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"La policía no lo buscó más porque tenía antecedentes penales"

El 15 de noviembre de 2007 fue la última vez que Yalitza Ramírez vio a su hijo / Jesús Rafael Ruiz

El 15 de noviembre de 2007 fue la última vez que Yalitza Ramírez vio a su hijo / Jesús Rafael Ruiz

La madre del desaparecido asegura que agentes del Cicpc lo montaron a golpes en un carro

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El 14 de febrero pasado Javier Morales Ramírez podría haber celebrado su cumpleaños número 31 con sus padres, pero debido a su desaparición en 2007 y a la apatía de las autoridades para encontrarlo, la familia Ramírez pasó ese día en medio de la incertidumbre, la frustración y la tristeza.

"Para ellos es más sencillo dejar que ese expediente se pierda en la historia. Nunca hicieron nada para encontrarlo porque vieron que tenía antecedentes penales y lo catalogaron como un malandro más", dijo Yalitza Ramírez, madre del joven desaparecido.

El 15 de noviembre de 2007 fue la última vez que la mujer vio a su único hijo. Ella estaba esperando un dinero frente a su casa, situada en la urbanización Guaicaipuro de la avenida Andrés Bello, acompañada por Morales Ramírez que había llegado de trabajar.

"Le dije que ya estaba cansada de esperar y que iba a acostarme un rato. Después de 15 minutos bajé a decirle algo a Javier y no lo vi en la casa. Al rato recibí un mensaje de texto de él que decía: `Estoy con unos amigos’. Me pareció raro porque no era su forma de hablar conmigo", contó Ramírez.

Al día siguiente la familia se puso en alerta porque el joven de 26 años de edad no había regresado a dormir, conducta que era impropia de él. Un vecino de la cuadra le avisó que la noche anterior había visto cómo Morales Ramírez fue perseguido, golpeado y raptado por dos hombres vestidos con uniforme del Cicpc, que se lo llevaron en un vehículo Toyota Corolla color verde.

Durante la primera semana buscaron en la morgue, y finalmente la madre del presunto secuestrado fue a colocar la denuncia en la Unidad de Atención a la Víctima de la Fiscalía, en la avenida Urdaneta.

La familia de Morales Ramírez no recibió información de las investigaciones realizadas por las autoridades. Desde ese momento y durante tres meses fueron dos días a la semana a la morgue y a albergues para indigentes y se limitaron a seguir las pistas de conocidos que aseguraban haber visto al joven.

Frustración. En el año 2000 Morales Ramírez fue privado de libertad por el delito de hurto de vehículo y condenado a pasar doce años en Yare. Por su buena conducta en el penal consiguió un beneficio para terminar su condena bajo régimen de presentación en un tribunal de control en Cagua.

"Después de que salió de la cárcel sabía que no podía tener vida nocturna para no caer preso otra vez. Sólo se dedicaba a trabajar con su papá y a salir a reuniones familiares", dijo Ramírez.

Debido a la amistad del desaparecido con Johan Rivera, señalado por el asesinato de Eduardo Mayorca y su esposa Carmen Martí, hecho ocurrido el 10 de noviembre de 2007, Morales fue implicado en el homicidio.

"El día que mataron a ese matrimonio toda la familia estaba en casa de un amigo. Como la novia de Johan le tenía rabia a mi hijo lo nombró en las declaraciones y desde ahí comenzó la persecución", recordó la madre de Morales Ramírez, quien agregó que dos días antes de que desapareciera funcionarios del Cicpc allanaron su casa sin orden judicial, la golpearon y le robaron varias pertenencias.

Cuando la novia de Morales Ramírez fue a declarar a su favor en la sede del Cicpc de Quinta Crespo, ella estaba embarazada de la cuarta hija de él. Según Ramírez, la joven fue maltratada física y verbalmente por los agentes. "La empujaban y le decían que el bebé que tenía dentro no iba a nacer, y si nacía no iba a conocer a su padre", narró.

Luego de tres meses de insistir para que activaran la búsqueda de Morales Ramírez, la familia recibió una llamada anónima. "Nos dijeron que nos quedáramos tranquilos porque tenían fichados a todos los integrantes de la familia. Ahí paramos de buscar", mencionó la madre del joven, quien no sigue esperando que las autoridades se comuniquen con ellos pues desconfía de la eficiencia policial.

Incertidumbre. En la casa de Ramírez las fotos de Javier Armando siguen en los portarretratos de la sala. Algunos miembros de la familia lo dan por muerto, pues aseguran que se ha comunicado con ellos en sueños. "Nos dice que le hagamos una misa o que se suicidó porque no aguantaba los maltratos", dijo uno de los parientes.

Al igual que ellos, el padre, Armando Morales, habla de él en pasado y llora su muerte en reuniones familiares; mientras que su madre se refiere a él en presente, pues se mantiene aferrada a la esperanza de que su hijo haya perdido la conciencia y se encuentre en la indigencia.