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“Los niños no entienden por qué sus maestras ya no van a darles clases”

Maestras rechanzan que destruyan núcleos familiares | Antonio Rodríguez

Maestras rechanzan que destruyan núcleos familiares | Antonio Rodríguez

Los alumnos de las docentes asesinadas en Caricuao, Ysmar Mendoza y Yolimar Acosta, regresan hoy a la escuela

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Los niños del primer y segundo nivel de la Unidad Educativa Tomás Vicente González de Caricuao regresan hoy a la escuela. Hace una semana sus maestras fueron víctimas de la violencia que arropa al país, frente a la casa de una de ellas, mientras compartían con sus parejas. Las demás colegas y sus suplentes tuvieron una semana para evaluar cómo explicarles a los 45 niños que sus docentes no regresarán.

“Por más que les decimos que ellas se fueron al cielo, los niños no entienden por qué ya no van a darles clases. Les pedimos a las suplentes que no mencionen nada del homicidio, ni que ellas van a sustituirlas. No queremos transmitir de manera negativa esa noticia a los niños”, dijo Isaac Camacho, directora de la institución en la que trabajaron Ysmar Yusmerky Mendoza Vargas, de 28 años de edad, y Yolimar del Carmen Acosta, de 34 años de edad.
Era sábado, 9 de noviembre, y el menor de los hijos de Acosta acababa de tener su primer juego de béisbol, razones suficientes para que el espíritu alegre de Mendoza la invitara a celebrar. Estaban en el barrio García Carballo de Caricuao, frente a la casa de Mendoza, cuando cuatro hombres con los rostros tapados dispararon contra ellas y terminaron con el festejo. Además de sus parejas, en el lugar estaba el hijo de Acosta.

“Estamos esperando que se sepa quiénes fueron y por qué las mataron así. Todos estamos aterrados porque no sabemos las razones que tuvo esa gente para hacerlo”, expresó una de las hermanas de Mendoza que prefirió no identificarse.

Agregó que la víctima era la menor de 5 hermanos y la que más compartía con su madre, pues vivían en la misma casa junto con su padre, su esposo y sus 2 hijos, de 7 y 12 años de edad. Sus amigas en la unidad educativa coincidieron con ella. “Estaba pendiente de las medicinas de su mamá. Era su heroína y deseaba ser como ella: una mujer echada para adelante y fuerte. Sus hijos eran su adoración", explicó María Guerrero, docente de la UE Tomás Vicente González.

Mendoza tenía tres años de graduada como Técnico Superior Universitario en Educación Inicial y desde hace dos años trabajaba en la institución de Caricuao como maestra de preescolar. Este año estuvo al mando de los alumnos de segundo nivel.

Su meta a corto plazo era comprar un carro. Fue descrita por las docentes como una mujer alegre, que siempre buscaba una razón para celebrar con sus compañeras. “Cuando era viernes decía ‘hoy es viernes, me voy a relajar’ u ‘hoy es viernes, ¿qué vamos a hacer?”, recordó una de las colegas.

Sacrificios

Yolimar Acosta era madre soltera de 2 niños, de 4 y 8 años de edad. Por sus obligaciones maternas y conflictos financieros tuvo que aplazar su carrera de Educación Integral por 10 años. Sin embargo, desde ese tiempo comenzó a trabajar como maestra auxiliar en el preescolar de la UE Tomás Vicente González.

“Congelaba el semestre porque no tenía con quien dejar a los niños o no tenía dinero. Pero siempre tenía una sonrisa para sus alumnos”, comentó Rosmary Uztariz, maestra principal de primer nivel, a la que asistía Acosta.

Sus compañeras aprendieron de ella a luchar contra la adversidad. Aprendieron a dar sin esperar nada a cambio, aunque le dieran la espalda después. “No había persona a la que le dijera que no la podía ayudar. Este año entró una niña con necesidades especiales y ella se dedicaba enteramente a ella. Era una persona muy noble”, así la describió Melania Bello, una de sus compañeras.

Entre sus proyectos de vida estaba la consolidación de un negocio de fiestas infantiles que había iniciado con su sobrina, a quien quería como a una hija pues siempre deseó tener una niña. Con su sueldo de docente y el dinero que conseguía como estilista a destajo podía pagar el alquiler de su vivienda actual, donde solo vivía con sus hijos.

“Ella era todera. Montaba las carteleras, frisaba paredes, hacía muñecos de foami. Ahí uno entiende cuando dicen por ahí que uno no se muere de hambre”, recordó Bello.

Sobre la relación de amistad que existía entre las dos víctimas, sus compañeras indicaron que se había forjado desde hace más de tres años, cuando los hijos de Mendoza comenzaron a recibir clases en el colegio de Caricuao.

“Se fueron conociendo y luego se hicieron vecinas. Eran casi hermanas. El diciembre pasado Yolimar no tenía con quién pasar las navidades y se fue con sus hijos a casa de Ysmar, e incluso su mamá los cuidaba de vez en cuando”, detalló la docente María Guerrero.

Consternación

Para las educadoras hablar de la pérdida de sus compañeras es un trago amargo al que deben hacer frente para explicárselo a los alumnos.
“Uno siente mucha impotencia y rabia. No puede ser que personas negativas destruyan un núcleo familiar y de amistad de la nada. Lo peor es que las autoridades no hacen nada. ¿En qué justicia podemos confiar entonces?”, manifestó Guerrero entre lágrimas.

Tanto ellas como los familiares de las víctimas hicieron un llamado a las autoridades para que el delito no quede impune. “Acabaron con los sueños de unas mujeres jóvenes y trabajadoras. También con la de sus hijos, porque cuando una madre se va es como perderlo todo”, expresó Melania Bello.