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"Él quería hacerse cargo de su mamá y la acompañó hasta el último momento"

Alumnos del profesor Guido Méndez hicieron homenajes en el velorio. Obtuvo el ascenso póstumo como subdirector del Liceo Andrés Eloy Blanco de Propatria / José Pacheco

Alumnos del profesor Guido Méndez hicieron homenajes en el velorio. Obtuvo el ascenso póstumo como subdirector del Liceo Andrés Eloy Blanco de Propatria / José Pacheco

A Guido Méndez y a su madre Clory Arellano los mataron a puñaladas en su apartamento en Casalta III

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No fue una venganza ni un ajuste de cuentas. A Guido Méndez, de 43 años de edad, y a su madre Clory Arellano de Méndez, de 72 años de edad, los asesinaron con saña para robarlos. El martes 7 de enero, la hija y hermana menor de las víctimas, Guidmar Méndez, fue al apartamento 502 del Bloque 4 en Casalta III para verificar por qué no le contestaban las llamadas. Al entrar vio una escena espantosa: el cuerpo de su hermano en un pasillo y el de su madre en una habitación. Los habían matado a cuchilladas.

En la casa faltaban una computadora portátil, una impresora, un equipo de sonido, los celulares de las víctimas y algunas prendas. "Jamás creí que existieran personas tan malas. Pensé que eso era algo que se veía solo en las películas. Saber que por robarlos los hicieron sufrir tanto y nos hacen sufrir a nosotros. Por cosas materiales nos dejan sin seres tan hermosos", dijo una de las primas de Méndez, durante el velorio que se realizó en la Funeraria Loira de El Paraíso.

Desde hace 12 años, Méndez y su madre vivían solos en ese apartamento. Luego de que su padre murió víctima del cáncer, él asumió el cuidado de su mamá, apoyado de su hermana y cuñado a quienes visitaban con frecuencia en su residencia El Paraíso. "Él quería hacerse cargo de ella y qué casualidad que la acompañó hasta el último momento", dijo uno de los parientes que asistió a los actos fúnebres.

A Arellano de Méndez la describieron como una persona servicial. Estaba dedicada a consentir a sus hijos y a los dos nietos que le dio la hija menor. "Le gustaba el orden y educó a mis primos con la mentalidad de que las cosas deben hacerse correctamente", recordó Leonardo Quintero, primo de Méndez.

Cree que esa es la razón por la que él siempre se mantuvo preocupado por su formación académica. No acostumbraba a salir de noche, pero era una persona alegre. De niños solían compartir los juegos de pelota y el gusto por la música y la guitarra.

"Mientras yo era un rebelde sin causa, él era la persona que me aconsejaba. Siempre me decían de chamo que debía ser como él, aplicado y centrado. Que lo hayan matado así fue lo peor, casi no me lo creo", agregó Quintero.

Méndez se graduó de Licenciado en Educación en la Universidad José María Vargas. Hizo su especialidad en Historia en la Universidad Católica Andrés Bello y obtuvo en 2010 la maestría en Gerencia de la Investigación en Curazao. Antes de eso inició estudios en Derecho y Comunicación Social.

Padre de sus alumnos

El profesor no tenía hijos, pero sí cientos de alumnos que lo consideraban un padre. Era docente de la cátedra de Metodología de la Investigación en la Universidad Pedagógica Experimental Libertador del Paraíso y en el Liceo Andrés Eloy Blanco de Propatria.

"Lograba conectarse con los estudiantes. Los escuchaba y aconsejaba, características importantes en la carrera docente, considerando los tiempos en los que estamos", señaló  María Eugenia Bautista, amiga y colega de Méndez.

Sus compañeros de trabajo aseguraron que de él siempre podrían esperar colaboración, compañía y cariño. "Era un niño grande, siempre tenía una sonrisa para todos. Se hacía querer", dijo Livia Rodríguez, una docente que también fue su alumna.

Bautista cree que el aprecio que transmitió a los alumnos durante sus clases motivó a los universitarios a protestar y a hacer un llamado público a las autoridades para que busquen vías para que cese la violencia. "Es satisfactorio que estén tan preocupados por esta pérdida. Esa es la recompensa que recibimos los docentes por el trabajo bien realizado", manifestó.

Leonardo Quintero también expresó su agradecimiento por la movilización realizada por los estudiantes: "Gracias a ellos la gente se enteró de que nos arrebataron a nuestros familiares. Nuestro dolor es el dolor de miles de personas que pierden a sus hijos o hermanos por la violencia extrema. Estas víctimas no deben ser escondidas ni silenciadas para que las autoridades tomen medidas reales para frenar la inseguridad".

Ya hay culpables

Un día después del doble crimen, la División contra Homicidios del Cicpc se enfrentó a dos de los implicados. Uno de los asesinos, identificado como Mario Alejandro Luna, murió; y el otro, Daniel Porra Sotillo, de 29 años de edad, fue capturado.

El tiroteo ocurrió en la planta baja del Bloque 5 de Casalta III, y los policías recuperaron una laptop, seis relojes, yuntas, una cámara de video, una cadena y cornetas de computadoras.

El 10 de enero el Ministerio Público emitió un comunicado en el que se indicaba que sería presentado otro joven presuntamente implicado. De acuerdo con la versión oficial, Ramón Flores, de 28 años de edad, se apersonó en la sede de la Fiscalía Superior del Área Metropolitana de Caracas, en la parroquia Candelaria, con la intención de ponerse a la orden de las autoridades.