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El Balance de Miguel De León

Miguel de León

Miguel de León | Fotografía: Mauricio Villahermos

Aun cuando la producción de telenovelas venezolanas es mínima, su trayectoria siempre consigue un resquicio para mantenerse en pantalla. Mientras sigue trabajando en su reciente protagonización, este actor comparte los secretos de su éxito profesional y familiar

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Se ajusta los puños de la camisa y se alisa la chaqueta. “Yo no me visto así de diario. Soy bien sport”. La ropa es prestada. La casa en La Lagunita también. El cabello ordenado sí es suyo. La serenidad gentil también. Miguel De León usurpa en estos días la vida de Leonardo Ferrándiz, el acaudalado protagonista de la telenovela Amor secreto. A pesar de que no ha parado de trabajar (viene de integrar los elencos de La viuda joven, Las bandidas y Virgen de la calle), el remake de Inés Duarte, secretaria —próximo a estrenarse por Venevisión— marca su regreso a la gran pantalla con un crédito estelar.

“Enterarme de que me habían escogido para volver a ser protagonista fue una gran alegría. Se ha reducido tanto el rango de edad de este tipo de personajes, que conseguirlos es raro a esta edad”, reconoce. Con 53 años recién cumplidos y 27 novelas al cinto, De León ha interpretado desde personajes sin nombre en dos o tres capítulos —fue instructor de natación en Señora y médico fisiatra en Abigaíl— pasando por villanos desalmados, detectives intrépidos, borrachos desaliñados y galanes clásicos. “José Bardina siempre es una referencia para mí. Tenía mucho temple y personalidad y siempre sabía cómo complementar al máximo a la protagonista. Era el hombre que toda mujer deseaba”.

Son recordados también sus modos de papá entrañable, en series mexicanas como Gotita de amor y Carita de ángel. Roles que, revela, no todos los actores persiguen a pesar de su potencial. “Hay gente a la que no le gusta trabajar con niños porque siente que está compitiendo con ellos, cuando la clave está en asumirlo al revés: tienes que seguirlos, unirte a su magia. Eso puede ser un problema si eres de esos actores que se las da de machotes o con exceso de testosterona, porque necesitas ser más suave, más ligero. Yo siempre fui un papá en potencia”.

Hace 11 años que regresó de México, el mercado soñado que le tomó un tiempo conquistar. Aun así, no se arrepiente. Acababa de divorciarse de Gabriela Spanic y su madre se enfermó. “No quería dejar a mi papá solo y al mismo tiempo me ofrecieron varias novelas… Me fui quedando y después ya no me quise ir. Mi tierra me atrae mucho. Aquí me enamoré otra vez y ahora me cuesta pensar en mudarme a otro lado, al menos no sin una propuesta que respalde la inversión que implica mudar a una familia”. Lamenta la contracción del mercado de la telenovela en Venezuela. “En algún momento abandonamos lo que mejor sabíamos hacer: la novela rosa. No solo todo se ha vuelto más complicado en términos de producción y presupuesto, sino que ahora competimos por la atención del público con las series por Internet, los programas de cable, el teléfono, todo”.

 

Lecciones aprendidas. Está casado por tercera vez y tiene dos niños. ¿En qué siente que ha cambiado como esposo? “Uno se convierte en el cúmulo de todas las experiencias que ha vivido y trata de no cometer los mismos errores, de entender que hay caracteres que no se conjugan. Te vuelves más selectivo y también más perceptivo con tu pareja”.

Como actor tiene intereses pendientes, como hacer cine. “Me ha resultado un medio esquivo, no sé si porque a veces hay cierto recelo de algunos directores de cine por trabajar con actores de televisión. Pero me encantaría probar”. Si bien ha considerado hacer teatro —el ambiente en el que se formó— cuando graba telenovelas prefiere no dispersarse para reservar tiempo con sus hijos.

Asegura que no se gana enemigos fácilmente. “He procurado que mi carrera sea pulcra. No doy pie a situaciones que pueden traerme problemas”. Su reputación tiene doble cerradura. “Una: cuando vengo al set, vengo a trabajar e intento que el ambiente sea lo más armonioso posible”. La segunda es nunca ir solo a ningún evento social. “Siempre voy con mi pareja. Si ella no puede ir, no voy. No importa los contactos que hubiese podido hacer ni qué tan importante sea esa reunión. Hace tiempo aprendí que si uno va a un sitio donde va a haber cámaras, y te ven conversando o riéndote con otra persona, alguien puede decir que vio algo que no es. Así es como se montan las ollas. Si mi esposa va conmigo, nadie puede inventar nada. Jennifer no es celosa, pero así sabe siempre en qué ando yo. Y así yo también sé en qué anda ella”, añade pícaro.

¿Cuál es la mentira más grande que han dicho de él? “No sé… Hay gente que siempre inventa cosas. La más grande fue que supuestamente intenté suicidarme cuando me divorcié y no era verdad. En algún momento le dije a alguien: ‘Ya no quiero estar más aquí’ o algo así y lo enredaron diciendo que yo me quería morir o algo por el estilo... Me sentía mal, es verdad, pero no me refería a despedirme de este mundo”. Lo cuenta y se ríe de buena gana. Se le pregunta en sorna si está muy muy seguro de que no lo intentó. “¡Segurísimo! Ni va a pasar. Nadie se merece que yo me suicide”, responde con su sonrisa emblemática. “La vida siempre me ha mostrado caminos muy claros que siempre han resultado para bien y le estoy muy agradecido”.

 

Sin libreto

¿Su nombre legal? Miguel Ángel De León López.

¿Número de hermanos? Somos tres. Dos hermanas y yo.

¿Qué hacían sus padres? Los dos eran de Tenerife. Mi papá hizo de todo: fue albañil, pintor, encargado de la cantina de un colegio, conductor de autobuses escolares, taxista. Mi mamá era ama de casa.

¿Qué estudió? Empecé Ingeniería, Administración y Antropología, pero no las terminé. La actuación fue lo que más me llenó.

¿Un talento oculto? Soy muy bueno en los juegos de video, sobre todo con simuladores de vuelo.

Si no hubiese sido actor, ¿qué sería? Piloto. Comercial, supongo. Me rechazaron en la aviación porque el psicólogo que me entrevistó dijo que no tengo la personalidad que se necesita para ser militar.

¿Un rol que le gustaría representar? Ya no tengo la edad porque él murió muy joven, pero me hubiera encantado interpretar al Mariscal Sucre. Es una figura fundamental de nuestra historia.

¿Qué le alegra automáticamente el día? Mis hijos. Tengo una niña de 8 años y un varón de 4.

¿Cuál es su película favorita de Disney? Toy Story 3. Para mí es la película animada mejor hecha de la historia. Aunque la he visto varias veces, cuando se está acabando ya mis hijos saben que voy a llorar.