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Aniversarios que merecen celebrarse

El Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela cumple 60 años | Archivo

El Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela cumple 60 años | Archivo

El Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela cumple 60 años. La Camerata de Caracas, 35. El Centro de Estudios Gastronómicos, 25. La Universidad Católica Andrés Bello llega a sus 60 años. Estos espacios e instituciones celebran cumpleaños que recuerdan sus ejemplos de permanencia y vitalidad a prueba de décadas 

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Verdaderamente Magna

Carlos Raúl Villanueva hizo del Aula Magna nuestro coliseo. El alma del alma máter cumple sesenta años en medio de profundas reflexiones sobre la síntesis de las artes en la arquitectura, la vida de sus materiales. También sobre el debate entre lo que se tarda décadas en ser efímero y la necesidad de restaurar como si los lentes de pasta del gran arquitecto hubiesen reposado ayer.

Si el que no sabe es como el que no ve, el que no conoce es como el que no cuida. “El Aula Magna sale en todos los libros de arquitectura moderna. Es uno de los espacios más bellos del mundo y cualquier arquitecto o artista lo tiene en su ADN. En Caracas es un hito visitarla, así como el turista va a Egipto y visita las pirámides o la Capilla Sixtina en Roma, nuestros visitantes vienen a Caracas y muchos piden conocer el Aula Magna”, cuenta María Eugenia Bacci, directora del Consejo de Preservación y Desarrollo de la Universidad Central de Venezuela, vigilantes de la autenticidad del complejo y todo el campus.

“Villanueva fue tan detallista que dejó materiales y elementos para el mantenimiento hace 60 años. Nuestra principal preocupación es que se están acabando esas herramientas. Por ejemplo, hace un año se hizo el último mantenimiento de las butacas: su tela no se debe volver a lavar. Las intervenciones tienen que ser muy cuidadosas haciendo un seguimiento riguroso porque el proceso de conservación debe registrarlas todas. Nos preocupa ese registro. Otro ejemplo son las baldosas del piso que ya no se consiguen. Hemos buscado parecidas haciéndoles cortes para que sean similares a las originales”.

Y obviamente el empleo de la sala con respecto a las actividades para las que se abre cuando es del uso a todo público, regulación que se establece en conjunto con la

Dirección de Cultura.

Para las autoridades de Copred, la mejor manera de celebrar al sexagenario es buscando fondos y promocionando la necesidad de mantener activa constantemente la preservación. “Son los 60 años del Aula Magna y todo lo que la rodea. Es otro aniversario de la síntesis de las artes, de la plaza cubierta, la biblioteca central y estamos concentrados en armar una programación en torno a la sala y todos sus aliados”.

Alma Ariza, jefe de la División de Promoción  y Apropiación Social, destaca los elementos abrumadores de su diseño como objeto fundamental del estudio y la curiosidad de sus visitantes. “La relación de la gente con este recinto es de las que más disfrutamos. Todo el tiempo se realizan programas educativos y labores de inducción para estudiantes y voluntariado. Tenemos visitantes desde los 5 hasta los 85 años de edad, ya sea porque son investigadores o simples amantes de la arquitectura”.
La celebración del Aula Magna consistirá en conciertos, foros y actos institucionales desde finales de este año hasta todo 2014.

Su visibilidad y acústica natural está considerada entre las cinco mejores a escala mundial

El Aula Magna tiene un aforo de 2.713 espectadores

La tapicería de las butacas está hecha con lana australiana tejida en Inglaterra y permite un determinado índice en absorción de acústica

Las alfombras de los pasillos principales solían ser de cachemir para contribuir a la acústica y en 1990 fueron sustituidas por una de tela sintética

“Te voy a llamar el diablo”

Alexander Calder amenazó con ponerle ese apodo a Carlos Raúl Villanueva si materializaba lo que desde hace 60 años es un hecho. El documental de Juan Andrés Bello, Villanueva, el Diablo, se consigue en librerías; narra con rigor la vida y razones del arquitecto y además sintetiza con precisión cada detalle de la Ciudad Universitaria, para lo que dedica un conmovedor espacio al Aula Magna.

6 décadas enriqueciendo a un país

“La principal riqueza de un país no es que tenga oro, materia prima o recursos bajo la tierra, sino su capacidad de trabajo y de producción. El recurso con el que cuenta un país para producir riqueza es su capital humano: la gente”, asegura convencido el rector de la Universidad Católica Andrés Bello, Francisco José Virtuoso s. j. Con base en la noción de esta realidad, un 24 de octubre de 1953, el edificio que sirvió hasta entonces de sede al colegio San Ignacio, en la esquina de Jesuitas, se convirtió en la primera sede de una casa de estudios que, según el rector, busca “formar ciudadanos profesionalmente competentes y a la vez comprometidos con el país y con la gente más necesitada y excluida”.

Entre los años sesenta y setenta la mudanza del campus a Montalbán y  cambios en el modo de gestión “de un sistema jerárquico a una modalidad de mayor consenso” permitió adaptarse a los nuevos retos que exigía el ambicioso objetivo que, explica Virtuoso, “guarda una importancia fundamental de cara al desarrollo y al despliegue de las potencialidades del país”.

30 años de puntadas de progreso

A pesar de que Elvira de Parés reconoce que la moda es para muchos un asunto banal, para ella es lo contrario. Su estirpe, de tres generaciones ya, se ha dado a la tarea de demostrarlo. En tiempos de la crisis económica que vivió el país a partir del Viernes Negro, Lylian Brice decidió establecer una escuela que lleva 30 años formando artesanos venezolanos del buen vestir, así como del diseño ambiental. “Había buenos confeccionistas en el país, pero no había diseñadores. La primera escuela de diseño que se crea en Venezuela es Brivil”, cuenta De Parés, actual directora de la institución e hija de la fundadora. “A partir de 2000, después de que yo me encargué de Brivil, me di cuenta de que había que hacer una serie de reformas en la formación integral de los diseñadores”, explica De Parés.

Ampliaciones en el pensum, alianzas con escuelas de otros países y proyectos comunitarios mancomunadamente con algunas  alcaldías formando costureras, han reflejado este cambio de visión que, sin embargo, mantiene la premisa original: formar profesionales del diseño que den pie al desarrollo del país.

Teléfono: (0212) 283 1447
Dirección: urbanización Sebucán, calle Acueducto, entre avenida Miguel Otero Silva y avenida Los Chorros, quinta Alimir, Caracas.
Web: www.institutobrivil.com

25 años pensando sabores

Un completo repertorio de 9.600 libros de cocina tanto nacionales como internacionales aguardan por estudiosos del tema en la biblioteca del Centro de Estudios Gastronómicos, CEGA. Una vez que se escucha el lema que alienta a José Rafael Lovera, fundador de esta academia culinaria, las estanterías repletas de recetarios comienzan a guardar perfecto sentido: “No basta con hacer la cocina; hay que pensarla”.

La falta de información sistematizada en lo que a la cocina tradicional venezolana respecta fue una necesidad de la que Lovera se percató y que lo llevó a fundar el CEGA en 1988. “La tradición es valiosa y hay que registrarla, pero también hay que dar paso a las innovaciones, sobre todo cuando son parte del desarrollo de la tradición”, afirma quien se ha fijado como meta convertir la cocina venezolana en un sistema.

Con esta idea han ido evolucionando los talleres que ofrece esta escuela que forma futuros cocineros y que, según Lovera, otorgan a los participantes un paseo por la tradición culinaria venezolana.

65 años de una batalla que continúa

Dos unidades de clínicas móviles llevan a cabo cada semana, por varias zonas de Caracas, pesquisas gratuitas de cáncer de próstata, cuello uterino, mamas y piel. Estos módulos, pertenecientes a la Sociedad Anticancerosa de Venezuela, son parte de las acciones que ejecuta la organización para cumplir con su objetivo principal, que no ha sufrido cambios desde su surgimiento hace 65 años: “Educar y prevenir a los venezolanos sobre el cáncer”, explica Natalia Pereira, vocera de la asociación.

Creada en noviembre de 1948 con el nombre de Sociedad Anticancerosa del Distrito Federal, se ha propagado hasta convertirse en lo que es hoy. “El hospital Padre Machado, la Clínica de Prevención del Cáncer en Caracas y las dos unidades móviles ejemplifican los logros que nos han permitido expandirnos”, comenta Pereira.
Parte de este crecimiento ha sido posible, entre otros aspectos,  gracias a la venta del Gran Bono de la Salud, cuyos cartones son ofrecidos cada año para recaudar fondos y que este 2013 se encuentra a la venta en el territorio nacional hasta el 15 de febrero de 2014.

Web: www.sociedadanticancerosa.org.ve
Twitter: @Santicancerosa

35 años de música barroca

Apenas con 10 años de edad, un viaje a la ciudad de Roma despertó en la hoy intérprete lírica y maestra Isabel Palacios una especial pasión por el arte renacentista y de la Edad Media. A partir de ese momento nació en ella el deseo de fundar lo que es una realidad que lleva 35 años en pie: la Camerata de Caracas. “Surgió para hacer música de otra manera, música de otros períodos, muy basada en la interpretación histórica y unida a las otras artes”, relata su directora.

Entre 1985 y 1988 la organización, que comenzó con un grupo de cantantes, creció con la aspiración de interpretar La fábula de Orfeo, una ópera de Claudio Monteverdi. Es entonces cuando una orquesta de cámara, un coro profesional y una compañía de ópera se unen a lo que es hoy la Fundación Camerata de Caracas. Diferentes giras por Europa y Latinoamérica, así como seis premios internacionales —incluyendo reconocimientos de la altura de un Diapasón de Oro, un Repertoire y un Gramaphone—, son solo una pequeña muestra del nivel que alcanzan las interpretaciones de quienes integran esta agrupación. “Nadie puede interpretar correctamente algo si no sabemos de dónde viene. Ver la música como secuencia, ir caminando en la historia, hace que uno vea la música con mayor humildad y seriedad”, asegura la directora de la fundación pionera en la labor de investigar y divulgar melodías del barroco latinoamericano.