalles. Fue el inicio de un cambio de lenguaje, hacerlo más cerrado para las galerías, que es algo que también me interesa porque el discurso se va abriendo a otros públicos”. 

Actualmente, FE planea llevar a cabo una nueva serie de intervenciones enfocadas en el rescate de los íconos religiosos locales: “Nadie les hace caso a los políticos ni a los artistas. La religión es el único medio que tiene la gente. Tengo algunas ideas con Vírgenes y santos que les hablen a los ciudadanos de los problemas del país”.