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Una doble desaparición forzada será llevada a instancias internacionales

Joshep Joel Hernández Ort’z, joven que se encuentra desaparecido/ Foto: ALEXANDRA BLANCO / EL NACIONAL

Joshep Joel Hernández Ort’z, joven que se encuentra desaparecido/ Foto: ALEXANDRA BLANCO / EL NACIONAL

Dos jóvenes fueron vistos, aislados, en dependencia del Cicpc, en agosto de 2012, señalan testigos. La madre de uno de ellos exige que entreguen los cuerpos

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Milagros Ortiz está dispuesta a llevar a instancias internacionales la desaparición del segundo de sus tres hijos, ocurrida la noche del 21 de agosto de 2012, cuando salió a comprar pan a un negocio de San Martín junto con un amigo, que también desapareció.

El calvario de Ortiz, abogada egresada de la UCAB, comenzó al día siguiente cuando su ex suegra le notificó que su hijo Joshep Joel no había ido a dormir a la casa. Él vivía con su abuela paterna porque en casa de su madre todo le recordaba a su papá, un oficial de la PM que murió en un accidente de tránsito en 2007. No superó esa pérdida.

No ha escatimado esfuerzos para localizar a su hijo. Lleva 2 años pegando afiches con la foto del joven, de 19 años de edad, en  paredes de Caracas, Maracay, Valencia, Los Teques y otras ciudades.

Ortiz se ha valido de su experiencia como abogada y ex funcionaria policial para llegar a la verdad. Ubicó testigos que laboran de noche y contaron que, cerca de la emergencia de la Maternidad Concepción Palacios, el 21 de agosto, hubo un incidente entre los ocupantes de una camioneta y dos jóvenes que iban en moto. En el lugar se oyeron detonaciones. Los tripulantes del vehículo obligaron a los motorizados a subir a la camioneta; un hombre bajó de ésta y condujo la moto.

Fue la última vez que Joshep Hernández Ortiz y Yenderson Gutiérrez, de 19 años de edad, fueron vistos con vida.

Dos testimonios. Hasta el 29 de agosto la abogada recibió mensajes confusos. “Con palabras que no utilizaba mi hijo, quien apenas conversaba conmigo, me pedía la bendición”.

Un contacto telefónico que tuvo le indicó a Ortiz el camino que debía seguir. Dos testigos presenciales relataron que en la División contra Extorsión y Secuestro del Cicpc vieron a dos jóvenes, que estaban aislados del resto de los presos. Tenían la cara cubierta con tirro, estaban muy delgados y eran víctimas de torturas. En un descuido, Joshep Joel dio el número telefónico de su madre a los testigos que calculan que los muchachos tendían más de 30 días en esa unidad. Ortiz piensa que en octubre de ese año los mataron. No descarta que su hijo hubiese muerto porque padecía un problema respiratorio, a raíz de la operación de un tobillo en la cual hubo exceso de anestesia.

“No voy a descansar. Ningún ser humano merece morir así”, dijo sin poder evitar las lágrimas.

Lleva dos años insistiendo para que investiguen el caso. Ha escrito cartas a  entes públicos, solo falta dirigirse al presidente Nicolás Maduro.

No obstante, logró que el Ministerio Público abriera una pesquisa. La averiguación ha avanzado, pero hasta ahora no hay presos.

Por eso pide a la fiscal Luisa Ortega Díaz que se haga justicia: “No puede un funcionario, que representa al Estado, violar los derechos humanos y los pactos internacionales”. Ella introdujo un hábeas corpus, que fue admitido, para que busquen los cadáveres, pero hasta ahora no han hecho nada.

“Como abogada digo que mi hijo fue víctima de una desaparición forzada, violándose todos los derechos y garantías”, opinó. 

Quien era Joshep Joel

El segundo hijo de Milagros Ortiz se graduó de bachiller en el liceo Anzoátegui de El Paraíso. Estudió hasta cuarto año en el liceo Juan Germán Roscio con su novia de siempre. De la relación nació una niña que hoy tiene 5 años de edad. Joshep Joel asumió su responsabilidad de padre y en vez de inscribirse en la universidad comenzó a trabajar para mantener a la bebé. Su relación con la joven terminó, y él se fue a Cumaná a la casa de una tía para estudiar Derecho, pero no pudo porque el instituto no abrió esa escuela. En diciembre de 2011 regresó a Caracas a comprar ropa y se quedó. Desde entonces comenzó a ayudar a su mamá a gerenciar una pequeña cooperativa de turismo. Se encargaba de hacer los pagos y depósitos, se entrevistaba con el personal. Por su trabajo devengaba un sueldo. Cuando Ortiz no había finalizado sus estudios de Derecho, Joshep Joel solía acompañarla a clases porque le gustaba esa especialidad y quería aprender.