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"No importa que usen chaleco tarde o temprano se cuela una bala"

Leonardo Jesús Alayón siempre quiso la carrera de las armas | Cortesía: Diario El Clarín

Leonardo Jesús Alayón siempre quiso la carrera de las armas | Cortesía: Diario El Clarín

El integrante de la Guardia del Pueblo fue víctima de su propia vocación. Siempre quiso estar en la carrera de armas

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Hugo Alayón no asomó ni una pequeña sonrisa cuando le participaron que su hijo Leonardo Jesús Alayón Berroterán había sido ascendido al grado de sargento primero de la Guardia Nacional.

La promoción fue post mórtem en reconocimiento a que el funcionario, de 24 años de edad, perdió la vida mientras trabajaba en una operación contra el hampa en el callejón Oriente del barrio San José en la Bombilla.

"¿Qué consolación va a ser eso? Nadie me devolverá a mi niño de oro", reflexionó el padre.

Desde el martes a las 8:00 pm, cuando le dieron la mala noticia, el hombre apenas ha podido conciliar el sueño.

Tita Neri Alayón, su hermana, y un sobrino lo acompañaban adonde él fuera. No lo dejaban solo. Lo consolaban. Alrededor de ellos, un poco más alejados, un grupo de militares vestidos con los chalecos de la Guardia del Pueblo intentaban agilizar los trámites para el retiro y entierro del cadáver, de manera que el dolor no se mezclara con molestias burocráticas.

"Esos chalecos vinotinto con letras amarillas, que ahora llevan los guardias, son como una diana fosforescente en la oscuridad. Los delincuentes se ocultan entre las sombras y disparan hacia lo que brilla. Propaganda mortal.

No importa que los soldados usen chaleco antibalas. Tarde o temprano se cuela una bala", expresó el padre.

Eso fue precisamente lo que le ocurrió al sargento Alayón.

Una de las balas le entró por el costado derecho, donde el chaleco no protege, y le afectó los pulmones. La otra lo impactó en la parte interna del muslo izquierdo y le atravesó la femoral.

Tita Alayón cree que el último proyectil fue el más dañino pues ocasionó un acelerado desangramiento. Como el guardia no tenía seguro, sus compañeros lo llevaron a tres centros públicos de salud, antes de que falleciera en el Hospital Militar Carlos Arvelo.

Las armas desde pequeño. Cuando la recluta pescó a Leonardo Alayón en 2006, su padre presentía que el muchacho nunca más saldría de un
cuartel. Y, efectivamente, al finalizar solicitó continuar estudios en la escuela de la GN en Ramo Verde.

"Él tenía como un afán, una obsesión con eso. Desde que tenía ocho años no hacía más que ver armas y hablar de eso", recordó el padre.

Esa inclinación le dio un nuevo giro al mote de "Niño de Oro". En la infancia le decían así por el color dorado de sus vellos, pero luego de entrar al cuartel se transformó en un pequeño elogio. En cambio sus compañeros de armas que lo acompañaron hasta su última morada preferían decirle "clavo caliente". Alayón solía ser el primero del grupo en salir a la batalla diaria contra el hampa. Y fue, de hecho, el primero que recibió los tiros durante el operativo nocturno en el barrio de Petare.

El sargento no tenía casa propia, así que su cónyuge se quedaba con su familia en Tejerías mientras él cumplía turnos redoblados en Caracas.

Cuando lo mataron tenía un día de haberse reincorporado a sus labores.

Los guardias tienen un sistema de incentivos en el que les dan días libres en reconocimiento a los procedimientos exitosos. Gracias a esto, Alayón venía de disfrutar una semana completa con su familia. Su primo Henrique lo recuerda en interminables actividades de videojuegos en las que ambos solamente descansaban para cocinar algún platillo o ver comiquitas y películas. Así pasaban los ratos de ocio.

El sargento, que murió en combate real y callejero, fue enterrado con honores en el cementerio de La Victoria.