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La segunda ciudad más violenta del mundo solo tiene dos furgonetas

Los cadáveres que tienen más prioridad son los que están más expuestos en vías públicas | Foto: Alexandra Blanco

Los cadáveres que tienen más prioridad son los que están más expuestos en vías públicas | Foto: Alexandra Blanco

Los ejes Este y Central de homicidios son los únicos con vehículos operativos para trasladar cadáveres. Atienden los procedimientos de toda la ciudad y los que abre la División Nacional de Homicidios

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Una cobija color melón cubrió el cuerpo de Jeison Acosta, de 20 años de edad, desde el momento cuando fue asesinado hasta que la policía judicial lo recogió al día siguiente. Acosta recibió ocho puñaladas y un tiro en la frente, el lunes 2 de febrero a las 8:00 pm.

Pasadas las 12:00 del mediodía del día siguiente llegaron los funcionarios del Eje Central de Homicidios del Cicpc. Durante 16 horas el cadáver estuvo en la terraza de una casa, ubicada en la parte alta del sector El Chorrito en Hoyo de La Puerta, en el kilómetro 14 de la Autopista Regional del Centro, bajo la custodia de Polibaruta y Polimiranda.

El grupo de esa División del Cicpc que estuvo de guardia ese día se presentó en una furgoneta y una camioneta pick up, esquivó la congestión de vehículos que había en la ciudad con motivo de las actividades oficiales por la conmemoración del golpe del 4 de febrero de 1992, subió casi 100 escalones hasta la escena del crimen e inició el procedimiento.

Luego de la inspección de los pesquisas, a los familiares de Acosta les tocó trasladar el cadáver hasta la furgoneta del Cicpc que habían estacionado en la parte baja del barrio. Con la misma cobija que una vecina cedió para cubrir el cadáver se improvisó una camilla. Antes de introducir el cuerpo en la furgoneta Juan Martínez, primo de la víctima, se ocupó de sellar con nudos la punta de la mortaja.

Sin camillas, sin bolsas negras —un artículo con el que nunca han contado los forenses del país— y con los vecinos como refuerzo, los funcionarios de la policía judicial cumplieron con el segundo procedimiento del día. En las primeras horas de la guardia que recibieron a las 7:00 am los pesquisas levantaron el cuerpo del oficial agregado de la Policía Nacional Bolivariana, Jesús Rafael Morales, de 29 años de edad, en la avenida José Ángel Lamas en la parroquia San Juan y lo llevaron a la medicatura forense.

Pasado el mediodía, en la segunda visita del día a la morgue uno de los inspectores, sin perspectiva de almuerzo, aseguró tener el mejor oficio: “Es un trabajo fuerte, pero es el mejor de todos porque con él podemos hacer justicia”.

Con dos furgonetas, que en realidad son camionetas pick up adaptadas con un techo para el tipo de carga que llevan, el Cicpc recoge los muertos de la segunda ciudad más violenta del mundo. Caracas, para la División de Homicidios del Cicpc, está divida en cuatro ejes: Central, Este, Noroeste y Oeste. Solo los dos primeros tienen furgonetas operativas, por lo que los dos vehículos que cada día cumplen la rutina del levantamiento de cadáveres deben prestar apoyo a los otros sectores, incluso en casos que no son homicidios. En enero, entre los dos vehículos levantaron los 447 cadáveres que llegaron a la morgue de Bello Monte: un viaje cada 3 horas y media. El radio y un chat telefónico entre policías sirven para coordinar el trabajo.

“Casos importantes, como por ejemplo los asesinatos de policías, los investiga la División Nacional contra Homicidios. Como ellos no tienen furgonetas, se apoyan con las de los ejes. Desde hace cinco meses el Noroeste tiene la furgoneta dañada y recientemente la del Oeste también dejó de funcionar, por lo que los procedimientos que ocurren fuera de nuestras jurisdicciones nos los repartimos los de los ejes Central y Este. Lo mismo sucede con los arrollamientos en vías expresas. Aunque el procedimiento lo tramita tránsito o la PNB, tenemos que prestar nuestras furgonetas para trasladar los cadáveres”, dijo un funcionario.

A los pesquisas del eje Este les correspondió recoger a un motorizado arrollado el miércoles 4. La furgoneta de esta dependencia pasa diariamente la prueba de tracción en alguno de los 2.000 barrios de Petare y su radio de operación abarca 4 municipios de la ciudad, desde El Llanito hasta Turgua, en la zona rural de El Hatillo.

A las 9:00 am recogieron a un hombre que la noche anterior resultó herido de bala en el barrio 5 de Julio de Petare y falleció en el hospital Ana Francisca Pérez de León II. Cuando regresaban de la morgue de Bello Monte, fueron a la autopista Francisco Fajardo, a la altura de La Urbina. Los motorizados trancaban la vía en ambos sentidos para exigir que levantaran el cadáver de un compañero arrollado.

“Le prestamos la colaboración a tránsito para trasladar el cadáver, pero la gente no entiende que esos procedimientos no le corresponden al Cicpc. Aunque si hay un cadáver en la parte alta de un barrio y otro en una vía expresa, tenemos que darle prioridad al que esté más expuesto”, señaló uno de los agentes que trasladó el arrollado.

Pero no siempre llega la furgoneta. El 31 de enero la esposa de Yender Brisuela, muerto de varios tiros en la cabeza, se cansó de esperar a la policía y montó el cadáver en un jeep y lo bajó del barrio 5 de Julio de Petare hasta el hospital Pérez de León donde lo recogió el Cicpc, en la ronda por hospitales que hacen antes de finalizar cada guardia. En este homicidio no se inspeccionó la escena del crimen ni se recogieron evidencias, lo que seguramente incrementará las cifras de impunidad.

Los procedimientos de tránsito deberían ser levantados por funcionarios de la PNB con apoyo de furgonetas de la morgue. Sin embargo, en las afueras de la medicatura forense hay cuatro vehículos parados por fallas de caja y de motor, y cauchos espichados. Durante la gestión del ministro Tareck el Aissami se compró una unidad con capacidad para trasladar ocho cadáveres, que tuvo poco uso porque no entraba en las vías estrechas de los barrios. En 2011, funcionarios del Cicpc tuvieron que empujarla por la cuesta de Bello Monte hasta la morgue. Allí sigue varada.

Décadas de déficit
José Monque, ex director de la morgue de Bello Monte, señala que el déficit de furgonetas ha sido un problema recurrente en la ciudad. Durante su servicio en ese organismo, entre 1974 y 2008, la medicatura contó solo con cuatro furgonetas de las cuales únicamente dos siempre estaban disponibles: “Son vehículos que tienen mucho uso y que se deterioran con facilidad por los recorridos que se hacen en sectores populares y en zonas rústicas”. Las que ruedan están deterioradas. En enero una ingresó a la morgue con las puertas entreabiertas y amarradas con un cable. La escena de los cuerpos cayendo de los vehículos porque una puerta no cerró bien no es de película; en Caracas se ha repetido varias veces.

Con la creación de los Ejes de Homicidios, en 2012 se descargó en esas dependencias el levantamiento de las muertes por asesinato. Sin embargo, la ciudad sigue atendida por la misma cantidad de vehículos de hace 30 años.

El comisario Javier Gorriño, criminólogo y ex funcionario de la antigua Policía Técnica Judicial, explicó que desde hace más de 20 años se hablaba del déficit de furgonetas.

“En aquella época se pensaba que se tenían que tener cinco vehículos para cubrir la deficiencia. Hoy en día hacen falta muchas más. No solo por los homicidios que se registran en la ciudad, sino también por los accidentes de tránsito y muertes súbitas, como por ejemplo un infarto o un arrollado que también requieren de un procedimiento”, precisó.

Este año en el presupuesto del Ministerio de Relaciones Interiores está programado un proyecto para la optimización de la investigación penal en el marco del Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses, para lo cual se asignarán 100.013.038 millones de bolívares.