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Violencia en adolescentes es reflejo de su entorno social

Michele Buraglia murió en la cancha del liceo Andrés Bello el 8 de enero | Foto: Leonardo Guzmán

Michele Buraglia murió en la cancha del liceo Andrés Bello el 8 de enero | Foto: Leonardo Guzmán

La directora de la fundación Luz y Vida señaló que el venezolano ya no se escandaliza ante situaciones de agresión

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Una de las consecuencias de la constante violencia en el país es que el venezolano ha perdido la capacidad de asombro ante hechos tan abominables como que un adolescente de 15 años dispare un arma de fuego contra una compañera de liceo o que un joven de 13 años asesine a su madrastra a batazos.

Estos hechos ocurrieron en Caracas con apenas una semana de diferencia, y es por ello que expertos que trabajan el tema de la violencia en los adolescentes coinciden en señalar que son el reflejo del entorno social donde los jóvenes crecen.

“Lo primero que hay que destacar es que el adolescente, cuando es victimario, no está impune ante la ley y debe ser castigado por lo que haga de acuerdo con lo que establece la Ley Orgánica para la Protección del Niño y el Adolescente, pero en Venezuela estamos ante un panorama donde la violencia se ha convertido en el medio para resolver conflictos y donde ocurren hechos que pasan desapercibidos como los gritos, los empujones y algunos tipos de agresiones físicas porque eso es lo que ven en el hogar, en el sector donde viven y lo reflejan en el colegio y en sus relaciones con otros. La sociedad se ha vuelto tolerante ante este tipo de delitos”, dijo Oscar Misle, director de Cecodap.

De víctimas a victimarios. De acuerdo con el informe de 2011 del Ministerio Público, los despachos encargados de la investigación de la Responsabilidad Penal Adolescente recibió 18.388 casos, en los cuales el individuo que cometió algún tipo de delito fue un menor de 18 años de edad.

De todas las denuncias, 37,6% culminó en una acusación formal contra el o los adolescentes que incurrieron en algún tipo de delito, es decir, 6.918 casos, mientras que 50,2% terminó con la solicitud de sobreseimiento por parte del Ministerio Público.

En los casos que ocurrieron recientemente en Caracas –el asesinato de la estudiante de 5° año de bachillerato Michele Buraglia–, el autor intelectual del crimen es un joven de 15 años de edad, que planificó matar a otra muchacha con quien había tenido un noviazgo. Su impericia en el manejo de la pistola Browning 9 mm provocó la muerte a una muchacha que nada tenía que ver en el problema.

Este adolescente y sus dos cómplices, también de 16 y 15 años de edad respectivamente, fueron acusados ayer por el Ministerio Público. Extraoficialmente se supo que el autor material del homicidio habría confesado a las autoridades del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas que el arma que utilizó la pidió prestada en el barrio de Petare donde vivía.

En el caso de Griselda García Azuaje de 35 años de edad, su hijastro de apenas 13 años de edad la golpeó con un bate de aluminio mientras dormía hasta que le provocó la muerte. El Ministerio Público no ha informado qué pasó con el joven, si está detenido o en libertad. Sin embargo, de manera extraoficial se conoció que supuestamente el padre habría contratado tres abogados para lograr que al adolescente lo beneficien con el pago de una fianza.

“En la sociedad venezolana de estos días el problema es que se descalifica al débil y se potencian los patrones culturales de relaciones violentas a todos los niveles. Las reacciones agresivas están a la orden del día y lo que es más grave aún es que no nos escandalizan. La violencia en Venezuela es un asunto medular”, señaló Gloria Perdomo, trabajadora social y directora de la fundación Luz y Vida, que trabaja el tema de la violencia en zonas populares de Petare.

Considera que la situación se ha agravado por la gran cantidad de armas de fuego ilegales que están en manos de civiles. Lo que antes era una simple pelea que podía terminar a golpes, ahora termina en un tiroteo, donde por lo menos una persona resulta herida o muerta, señaló.

Otros casos

- En noviembre de 2012, la comunidad de Mariara, en Carabobo, fue testigo de la masacre de cinco miembros de una familia que fue asesinada por adolescentes del barrio donde ocurrieron los hechos. La víctimas fueron Carlos Lagos, de 53 años de edad; su esposa Eufemia Castillo, de 45 años de edad; el hijo de la pareja, Carlos Lagos, de 24 años de edad y su novia Karen Luisana Zavala Serven, de 20 años de edad, que tenía cinco meses de embarazo. La comunidad intentó linchar a uno de los responsables, un adolescente de 16 años de edad.

- En octubre 2012, Ángelo Alfredo Prado Perdomo, de 18 años de edad, fue rociado con gasolina y prendido en fuego cuando salía del liceo 18 de Mayo en el municipio Linares Alcántara de Maracay. Tres jóvenes, entre ellos dos menores de edad, estudiantes de bachillerato, lo agredieron por ser homosexual y casi le provocan la muerte.

- En diciembre de 2011, a Isaías Daniel Muñoz Orozco, estudiante de bachillerato de 14 años de edad, murió en Cabimas. Sus compañeros de la escuela técnica industrial Juan Ignacio Valbuena –todos adolescentes de entre 14 y 16 años– lo golpearon salvajemente. Falleció después de varios días de agonía.