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47 días de detención por volver a su casa

Emily León, durante la presentación anual del informe de Provea 2015 / Foto: William Dumond

Emily León, durante la presentación anual del informe de Provea 2015 / Foto: William Dumond

Emily León es una de las víctimas de los procedimientos de la OLP. Fue detenida e incriminada por presunta posesión de droga

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Dos días después de haber sido sacada por la fuerza junto a sus familiares y vecinos de urbanización de La Ensenada, Emily León regresó al lugar para saber si podría recuperar alguna de sus posesiones personales.

La mayoría de los afectados no se presentaron en el lugar en los siguientes días. La resaca del desalojo de más de 200 familias por parte de funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana, la Policía Nacional Bolivariana y del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional aún estaba muy fresca.

El 24 de julio de 2015 los habitantes de La Ensenada no tuvieron más remedio que pasar esa noche de fecha patria en las calles de la carretera Panamericana. El allanamiento formó parte de un procedimientos de las Operaciones de Liberación del Pueblo, plan que para ese entonces sólo tenía dos semanas de haber sido implementado.

De acuerdo con la información oficial del Ministerio de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, la razón del allanamiento fue porque en el lugar había células paramilitares que operaban para atentar contra la seguridad ciudadana. Según la versión extraoficial, familias que por más de 32 años hicieron vida en el lugar tuvieron que abandonar sus hogares forzadamente por decreto del presidente de la República, Nicolás Maduro.

Cuando la joven de 23 años de edad volvió a La Ensenada pudo notar que la zona seguía militarizada, a pesar de que casi todas las casas ya se encontraban saqueadas o destruidas.

“Los soldados que estaban en el lugar sólo me pidieron mi cédula de identidad”, dijo León en una entrevista a El Nacional Web.

Para Emily, la situación era más tensa cada vez que los oficiales de mayor rango militar aparecían en escena.

-“Súbanla al convoy”, ordenó el oficial al mando de los funcionarios de la GNB que se encontraban en el lugar y tomó por sorpresa a Emily cuando intenta averiguar si podía ir a su casa.

-“¿Por qué tengo que subir si no he hecho nada?”, reclamó Emily.

-“No me importa. Móntala en el convoy y llévatela”, refutó el oficial a cargo al darle la orden a los soldados que trataban a Emily.

Para evitar algún inconveniente, Emily accedió y fue trasladada al Poliedrito de Caracas, donde las autoridades del gobierno nacional estaban asignando refugios a las familias desplazadas en el desalojo de La Ensenada.

Cuando llegó al lugar, aún tenía consigo su cédula de identidad y teléfono celular. El Poliedrito estaba copado de oficiales de alto rango militar de la GNB, funcionarios del Sebin, Saime, Ministerio Público y hasta integrantes de la misión A Toda Vida Venezuela.

Al ser bajada del convoy, sólo se  le comunicó a Emily que el procedimiento era sólo para determinar si tenía antecedentes criminales y si era nacida en este país. Sin embargo, las intenciones de las autoridades fueron otras.

-“¿Así que tu eres la de la marihuana?”, le señaló uno de los oficiales, que según la apreciación de Emily podía ser un coronel.

-“Usted está equivocado. Yo no tengo nada de marihuana. Yo sólo fui a mi casa a tratar de recuperar unos documentos que necesito”, le contestó.

-“¡Nada, ella es la de la marihuana! vuelvan a meterla en el convoy y llévensela detenida”, fustigó el militar.

La joven de 23 años de edad fue oficialmente detenida por las autoridades de la GNB al asegurar, sin pruebas, que era la responsable de la posesión de 14 plantas de cannabis que al parecer se encontraban en una de las casas allanadas en La Ensenada. En ese momento, los 47 días de detención arbitraria de Emily estaban por comenzar.


De prisión en prisión

El 27 de julio del año pasado, Emily León fue trasladada al Comando Regional N°5 de la Guardia Nacional Bolivariana en Caracas, donde estuvo retenida a la espera de ser presentada ante  la Fiscalía General de la República.

Al día siguiente, y más rápido que muchos trámites penales en el país, León fue presentada ante un Tribunal, donde se le acusó de ser la portadora de varias plantas de cannabis. “Me sembraron la droga. No me dejaron ni defenderme en ese momento”, aclaró.

Después de pasar casi una semana en Core 5, la mujer fue trasladada al módulo de la GNB de El Recreo, en Caracas, una cárcel preventiva en la que pasó la mayor parte de su detención.

Fue ubicada en un pasillo poco iluminado que estaba ubicado cerca de entrada de los calabozos que estaban destinados a los hombres.

En su primera noche, León tuvo que dormir esposada a los barrotes de las escaleras que conducían a los dormitorios de los funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana. La medida, según le dijeron los efectivis, era algo que se aplicaba para saber si la persona era violenta o no.

Ya a partir del segundo día, una colchoneta en el piso era la única “privacidad”. Por los próximos 32 días ese pasillo, poco iluminado, fue “un hogar” que compartió con otras 12 mujeres.

Durante su reclusión, fueron clandestinas las estrategias para conseguir alimentos y productos de higiene. Enviaba cartas escondidas entre la ropa que entregaba a sus familiares para pedirles insumos.

Durante su estadía en la Comandancia de El Recreo, León aseguró que el peor castigo era el oficio que los funcionarios de seguridad les obligaban a hacer: limpiar los baños de los hombres.   

La situación era un tanto compleja. Lidiar con el olor putrefacto del lugar y tener cuidado para no contraer algunas de las enfermedades que sufrían los presos no le fue una tarea sencilla.

“Nunca vi los calabozos, pero el sólo hecho de pasar cerca de escaleras podías percibir el mal olor del lugar. Además, muchos de ellos tenían sarna por la falta de higiene”, recordó.

Después de 32 días en el Comando de la GNB en El Recreo, Emily no tenía ni idea de que su calvario no había finalizado.

Los tres últimos días

Sin previo aviso, León recibió la noticia de que sería trasladada al Instituto Nacional de Orientación Femenina (INOF), con el argumento de que ya había sido procesada legalmente.

“Fueron los tres peores días de los 47 que pasé detenida”, recordó.

Al ser un penal que se rige bajo el sistema del Ministerio de Servicios Penitenciarios, el procedimiento para el ingreso fue muy diferente al que León vivió en Core 5 o en la Comandancia de la GNB en El Recreo.

"A mi llegada me desvistieron para revisarme, me dieron un uniforme y después me obligaron a hacer orden cerrado, como si fuese una delincuente común”, dijo.

Compartió una pequeña celda con otras siete mujeres. Dos de ellas por cama. “Mi primera sensación fue de alerta porque tenía miedo de lo que me pudiese pasar en la celda”. Sin embargo, impuso su posición y explicó las razones de su detención.

-“Tranquila chamita, se nota que no eres como las que meten aquí”, le dijo una de las compañeras de celda.

La oscuridad en el lugar era considerable. La única manera de saber si era de día, era por el hilo de luz que pasaba por el fleco de la puerta todas las mañanas.

La alimentación era peor. Su primera cena en el lugar fue una arepa rellena con diablito, que para León “sabía a rata muerta”. “Una vez nos dieron una pasta que ninguna de las personas en la celda se la comió”, resaltó.

Luego de tres días retenida en ese centro penitenciario, León recibió su primera buena noticia en el mes y medio de detención. El 10 de septiembre de 2015, su boleta de excarcelación llegó a las puertas del INOF.

Gracias a un dinero recaudado por sus familiares y vecinos de La Ensenada se logró pagar su fianza para que saliera en libertad.

Hasta el 25 de noviembre del año pasado León se encontraba bajo proceso de sobreseimiento, por lo que se debía presentar cada semana ante el Ministerio Público.

En la actualidad, León decidió dedicarse a dos cosas: sus hijos y a defender los derechos de las personas de La Ensenada para que los indemnicen por todo lo arrebatado, saqueado y destruido durante los procedimientos de la OLP.