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Artesanos del juguete

Foto: Mauricio Villahermosa @mauriciovillahermosa

Foto: Mauricio Villahermosa @mauriciovillahermosa

Comenzaron en el oficio por vocación, por habilidad y en algunos casos por casualidad. Su talento para reproducir juguetes alejados de la fabricación en serie los convierte en artífices de objetos únicos que no solo sirven para entretener, sino también para coleccionar

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Trapos elegantes

 

Eli Landoni y su socia Mayra Gámez tienen habilidades manuales que han sabido aprovechar. Cuando fabricaron una muñeca de trapo para la sobrina de una de ellas, la receptividad fue tal que su círculo cercano comenzó a auparlas para que hicieran de esas muñecas su modo de vida. Pero ellas estaban incrédulas ante esa posibilidad. “Nunca pensamos en eso. Cuando nos pidieron que las vendiéramos hicimos cinco, aunque no creíamos que las comprarían. Eso fue en 2014, en diciembre de ese año los pedidos aumentaron, y a partir de allí no paramos”, explica Landoni.

Las muñecas fueron bautizadas como Las Trapis, y su éxito fue tal que muy pronto comenzaron a aparecer las imitaciones. Por eso Landoni y Gámez se limitan a la venta por Instagram, aunque consideran expandirse a algunas tiendas aliadas manteniendo la producción artesanal, que corre a cargo de ambas con la colaboración con dos personas más, encargadas del relleno y la confección. Al principio, la elaboración de una sola muñeca les tomaba dos días, ahora, tanto Landoni como Gámez pueden hacer una muñeca diaria, excepto los pedidos personalizados, que toman más tiempo. Las Trapis se dividen en cinco líneas: Bailarinas (las más populares entre los clientes), Fantasía (hechas según el gusto de sus creadoras), Superhéroes (Hombre Araña, Capitán América), Personajes (Frida Kahlo) y Princesas (Blancanieves es una de las preferidas). Las muñecas miden 30, 40 o 50 centímetros, según el gusto del cliente y se elaboran con telas importadas. La mayoría de los compradores son padres o familiares que quieren hacer un regalo original, y también hay coleccionistas que quieren evocar la nostalgia de las muñecas de trapo de su infancia.

Las piezas de Landoni y Gámez han llegado a lugares tan distantes como Dubai, Inglaterra o Ecuador. Y aunque la demanda crece, para ambas es un punto de honor mantener el sello artesanal con el que se dieron a conocer y que es el responsable de convocar recuerdos que traspasan generaciones, como cuenta Gámez: “En la etiqueta de las muñecas puedes colocar el nombre de la niña a quien se la vas a regalar o ponerle un nombre a la muñeca. Una señora pidió que le pusiéramos Rosita a la Trapis de su nieta porque así se llamaba una muñequita negrita de trapo que ella tuvo cuando era niña, y quería pasarle esa tradición”.

 

En Instagram: @LasTrapis

 

 

Madera lúdica

 

Ni la música ni la medicina apartaron a Mario Calderón del oficio que estaba destinado a ejercer: el de juguetero. Desde hace casi treinta años este caraqueño radicado en Mérida supo que lo suyo era crear juguetes de madera, pero reconoce el aporte que estas dos carreras aportaron a su vida. “Como músico se nace, pero definitivamente la música y la medicina me crearon esa inquietud por la búsqueda, por conocer el origen de las cosas, por despertar mi curiosidad”. Esa inquietud es la que lo ha hecho reconocido en el mundo del juguete artesanal por sus recreaciones de carruseles, caballos, músicos y malabaristas de madera, por mencionar algunos de los trabajos que le han dado reconocimiento dentro y fuera del país. Para el momento de esta entrevista, Calderón se encontraba ultimando los detalles para participar en el Encuentro de Arte Folklórico en Santa Fe, Nuevo México, al que llevaría piezas diseñadas especialmente para la ocasión. “Una de las cosas de las que más estoy agradecido es haber tenido la oportunidad de recorrer cuatro continentes con un oficio que, además, me permite estar cerca de mi infancia. Y todo esto se lo debo al ángel que me dijo que yo servía para hacer juguetes de madera, Pilar, mi pareja de ese entonces, que murió en un accidente”.

Con mucha humildad, Calderón afirma que no es muy “hábil”, pero lo cierto es que su persistencia lo ha llevado a crear un universo propio en el que niños y adultos se recrean, materializado en la Fundación La Casa del Juguete, creada por él y en el que expone lo mejor de su oficio como juguetero y coleccionista (con piezas que datan incluso de 1890), mientras continúa en su labor como formador de nuevos talentos, que darán continuidad a su trabajo iniciado con la madera. “Quisimos fundar una tradición y ayudar a otros para que aprendan el oficio. Los nuevos talentos tienen que saber que sí se puede vivir dignamente de este trabajo. Yo he vivido de la música y del juguete, que son dos oficios que no hacen daño a nadie. Y eso es algo de lo que siempre estaré agradecido”. Y aunque afirma que todas sus creaciones tienen una historia y muchas anécdotas de quienes se hacen con una de sus creaciones, hay una de la que guarda un recuerdo especial: “Que un chiquillo elija un juguete tuyo para pedírselo al Niño Jesús es una de las satisfacciones más grandes”.

 

En la web: www.mariocalderon.com

 

La arquitecta de las muñecas

 

Con 25 años de carrera en el mundo de la arquitectura y dos hijos varones en edad universitaria, Nancy Carrillo estaba muy lejos de verse a sí misma como artífice de accesorios para muñecas. Sin embargo, hace un año y medio se propuso usar sus conocimientos e ingenio para regalarle a su sobrina una camita de madera para una muñeca de 18 pulgadas, y lo que comenzó como un discreto obsequio terminó convirtiéndose en la reinvención de su carrera: “Mi sobrina me dijo que si podía hacer maquetas, le podía hacer la cama para su muñeca. En ese momento yo no estaba trabajando y me propuse hacerle la camita. Pero después pensé en que debía hacer el colchón también. Yo no sabía coser, así que aprendí con tutoriales de Youtube y lo hice. Cuando las amigas de mi sobrina vieron la cama, fue un suceso. Abrí un perfil en Instagram llamado Muñequeando con la Tía y me comenzaron a llamar de Maracaibo, Lechería, Machiques”. Carrillo, quien es de Maracaibo, vivió un tiempo en Caracas antes de radicarse en su casa de Valencia, que sirve como centro de operaciones en el que se crea todo el universo de accesorios que requiere una muñeca de 18 pulgadas: cama, litera, mesa de noche, closet o tendedero, tumbona para la playa, comedor y hasta pupitres. Todo es elaborado en madera de pino y no se utilizan clavos ni productos abrasivos. Pero el nivel de detalle de Carrillo va más allá: también ofrece los kits de comidas o útiles escolares a escala y hechos en masa flexible. Su línea de trabajo se extendió y ahora, con la ayuda de dos costureras, ofrece ropa, lencería y trajes de baño para las muñecas. Su esposo, que es ingeniero civil, le ayuda con el trabajo de la madera y hasta ha sugerido cambios que han resultado en ventas exitosas. “Hizo unas camas a las que les incorporó unos corazones y a mí no me gustaban porque en mi mente de arquitecto todo es lineal. Y resulta que se vendieron”.

Los juguetes a escala se venden por Instagram, pero también en bazares. Se trata de un público que ya tiene muñecas de 18 pulgadas y quiere recrear la cotidianidad de estas de la manera más fiel posible. “En los bazares tengo tres tipos de público: las mamás a las que le parece lindo, las niñas que se enamoran de las cosas y los papás que preguntan sobre el proceso de fabricación, porque les gusta la madera o porque no creen que yo hice todo”, explica Carrillo. Y si bien la producción se mantendrá de forma artesanal, la arquitecta tiene claro que requiere de recursos y espacios de trabajo que le permitan aligerar la carga para seguir ofreciendo productos de calidad. “Pienso en tener mi taller propio, ya comencé a comprar mis propias máquinas, todo esto ha crecido muy rápido. No sabía nada de juguetes de niñas, y ahora las clientes y sus hijas me llaman Tía. Lo que yo hago no son juguetes para desechar, son juguetes para que pasen de generación en generación”.

 

En Instagram @munequeandoconlatia