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El oficio de la muerte no descansa

La mayoría de los casos que atiende Ángel Carapaica, preparador de cadáveres, son jóvenes asesinados de múltiples balazos | Foto: Raúl Romero

La mayoría de los casos que atiende Ángel Carapaica, preparador de cadáveres, son jóvenes asesinados de múltiples balazos | Foto: Raúl Romero

Trabajadores funerarios coinciden en que desde hace tres años homicidios y asesinatos son más cruentos

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Alex Lira creció en una funeraria. Sus juegos y actividades infantiles se desarrollaron en ese ambiente. Desde pequeño dijo que iba a trabajar en esa área, pues cuando creciera quería estar al frente de Servicios Funerarios Lira, el negocio de su padre. Y lo cumplió.

Tiene 35 años de edad y no se imagina ejerciendo otra profesión. Aunque toda su vida ha observado la dinámica de la labor de trasladar las carrozas fúnebres en los seis municipios de Los Valles del Tuy, Los Teques y sectores de Caracas, asegura que desde 2010 se han incrementado las muertes violentas, principalmente en adolescentes.

Desde el 27 de febrero de 2009 Lira tiene una bala alojada en la rodilla derecha. Después de cobrar un servicio, fue interceptado por unos hombres que lo persiguieron para despojarlo del dinero. En ocasiones ha tenido que trabajar durante un tiroteo registrado en un velorio o se ha visto obligado a utilizar dos carros fúnebres para despistar a los enemigos del difunto, pues una constante que se repite en los homicidios es que la banda opuesta vaya a “rematar” a la víctima.

“Desde 2010 hemos hecho más servicios que en años anteriores. Por día hacemos 1 o 2 traslados. En ocasiones tenemos más trabajo, pero no paramos nunca durante los 365 días del año. Nos ha tocado recibir el Año Nuevo arreglando a un muerto. Mi trabajo es agotador, pues como atiendo en los Valles del Tuy, siempre me toca trasladar los cuerpos a la morgue de Los Teques porque en la medicatura forense de aquí no hay patólogo”, explicó.

Es martes 15 de octubre. Son las 8:20 am. Alex Lira sale desde Santa Teresa del Tuy para trasladar a Los Teques a un adolescente de 16 años de edad que fue asesinado en la madrugada. “La mayoría de los muertos que llevamos tienen menos de 25 años de edad y reciben múltiples balazos en la cabeza”, apunta el funerario.

Servicios por encargo. Olga Romero es publicista, pero ejercer esa profesión no le permite cubrir sus gastos personales. Al abandonar las funciones de mercadeo en el área automotriz, comenzó en las funciones de preparadora de cadáveres a domicilio. Hoy, Romero está por cumplir siete años en esa función, que -tal y como lo asegura- le ha dado la satisfacción personal de ayudar a personas de escasos recursos que no tienen dinero para velar a sus familiares en una funeraria.

“La mayoría de los 'clientes', por así decirlo, tenían edades comprendidas entre 14 y 22 años de edad. 80% de los cadáveres que llegan a las funerarias son jóvenes. Pero algunos establecimientos en Caracas no prestan el servicio por razones de seguridad y algunos deudos me contactan para resguardarse en sus hogares, pues para nadie es un secreto que en algunas funerarias a veces entran desconocidos para enfrentarse con las bandas opuestas”, destacó.

Romero no es criminóloga ni lleva estadísticas de las muertes violentas; sin embargo, coincide con Lira en que ese tipo de crímenes se ha incrementado desde hace cuatro años, aproximadamente.

“En esta ciudad la muerte no tiene hora. Trabajo de lunes a lunes. Duermo con el teléfono prendido porque a veces me salen servicios en la madrugada. Este último año han sido críticos los casos que me han tocado atender. No sé de dónde sacan los jóvenes tantas municiones. A veces un cadáver puede tener desde 15 hasta 70 balazos”, afirmó.

Crímenes con saña. Ángel Carapaica tiene ocho años trabajando como preparador de cadáveres en la Funeraria Las Fuentes en El Paraíso. Aunque se desempeña en una zona distinta a la de Alex Lira y de Olga Romero, tiene la misma percepción de las muertes violentas registradas en el área metropolitana de Caracas.

Carapaica expresa que en la escalada de asesinatos registrados desde hace tres años destaca el fenómeno de los crímenes con saña: “Hay cuerpos que tienen que ser velados con el féretro tapado por la cantidad de balazos que recibieron en el rostro y uno, como preparador, si no le puede hacer la reconstrucción facial, se lo comunica al familiar. Antes, los hijos enterraban a los padres, pero ahora los padres están enterrando a sus hijos”.

Carapaica expresó que lo más difícil que le ha tocado ha sido arreglar a bebés que han fallecido por balas perdidas o por muerte natural. “También recuerdo el caso de un joven de 22 años de edad que llegó con 47 tiros desde el pecho hacia arriba. Es lamentable cómo la juventud está muriendo en los barrios. Si un día preparo 5 o 6 cuerpos, 4 son de jóvenes”.  

Más violencia

El sociólogo y director de la ONG Paz Activa, Luis Cedeño, explica que el fenómeno del recrudecimiento de la violencia en el país está vinculado con las lesiones mortales que los victimarios les causan a las víctimas. “El delincuente busca respeto en el mundo delictivo y lo consigue con sus actos. A mayor cantidad de homicidios y menor edad, mayor respeto. Frente a las variables que se registran, cuando un asesinato se hace lugar común, los homicidas 'sensacionalizan' la acción de manera que sea cubierta por los medios y tenga centimetraje en la prensa”.

El especialista sostiene que la impunidad existente con los homicidios en el país está motivada, en parte, porque el sistema de justicia no sanciona de manera proporcional los delitos. “Además, hemos visto que hay cierta gratuidad en cuanto a la distensión de la violencia. Enfrascarse en una situación puede terminar en asesinato”.