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“Su temor más grande era que la niña creciera sin su padre”

Yurbi Estrada, pareja de Fierro desde hace 12 años, indicó que su esposo era un padre ejemplar | Foto WILLIAM DUMONT

Yurbi Estrada, pareja de Fierro desde hace 12 años, indicó que su esposo era un padre ejemplar | Foto WILLIAM DUMONT

La esposa del polinacional Manuel Fierro pidió mayor atención a las viudas en el cuerpo policial

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Los días libres de Manuel Alexander Fierro Chiquito, de 33 años de edad, eran para su hija de cinco años de edad y para su esposa, Yurbi Estrada. Eso fue lo que hizo el 5 de agosto cuando estaba franco de servicio: fue al mercado con su pareja y en la noche compartió con la familia de ella en su casa.


Al día siguiente debía trabajar. Un llamado por un tiroteo a la Comandancia de la Policía Nacional de la parroquia Santa Rosalía, a la que estaba adscrito, activó un procedimiento en las zonas aledañas al Cementerio General del Sur. Fierro se enfrentó a unos delincuentes dentro del camposanto y murió cuando una bala disparada por uno de ellos lo hirió en la cabeza.

“Nunca me habló de los enfrentamientos a los que iba porque no quería preocuparme. Sabía que tenía temor a perderlo y él, a su vez, le angustiaba que su hija creciera sin su padre”, dijo Estrada, esposa del funcionario N° 51 en lo que va de año en Caracas, que falleció en acciones armadas.

Estrada aseguró que su esposo era un padre ejemplar. Cuando no tenía guardia acostumbraba a llevar a la niña al colegio porque a ella le encantaba estar con su papá. Fierro jugaba muñecas y veía comiquitas con su hija.

“Ya había aprendido a peinarla y hasta era quien le daba los remedios cuando estaba enferma. La niña era muy apegada a él porque la consentía demasiado”, expresó Estrada.


“Sabía ganarse a la gente”. Cuando cumplieron cinco años de unión, Manuel Fierro le pidió matrimonio a Yurbi Estrada y desde ese momento su dedicación por ella no desapareció.

“Nunca dejó que nos hiciera falta algo, y cada vez que podía tenía un detalle conmigo y hasta con mi familia. Sabía ganarse a la gente”.

Estar pendiente de las fechas de cumpleaños, comprar dulces a su suegra, ser alegre y espontáneo son parte de la lista de atribuciones que sus cuñadas y suegra aseguraron que no olvidarán del funcionario.

Así como se ganó la confianza y cariño de la familia de su esposa, Fierro también se metió en el bolsillo a la comunidad del sector La Bandera en el barrio Isaías Medina Angarita, en Catia, que por cariño lo llamaba “Manolo”.

“El único policía en el que yo confiaba era en él. Estaba pendiente de la gente del barrio y saludaba con alegría a todo el mundo”, dijo una de las vecinas de la zona.


Desamparada. Para Yurbi Estrada lo más difícil de perder a su esposo es saber que debe continuar criando a su hija sola. “Se me vino el mundo abajo, él era mi todo. No sólo era mi esposo sino también mi compañero y mi amigo. Éramos los dos para todo”, expresó la mujer que compartió los últimos 12 años con Fierro.

Denunció la falta de atención a las viudas de funcionarios caídos en la Policía Nacional.

“Ni siquiera tienen una pensión por sobreviviente, sólo la que da el Seguro Social por ley. El servicio funerario y el seguro de vida no son suficientes para estas personas que arriesgan su integridad a diario, que sirven a la gente. Ellos protegen a los ciudadanos, pero ¿quién nos protege a nosotras ahora?”, expresó indignada.

Agradeció el homenaje que efectuó la Policía Nacional en el funeral de Manuel Alexander Fierro Chiquito, en el que les entregaron a sus familiares la jerarquía de supervisor jefe por muerte en ejercicio de sus funciones.


Trayectoria policial

Antes de ser agente de seguridad, Manuel Fierro se graduó de Técnico Superior en Informática en el Instituto Universitario de Tecnología de Administración Industrial. Al no conseguir empleo relacionado con su carrera optó por entrar a la Policía Metropolitana y en 2006 se graduó en el Curso 82 del cuerpo policial.

Con la jerarquía de Agente de Seguridad y Orden Público estuvo destacado en el área de Custodia de Evidencias de la zona 7 de la Policía Metropolitana.

“Era muy disciplinado y puntual. Además siempre tenía buenos consejos para sus compañeros”, dijo Luis García, uno de sus colegas en el cuerpo policial eliminado.

Fierro pasó a las filas de la Policía Nacional con el cargo de oficial en 2010. Allí realizó tareas de patrullaje motorizado para la parroquia Santa Rosalía y para el próximo año estaba esperando su ascenso a oficial agregado.