• Caracas (Venezuela)

Thays Peñalver

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La era del petróleo barato o el imperio contraataca

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El regalo de aniversario de la muerte de Hugo Chávez vino propiciado con la resolución R/1479 de la Reserva Federal, que no fue otra cosa que una sutil advertencia de “se acabó la fiesta”. Así mientras los despalomados tercermundistas celebraban el año del fallecimiento de su líder supremo, Estados Unidos el mismo día se preparaba para bajar los precios del petróleo y las materias primas a patadas. Y es que ¿sabe usted, querido lector, cuál es la corporación petrolera más grande del planeta? ¡Pues, no!, se equivoca. No es ni la Royal Dutch Shell, ni la china Sinopec y mucho menos los árabes. La corporación más grande, la que vende más petróleo es Wall Street. Hasta diciembre de 2013 y mediados de febrero de este año los tanqueros petroleros más grandes del mundo eran operados por banqueros que, además, poseían oleoductos, refinerías y enormes centros de almacenamiento de crudo.

Así que llegó el momento de entender nuestra cruda realidad, los precios del petróleo hasta los 50-60 dólares se discuten en Viena entre turbantes (los venezolanos nunca hemos pintado nada) y de los 50-60 en adelante son discutidos en Nueva York y en Londres. Son los banqueros y los grandes fondos de inversión, ¡sí!, los mismos que empaquetaron productos subprime, quienes fijan los precios del petróleo sobre los 50-60. Los mismos analistas que en su momento empaquetaban hipotecas de gente pobre como “producto de inversión de alto rendimiento” y los mismos Hedge Funds que los compraban y vendían, son los que han empaquetado el precio del petróleo sobre los 50-60 en lindos brochures donde nos explicaban las razones por las que el petróleo siempre debió estar a 200 dólares. Pero ¿qué petróleo venden? Absolutamente ninguno. Venden todos los días unos 200 millones de barriles que ni siquiera existen. Como las hipotecas subprime, esos barriles no contienen nada adentro porque son solo un papel que cambia una y otra vez de manos, sin que el comprador quiera, o pretenda usar una gota de ese petróleo más que para calentar billeteras y, lo que es más increíble, sin que ese petróleo exista físicamente.

En la década de los ochenta por cada 3 barriles producidos físicamente se vendía uno de papel, porque la especulación siempre ha existido, pero en 2003 por cada barril que se produjo se transaron 7 y, llegada la crisis de 2008, por cada barril producido se transaron 18 (Summit de ministros de Finanzas de la Commonwealth 2008). Los 500.000 contratos de energía a lo largo y ancho del globo en 2003, pronto se duplicaron en 2006 y llegaron a ser 3 millones de contratos solo en Wall Street (CME Group, anuarios 2002-2013) cuando el petróleo llegó a 150 dólares, porque por cada barril producido se “vendieron” 32 barriles que nunca existieron, creando la mayor burbuja petrolera de nuestra historia.

Son ellos, junto con los grandes fondos de inversión los “dueños del petróleo”, son los que lo deciden todo. Y es por esto que los especialistas se han sorprendido siempre de lo fácil que fue subir o bajar el petróleo de los países productores con una demanda artificial, hasta el punto de que es conocido hoy que la primera persona que pagó el barril a 100 dólares fue sencillamente un trader de la bolsa mercantil de Nueva York (O’Sullivan 2009), y el mismo que lo compró a 150 dólares en mayo fue el que lo vendió a 30 dólares en diciembre, luego de una ingeniería financiera sorprendente, mientras los retrasados dictadorzuelos tercermundistas se frotaban las manos pensando como Pinky y Cerebro, que ahora sí conquistarían el mundo.

Pero llega hoy a su fin este modelo cuando la Reserva Federal ha decidido que los bancos no pueden continuar esas prácticas porque “son peligrosas para la salud financiera de Estados Unidos”. ¿Qué significa eso? Pues, que los barriles de petróleo de papel no tienen más asidero en el futuro, y que solo se podrá vender y comprar lo que se posee. Por eso JP Morgan se retiró en enero del negocio de las materias primas, lo siguió Deustche Bank que vendió todas sus instalaciones y Barclays, Morgan Stanley se está deshaciendo de las de energía (petróleo). Por eso los bancos, obligados a abandonar el barco de las materias primas, son la mejor razón y no China de que el petróleo venezolano cierre el año cercano a los 70 dólares y, de no revertirse la medida (Goldman Sachs parece luchar en solitario), se podría hasta pensar en un barril en los niveles previos a 2003.

De ser así, enfrentaremos nuestro tercer “holocausto petrolero” y que Dios nos agarre confesados. Recemos para que Goldman Sachs y los lobistas petroleros extiendan un poco más la racha y no llegue la era del petróleo barato.


@thayspenalver

tpenalver@me.com