• Caracas (Venezuela)

Thays Peñalver

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Thays Peñalver

Leopoldo López sube como la espuma

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Recientemente mientras acompañaba -junto a otras decenas de personalidades y amigos- a María Corina a la Fiscalía, no podía dejar de pensar que en apenas 3 días (el 6 de diciembre) se cumplirían 16 años exactos de este despropósito. Pero en la medida en que el autobús en el que nos desplazábamos cruzaba por las mismas calles y por el deterioro total de Caracas, sentía que todo aquello ya lo había vivido.

No era un deja vu. En la medida en la que el autobús llegaba, recordé aquel 2004 del revocatorio en el que María Corina fue imputada por su primera “conspiración” y “traición a la patria” solo por atreverse a recoger y organizar las firmas para el revocatorio de Chávez. Para los que tienen corta memoria y sostienen desde sus cómodas trincheras que “todo es un show”, valga recordar que en ese 2004 perdimos a decenas de lideres y también se acusó de magnicidio a Manuel Rosales, se allanó cuanta finca de militares en retiro había, casas de los lideres políticos y sociales, sedes de partidos, canales de televisión y editores de prensa, en busca de unas armas que nunca existieron, mientras se hicieron grandes manifestaciones y movilizaciones multitudinarias junto a cadenas humanas en apoyo a un Capriles Radonski que, tras un enorme despliegue mediático, como el de Leopoldo, también se entregaba a la justicia terminando en un calabozo de la Disip, durante meses.

Pero volviendo al 2014 en el autobús, luego de una década mas de lucha, en las mismas caras de siempre había impreso un carácter especial y aunque quizás hay que admitir, alguna cana mas, en los ojos se les podía ver la misma fortaleza, la misma dignidad y el mismo ímpetu que hace que Venezuela, nunca pueda ser la Cuba que pretendió el despropósito. Porque Venezuela, a fin de cuentas y como bien dijo Betancourt, es una tierra que pare héroes todos los días y que resurgirá, como siempre, a pesar de si misma.

Y es que una vez cumplido el axioma de la “responsabilidad política”, es decir aquel requisito que supuestamente impulsó a Chávez al poder por haberse hecho el responsable de sus actos. Nuestros tres líderes principales se hicieron responsables de los suyos ante la in “justicia” y con ello la oposición cuenta ya con un liderazgo sólido y efectivo para transitar nuevamente hacia la democracia. A diferencia de Chávez, Capriles sabía perfectamente que su juicio estaba amañado por la política y aun así una cadena de hombres y mujeres lo acompañamos a entregarse y tras meses de encierro y soledad, lo vimos con su puño al aire y su incipiente barba dándonos fortaleza tras los barrotes. Como también acompañamos a Leopoldo el día que se entregó para luego verlo con la misma dignidad sorprendente y como acompañamos a María Corina a dar la cara en la cueva de los lobos. Y es que en la suya, en la de Henrique, en la de Leopoldo y en la de cientos, sino miles de jóvenes lideres, se refleja la nobleza de una gran parte del país, esa Venezuela que nunca inclinó ni inclinará jamás la espalda para que nos la pisoteen.

Pero hay que entender otro axioma importante. Venezuela nunca ha sido gobernada por alguien que no fuera perseguido, exiliado o enjuiciado por el poder del Estado. Y en la Democracia nunca gobernó alguien que no hubiese sido perseguido, enjuiciado, encarcelado o exiliado enfrentando el absolutismo radical. Es el sino del político venezolano, desde Betancourt, Leoni, pasando por CAP, Caldera, Luis Herrera y Lusinchi no hubo presidente que no cohabitara una mazmorra en su momento o fuera exiliado. Todos nuestros presidentes se graduaron de políticos en una mazmorra, se hicieron responsables de la lucha política y se ganaron el derecho de gobernar ante la historia. Y aunque Chávez, no fue nunca un demócrata, también se graduó de político en una cárcel. Así que el único presidente de Venezuela que nunca se gano ese derecho, ni por lucha, ni por merito propio, ni por cárcel o exilio, sino a punta de dedazo, es quien ostenta hoy la peor posición de popularidad en la historia de la silla presidencial.

Mientras eso ocurre, el axioma de la “responsabilidad política” hizo que a la cárcel entrara un alcalde llamado Henrique y saliera un presidenciable llamado Capriles. Un hombre que le ganó a Maduro en popularidad y según él, en votos. Y hoy Leopoldo quien al momento de presentar #lasalida, tenía 1,56 millones de seguidores en Twitter ostenta hoy sus 3,2 millones en apenas 3 meses y su partido político, perseguido, desmembrado y abusado “Voluntad Popular” que apenas lo seguían 163.000, lo siguen hoy 637.000 venezolanos, convirtiéndose en el mayor partido de la oposición, en cuanto a interés de saber de que va la cosa.

Basta con leer las encuestas para llegar de inmediato a tres conclusiones, la primera que el gobierno revolucionario esta sostenido por la peor equivocación de Hugo Chávez “firme, plena, irrevocable, absoluta y total” de que el próximo líder de la revolución fuera alguien que no lo merecía, y que a su vez fue también una orden inversa “firme, plena, etc.” de que ningún otro podría ser jamás el líder de la revolución. La segunda que la revolución enfrenta la antipatía de 82% del pueblo a $98 el barril (imaginemos a $50). Y la tercera, inequívoca  y mayoritaria, es que Leopoldo López, desde su mazmorra política, sube como la espuma.