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Desapariciones y homicidios son mensajes de crimen organizado

La Cota Mil es uno de los sitios preferidos para este tipo de crímenes / Álex Delgado

La Cota Mil es uno de los sitios preferidos para este tipo de crímenes / Álex Delgado

Los casos relacionados con las cinco víctimas de la Cota Mil y Ruiz Pineda indican que los homicidas actúan con alto grado de coordinación

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En Caracas se hace cada vez más frecuente que una persona o un grupo es sacado a la fuerza de su vivienda o comunidad, y posteriormente aparece ultimado en alguna vía rápida, como la avenida Boyacá, o en un sector periférico de la capital. En estos incidentes lo que más llama la atención es la osadía y el desparpajo de los perpetradores que hacen un despliegue de fuerzas al momento de atacar a sus víctimas.

Este fue el caso de la desaparición y posterior asesinato de cinco personas cuyos cadáveres fueron hallados en la Cota Mil y frente al Bloque 10 de Ruiz Pineda, entre los días 21 y 22 de junio. Las víctimas formaban parte del mismo grupo, según el Cicpc, aunque fueron encontradas en lugares distantes.

En ambos hallazgos, estaban en el interior de vehículos abandonados. Los cadáveres encontrados en la avenida Boyacá fueron identificados como Ángel Daniel Payén Parra, Francisco José Bustamante y Carlos Manuel Moncada Parra, de 26, 28 y 21 años de edad, respectivamente. Estaban en un Land Cruiser que iba a ser desvalijado por indigentes. Frente al edificio de Ruiz Pineda, en la cabina de un Cavalier, hallaron a Marcos y Zagdiel Ricardo Delgado Becerra, de 32 y 21 años, respectivamente. Ninguna de las víctimas tenía registro policial; no obstante, Zagdiel Delgado fue testigo en un juicio por privación ilegítima de libertad y robo agravado de vehículo contra Jonathan Estanca Sánchez, en febrero de 2012.

Delgado fue inicialmente detenido por la Guardia Nacional en la avenida Soublette, en Vargas, cuando iba en una buseta robada en Guatire. Con las averiguaciones quedó como testigo toda vez que conocía a Estanca. En abril el único procesado por este caso quedó en libertad por medida cautelar. 


Advertencias. El ex jefe de la División contra Homicidios de la policía judicial, comisario jubilado Luis Godoy, indicó que en casos como estos generalmente los perpetradores intentan enviar un mensaje.

“En el plano noticioso, a los homicidas les interesa que aparezcan los cadáveres. Aunque los organismos no logren identificar a los criminales científicamente, sí desean enviar un mensaje: quien haga lo que hacían las víctimas le pasará lo mismo”, explicó.

El mensaje va dirigido primordialmente al entorno de las víctimas, a los deudos, socios o personas que compartían la misma profesión. En esto, los asesinos intentan atemorizar a los receptores del mensaje, pero según Godoy la situación en Venezuela todavía dista de parecerse a la de países como México o Colombia, donde la violencia criminal ha sido asociada con el terrorismo.

Para el comisario jubilado José Cuéllar en los casos de la Cota Mil y Ruiz Pineda la acción de los criminales tiene dos lecturas. Por una parte, dijo, hay una demostración ostensible de la organización del grupo, de su capacidad para planificar y disponer de importantes recursos.

“El otro mensaje es más general: si queremos hacerlo, lo haremos de una forma u otra. Para ellos no es importante esconder el cadáver. Lo dejan como demostración de que sí lo hacen”, añadió.


Obtención de datos. Godoy no descartó que en este caso los homicidas intentaran obtener datos de sus víctimas. Eso explicaría por qué los hermanos Delgado fueron ultimados después de los otros integrantes de su grupo. “Quizá quieran saber algo más y se los llevan para sacarles más información”, indicó.

Aclaró que desconoce los pormenores del caso, pero dijo que podría tratarse de un ajuste de cuentas o una venganza hacia alguna de las personas asesinadas.  


Control del lugar. A los comisarios no les sorprende el uso de la avenida Boyacá para abandonar los cadáveres. Se trata de una vía rápida y poco vigilada, especialmente de noche. Además tiene en su lado norte zonas boscosas que permiten el ocultamiento mientras se lleva a cabo el crimen. Cuéllar, sin embargo, recordó que en el Distrito Capital hay otros sitios de liberación escogidos por grupos criminales. Todos están en áreas periféricas, como Parque Caiza o La Mariposa.

En todos estos sitios, los delincuentes pueden actuar con suficiente holgura como para dejar a las víctimas y, posiblemente, remover alguna evidencia.

“Se necesita una sangre muy fría. Hay toda una planificación. Cuando hablamos de sicariato generalmente es distinto pues en estos casos a la gente van y la matan. Estos grupos corren un riesgo al tener a la gente viva durante un tiempo, por eso necesitan mayor planificación. En las vías generalmente tienen un carro que va adelante, y que avisa”, afirmó Godoy.  


Pesquisas complejas. Como en toda investigación de homicidios, los detectives intentan establecer una relación entre la víctima, el victimario, los medios de comisión del delito y el sitio del suceso, pero en casos como estos los expertos advierten una complejidad mayor. Los cadáveres pueden aparecer en sitios de liberación. Las evidencias pueden ser extraídas deliberadamente del sitio del suceso y los deudos pueden abstenerse de aportar datos debido al temor.

“Lo primero que haces es identificar a las personas. Contactar con su mundo original, colocarlas en tiempo y espacio para ver quiénes pudiesen ser sus enemigos. Empiezas a reconstruir la vida de las víctimas a partir del momento cuando desaparecieron. De allí comienzan a salir informaciones”, explicó Godoy.

Si el interés de los homicidas era evitar que el cadáver fuese encontrado, una vez identificado quedan al descubierto datos que probablemente conducirán a los homicidas. Este fue el caso de Yuclehiby Jesús Hernández, un joven de 17 años de edad que desapareció en San Antonio de Yare el 26 de mayo y fue ultimado posteriormente por cuatro miembros del grupo Los Sanguinarios, luego de una discusión en una fiesta.


Hernández fue acuchillado. Tres días después, ante el escándalo en los Valles del Tuy, los delincuentes volvieron al sitio del suceso para desmembrar y quemar los restos. Parte de ellos fueron lanzados en bolsas al río Tuy, pero el Cicpc encontró una dentadura y se logró una identificación plena de la víctima. Los homicidas fueron detenidos; uno de ellos tiene 16 años de edad.


Colectivos

El ataque a las víctimas y su posterior asesinato en otros lugares también han sido practicados por colectivos o grupos armados. Dos importantes miembros de La Piedrita, por ejemplo, fueron detenidos por el Cicpc debido al homicidio de un escolta del Ministerio de Relaciones Interiores. Durante las pesquisas se hallaron evidencias que supuestamente vinculaban a este grupo con un homicidio en Las Mayas. La víctima fue torturada en el sótano de un inmueble de Quinta Crespo. Otro colectivo sería responsable de la matanza de tres personas que se habían llevado anteriormente de La Pastora, el 24 de junio de 2012. Sus cadáveres aparecieron en la Cota Mil. Para los expertos lo importante en estos casos es la reafirmación del control del territorio donde las bandas operan abiertamente. Además, se difunde la noción de que sus miembros y no los cuerpos de seguridad son los verdaderos aplicadores de las normas en esos lugares.