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La inseguridad colapsa Venezuela

Expertos en seguridad ciudadana sugieren tomar medidas de prevención y denunciar ante el Cicpc si son víctimas de algún delito | Foto William Dumont / Archivo

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El País de España indicó que la inseguridad se ha convertido en la mayor lacra de Venezuela, el país con más homicidios del mundo después de Honduras

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Las serpenteantes curvas que acompañan el ascenso por el barrio de Bello Monte desembocan en un edificio blanco y desvencijado que poco tiene que ver con el resto de bloques de esta zona residencial de clase media de Caracas. Ante él, un parque anodino. Los abrazos y consuelos se repiten. Varias personas permanecen sentadas, impertérritas, con la mirada perdida. Dentro del caos de la ciudad, un oasis de silencio, roto sólo por los coches que no dejan de llegar a la morgue de la capital del segundo país más violento del mundo.

Un hombre de unos 60 años que no da su nombre camina de lado a lado de la carretera del brazo de una niña este lunes junto a la morgue. "Espero a mi hijastro", atina a balbucear, cuando en realidad lo que quiere decir viene después: "Creo que van a traer su cuerpo, lo mataron esta mañana". Es el cadáver de Jean Davila, un mensajero de 36 años al que han descerrajado un tiro para robarle la moto. En el municipio de Chacao, de clase media y alta. A las 8 de la mañana, a plena luz del día.

La inseguridad se ha convertido en la mayor lacra de Venezuela, el país con más homicidios del mundo después de Honduras, según el último informe del Observatorio Venezolano de la Violencia. En 2014 murieron 24.980 personas, con una tasa de 82 muertes por cada 100.000 habitantes. El aumento ha sido considerable desde el inicio de este siglo. En 2002 Colombia lideraba la macabra tabla, con 70 muertes por 100.000 habitantes. Venezuela estaba muy por debajo, con 38.

La intranquilidad forma parte de la cotidianeidad venezolana. De noche es recomendable hasta evitar andar dos cuadras. No se trata de un problema de barrios buenos y malos. Yamile Ramírez, de 47 años, enumera apoyada en una pared de la morgue los últimos siniestros que recuerda: peleas de bandas, robos de celulares, también confusiones o, simplemente, alguien que pasaba por el lugar indebido en el momento equivocado y se le cruzó una bala.

La intranquilidad forma parte de la cotidianeidad venezolana. De noche es recomendable hasta evitar andar dos cuadras

"Se ha quebrado el pacto social y la institucionalidad", sostiene Roberto Briceño, director del OVV. El incremento ha sido paulatino desde el Caracazo en 1989 y ha ido empeorando sostenidamente a partir de 1999, con la llegada de Chávez al poder. "Entonces había en el país 4.550 homicidios, ahora son cinco veces más".

Para Alejandro Moreno, reputado psicólogo, teólogo y doctor en Ciencias Sociales, el problema de la inseguridad radica en la estructura del Estado. "Hay que salir de los malandros [criminales] que están en el Gobierno, de esa estructura delincuencial que ya no es revolucionaria. El problema son las vigas, las columnas del sistema...", explica a sus 81 años.

La violencia ha marcado los titulares estas semanas. A la detención de dos sobrinos del presidente, Nicolás Maduro, por presunto narcotráfico, se unió el asesinato de un opositor en un mitin. Entre medias, los ataques a los críticos con el Gobierno se intensificaron, incluyendo un tiroteo en un acto del candidato Miguel Pizarro, del partido Primero Justicia.

Nadie cree que las elecciones del domingo cambien esta espiral, pero se espera un punto de inflexión. Para Briceño, uno de los riesgos es que ante el desamparo generalizado "no solo pase a privatizarse la protección personal, lo cual ya ha ocurrido, sino también la justicia, lo cual ocurre con el incremento de los linchamientos, el sicariato y las ejecuciones extrajudiciales de la policía".

"Gran parte de los sectores populares están sometidos al poder de los delincuentes. En un barrio de 6.000 habitantes puede que sean 10, pero tienen una capacidad de daño inmensa", argumenta Moreno. Para él, la violencia es un tumor del sistema. "La lógica interna de los revolucionarios radicales coincide con la de los malandros. Cuando hay un fin absoluto, lo demás se relativiza. Todo lo que lleve a ese fin, en este caso la revolución, es moral, aunque sea un crimen. Yo no creo que el país esté siendo gobernado por un equipo político corrupto y complaciente con la delincuencia. Está siendo gobernado por una estructura radicalmente delincuente que ejerce la política".

Reseñó El País.