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Dispositivos interconectarán estilos de vida

Foto REUTERS

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Existe una gran cantidad de dispositivos inteligentes en el hogar, la oficina o en los automóviles que capturan datos de manera continua sobre lo que hacen sus ocupantes. Pero el procesamiento de información puede llevarse a lugares no habituales como está ocurriendo con algunos modelos de zapatos deportivos, con una banda colocada en el brazo para monitorear parámetros de salud o con lentes que despliegan información en el campo de visión mientras se camina.

Lo importante de los sensores no es tanto su capacidad de cómputo, sino su ubicuidad y la posibilidad de que puedan comunicarse con las personas o conversar entre sí, realizar tareas y ofrecer información que nunca ha sido entregada.

El fabricante de procesadores Intel tiene una línea de investigación dedicada a la "inteligencia embebida" que puede encapsularse en los objetos y a la creación de servicios que se apoyan en dispositivos inteligentes interconectados.

Las ciudades inteligentes es otro concepto apoyado en la conectividad, que impulsa sistemas más eficientes de atención de emergencias, al ciudadano o refuerzo de la seguridad, entre otros requerimientos.

"Una ciudad es un sistema de mecanismos interconectados que genera continuamente información que debe ser procesada eficientemente para ofrecer insumos a quienes toman decisiones", dice una propuesta de IBM para ciudades más inteligentes.

Lo que viene. ¿Cómo será la web 3.0? ¿Qué viene después del desarrollo acelerado de las redes sociales? No hay respuesta única a estas preguntas, pero sí consenso sobre el avance en la interacción entre los humanos y las computadoras, y sobre la incorporación a Internet desde sensores que controlan un determinado cultivo hasta los objetos cotidianos del entorno.

Por ejemplo, una cama equipada con sensores y modestos chips procesadores puede detectar el momento en que su ocupante se despierta. También acciones como preparar café, encender la radio para escuchar un programa determinado o anunciar las citas y reuniones del día.

La ducha se ajusta a la temperatura de su preferencia, mientras que el cepillo dental puede advertir que debe programar la cita con el odontólogo, de acuerdo con la agenda de los próximos días.

Cuando se dispone a vestirse, el espejo con realidad aumentada lo asesora sobre la vestimenta adecuada para la jornada, atendiendo las condiciones climáticas y las actividades planificadas. Al salir de la casa, una pantalla alerta sobre los objetos olvidados.

Estas interacciones son posibles actualmente porque hay tecnologías que las facilitan. Se ha comenzado a procesar la enorme cantidad de información sobre la gente que antes no se tomaba en cuenta de manera sistemática.

Lo importante es que esa información, privada y delicada, se maneje en un ambiente de red confiable, de manera que su uso conduzca a una vida mejor y posibilidades insospechadas.


De máquina a máquina

¿Cómo se refleja de manera práctica la distribución de la inteligencia a las redes? Básicamente con la programación de sensores para detectar, por ejemplo, condiciones climáticas y compartir esos datos con los provenientes de sensores vecinos.

De este modo se ha implementado en Helsinki, Finlandia, un alumbrado inteligente de las calles. Las lámparas muestran las condiciones ambientales y aumentan o disminuyen su luminosidad, dependiendo de la cantidad de luz solar disponible y otras variables.

Se espera que en 2020 haya cerca de 50.000 millones de objetos conectados. Esa cifra supera más de 3 veces la población calculada del planeta para ese momento.

Hoy es costoso incorporar sensores y chips adicionales para conectar en red desde las cerraduras de las puertas, los termostatos o los bombillos de una casa u oficina. Pero la Ley de Moore garantiza que serán cada vez más baratos, de manera que será posible contar con redes de sensores de bajo costo para crear casas u oficinas inteligentes y autogestionadas