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"Mi esposo vio cómo la vida de su hijo se iba apagando en sus brazos"

Aseguran que banda de Las Lomas se dedica a disparar al aire en las noches | Leonardo Guzmán

Aseguran que banda de Las Lomas se dedica a disparar al aire en las noches | Leonardo Guzmán

Frenyer Blanco Céspedes, de 13 años de edad, recibió un impacto de bala cuando estaba en su casa. Los padres y el hermano de la víctima recurrieron a terapia familiar para superar la pérdida

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“Papá, me dieron, papá, me dieron”, exclamó Frenyer Blanco Céspedes, de 13 años de edad, antes de desvanecerse en el patio de la casa de su abuela en el sector El Encantado, Los Mangos de La Vega, el viernes 15 de febrero. Una bala perdida se había alojado en el pecho del adolescente, mientras su grupo familiar se encontraba reunido.

Su padre, Franklin Blanco, lo cargó y para llevarlo al Hospital Pérez Carreño lo subió a uno de los jeeps que presta transporte a la comunidad. Frenyer falleció antes de llegar al centro asistencial. “Cuando le dispararon a mi hijo, Franklin sintió cómo la  vida de nuestro hijo se iba apagando mientras lo tenía en sus manos”, dijo Zulai Céspedes, madre del adolescente asesinado.

Desde ese momento, la familia Blanco Céspedes ha tenido que recurrir a la terapia familiar para poder sobrellevar la muerte del hijo mayor, mientras que los allegados colaboran con la pérdida al retirar las fotos de Frenyer que decoraban las paredes del hogar.

“Mi esposo sigue en shock. Durante una semana dejó de comer y todavía no se ha recuperado del trauma”, manifestó Céspedes, y agregó que una semana después del suceso acudieron a una psicóloga del Centro Cristiano para las Naciones, localizado en Plaza Venezuela.

Aseguró que el grupo familiar aceptó acudir a la terapia recomendada por la abuela de Frenyer, pues el hijo menor de la pareja, que tiene 9 años de edad, comenzó a presentar un comportamiento rebelde. “En la escuela me llamaron para decirme que el niño se estaba peleando con sus compañeros y que respondía con groserías a los maestros. Él nunca había sido así, por eso me preocupé y decidí ir a la terapia familiar”, explicó Céspedes.

Ante la psicóloga, la tristeza de la familia se manifestó en las lágrimas de los padres y en la inquietud del niño. “No tenía palabras para contarle lo que había pasado y mi esposo hablaba entrecortado”, dijo, y comentó que la especialista recomendó asistir a la terapia una vez a la semana durante al menos dos meses.

Céspedes espera que la terapia los pueda ayudar a superar la pérdida porque no quiere que su hijo menor continúe con la rebeldía con la que está disfrazando el dolor de la ausencia de su compañero de juegos.

Líder del salón. Frenyer estudiaba sexto grado en la escuela José Vinicio Adames Piñero que queda en la calle principal de Los Mangos. Allí se destacaba por su compañerismo y espíritu alegre, que lo convirtió en el líder de la sección “D”.

“Era inquieto, pero siempre quería ayudar a sus compañeros. Una alumna me dijo que no podía creer que se haya muerto, que ella soñaba que todo era mentira y aparecía en el salón como si nada”, aseguró su maestra, que pidió no revelar su nombre. La docente indicó que durante los recreos el niño se dedicaba a oír música y desde su muerte los demás alumnos comparten los temas musicales que solían escucharle.

Además de ser uno de los estudiantes más participativos, pertenecía a la coral de la institución. “El día del entierro nos hicieron ir a la escuela porque le tenían un homenaje a mi hijo. Cantaron el himno del plantel y otras canciones que presentaban cuando iban a los eventos”, contó Céspedes.

Los padres de Frenyer también recibieron los respetos de la agrupación musical de El Encantado, Semillas del Futuro, donde su hijo tocaba tambores. “A él le gustaba estar en actividades deportivas y culturales. Creo que en eso contribuimos mucho porque pensamos que a los niños hay que mantenerlos ocupados porque vivimos en un barrio y sabemos que el ocio es el detonador de la delincuencia”, aseguró la madre.

Desde los 4 años estuvo en clase de natación en el IND. A los 10 años dejó este deporte y comenzó a practicar kárate, boxeo y una semana antes de su muerte había empezado a participar en el equipo de fútbol del instituto deportivo.

Tiro al blanco

Dos días pasaron los Blanco Céspedes en la morgue de Bello Monte. El cadáver del adolescente fue entregado después de que sus padres presentaran la constancia de la denuncia introducida en el Cicpc de la avenida Urdaneta.

“Les dije a los funcionarios que ese disparo vino de Las Lomas, parte alta de Barrio Nuevo. Allí hay un grupo de muchachos que se drogan y practican tiro al blanco disparando hacia los barrios de abajo”, contó Zulai Céspedes, que agregó  que desde el año pasado tres personas han sido víctimas del juego de los delincuentes. El primero de ellos falleció en junio, el segundo fue Blanco Céspedes y el último, un vecino de la familia, quien recibió un impacto de bala en la pierna el día del velorio del adolescente.

“No creo que los vayan a atrapar porque no tenemos nombres ni nada. El miedo que tenemos aquí es grande, no sabemos qué hacer si estando en nuestras propias casas nos matan a la gente”, expresó Céspedes.