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"Cuatro años de impotencia por no saber si está vivo o muerto"

Nery Pineda va dos veces al mes al Ministerio Público para presionar para que no olviden el caso de su hijo / Jesús Ruiz Ramírez

Nery Pineda va dos veces al mes al Ministerio Público para presionar para que no olviden el caso de su hijo / Jesús Ruiz Ramírez

En 2009 Oscarling de Ávila fue secuestrado junto a tres amigos en Palo Verde. Su madre acude dos veces al mes a la Fiscalía para saber cómo van las investigaciones

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Nery Pineda va dos veces al mes al Ministerio Público para presionar para que no olviden el caso de su hijo JESUS RUIZ RAMIREZ
Risas, comida y bowling. Un paseo familiar que tenía tiempo sin suceder entre los hermanos De Ávila y su madre.

"Esa tarde la pasamos buenísimo, como si supiéramos que pronto nos separarían", dijo Lamia de Ávila, que desde hace 1.047 días no ve a su hermano menor.

El 13 de mayo de 2009 Oscarling de Ávila, de 23 años de edad; Jeral Herrera, de 21 años; John Alexander Rivas, de 18 años, y Liber Key Figuera, de 23 años, fueron raptados en Palo Verde, cuando De Ávila se disponía a cancelar la mensualidad de la universidad. Un conocido avisó a los parientes de las víctimas y allí comenzó el calvario de la desinformación para las cuatro familias.

El caso ha pasado de las oficinas de tres divisiones del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Personas Extraviadas, Antiextorsión y Secuestro y Contra Homicidios) a las manos de los fiscales 69°, 86° y 34° del Ministerio Público. En cuatro años ninguna de estas instituciones ha podido hallar el paradero de los jóvenes ni dar a los parientes alguna esperanza de que las investigaciones han avanzado más que como las dejaron en 2009.

"Nos dicen que como no han recibido más pistas dejaron el caso y pasaron a otros. A veces dicen que debemos esperar que el fiscal llegue de vacaciones o que están indagando", aseveró De Ávila.

Sin embargo, Nery Pineda, su madre, es la única de las afectadas que sigue acudiendo dos veces al mes a la sede principal del Ministerio Público, en la avenida México, para recordarles a los funcionarios que existen cuatro jóvenes que deben buscar. Cada vez que lee en los periódicos que encontraron un cadáver sin identificación corre a la medicatura forense a ver si se trata de alguno de los muchachos. Pistas dadas por guías espirituales de la santería la han llevado hasta Barinas, pasando por Los Teques, Higuerote y Barcelona, para reencontrarse con su "Santo", como le decía de cariño.

"Las demás mamás se resignaron. Ella dice que no se va a cansar de ir hasta que le digan si están vivos o muertos o dónde están", mencionó la hija.

Cambio de vida. "Desde que desapareció mi hermano la vida de mi familia cambió. No celebramos Navidad ni Año Nuevo; mucho menos el Día de la Madre o del Padre", aseguró De Ávila.

Pineda aún guarda la ropa de su hijo en una repisa de su cuarto y tiene en el monedero los dos billetes de 100 bolívares que le dio el joven antes de ser secuestrado.

Periódicamente acude a tratamiento psicológico en el Hospital Clínico Universitario, después de que la insistencia de sus hijos y la recomendación de su médico internista surtieran efecto en ella en 2011.

"Mi mamá llora cada vez que lo recordamos y se volvió más casera que antes. No le gusta el bochinche y prefiere estar sola en las fechas festivas. Se apoya en mi papá que la acompaña a hacer los trámites en Fiscalía", mencionó, y agregó que cada vez que los tres hermanos De Ávila se reúnen, todos recuerdan a Oscarling por sus bromas y buen gusto para vestir.

El joven estudiante de Ingeniería en Computación de la Universidad Alejandro de Humboldt es padre de tres varones, uno de 8 años de edad y dos de 7 años, y una niña de 6 años. El mayor de ellos es el que más lo recuerda. "Cada vez que hace los regalos en la escuela del Día del Padre él dice que se los va a dar a su papá cuando regrese de viaje. Eso le dijimos para que no le afecte la desaparición", contó.

Lamia de Ávila sigue incluyendo en sus oraciones a su hermano menor, al "consentido". Pide para que Dios lo ilumine y le haga regresar a casa o que las autoridades lo encuentren para que lo devuelvan con los suyos. "Nos sentimos impotentes, porque no sabemos si está vivo. Se fue la alegría de la casa y todavía seguimos esperando que regrese".