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Alicia Hernández: “Caracas muerde, pero también abraza”

Alicia Hernández | Fotografía: Mauricio Villahermosa

Alicia Hernández | Fotografía: Mauricio Villahermosa

Periodista

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Tenía todo listo para convertirse en enfermera en Almería, su ciudad natal, pero sorprendió a sus padres con la decisión de irse a Madrid a estudiar Periodismo en la Universidad Complutense. Alicia Hernández llegó a Venezuela en 2010 después de unas vacaciones en las que decidió volver para trabajar por un tiempo: “Conocí a la gente de Fe y Alegría y le dije que quería venir a colaborar con ellos. Después de mucho insistir, me pidieron que planteara un proyecto y como tengo un máster en radio, les propuse un proyecto de radioteatro. Inicialmente eran tres meses, después renové por tres meses más”. 

Desde entonces han pasado cuatro años en los que Hernández se ha dedicado —por razones profesionales y de supervivencia elemental— a conocer Caracas. Vivió en San José,  La Guaira, Prado de María. Se autoproclama “reina del mototaxi” en su biografía de Twitter (@por_puesto). Tiene un blog llamado Caracas por Puesto en que se leen desde anécdotas sobre su primer —y fallido— topless en la playa pasando por su registro de las protestas acaecidas en Venezuela en los últimos meses. Sus historias están plagadas de venezolanismos que aprendió a dominar a fuerza de calle. Muy orgullosamente afirma estar a punto de terminar la lista de las 101 cosas para hacer en Caracas creada por la periodista Mirelis Morales junto con otros colaboradores: “Tengo cosas tachadas, otras por hacer y otras que quiero repetir”.

Su trabajo periodístico como corresponsal la ha llevado a los rincones más insospechados de la ciudad, a conocer gente variopinta, a codificar el lenguaje de una urbe caótica para no perderse en ella. Aunque haya logrado acoplarse, eso no la aleja de la nostalgia familiar: “David Bisbal estudió en mi colegio. Una vez sonó en una camionetica y me puse a llorar. Yo soy muy familiar. Creo que me construí una costra, pero eso no me hace menos sensible”.

Ser inmigrante no la aleja de la nueva cotidianidad que implica ver cómo se va la familia elegida. Y ante eso tiene una posición muy clara: “El que se va no es traidor, el que se queda no es más patriota. Hay cosas que están mal, pero vamos a hacer entre todos que Caracas sea la ciudad que puede ser. Si te quedas, haz ciudad”.

"Me podría ir, pero no quiero. He crecido mucho profesionalmente y creo que todavía puedo hacer muchas cosas. Yo sé que es loco, pero a mí me gusta mucho Caracas"