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Primero escucharon al perro ladrar, luego a una mujer llorando

“Todavía no he asimilado la muerte de mi hijo”, sostuvo su padre

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Robert Serra, padre del diputado del PSUV asesinado el miércoles por la noche en el interior de su casa, aún no asimila la muerte de su hijo. Se enteró de la noticia varias horas después, por la llamada de un hermano. Trabaja como supervisor de ventas y la noche del crimen el hombre durmió en Charallave, pues realizaba unos recorridos por la zona. “A las 6:30 pm del miércoles le pasé un pin a Robert para informarle que no iba a dormir en la casa. Sé que leyó el mensaje, pero no me respondió”. 

Desde temprano y hasta las 2:00 pm estuvo encargado de recibir en la casa a los funcionarios del Cicpc, Fiscalía y Sebin que adelantan las investigaciones.

Cuando los funcionarios se retiraron, el hombre se tomó un tiempo para hablar de su hijo. “Todavía no he asimilado la muerte de mi hijo. Era excelente hijo y persona. Él no tenía frenos en su trabajo y yo sabía que iba a seguir evolucionando. Desde pequeño Robert siempre decía que algún día iba a llegar a ser presidente. A él lo que más le indignaba era la pobreza, por eso era fanático de ayudar a los pobres. Cada Día del Niño preparaba una actividad para ellos y les regalaba juguetes”.

Serra recuerda que una de las bondades del joven era la capacidad que tenía de tener contacto con la gente: “Siempre me impresionó que él entraba a la parte más radical del 23 de Enero. Robert le llegaba a la gente facilito. En sus tiempos libres le gustaba leer. No había un libro que no haya tenido en sus manos. Entre sus lecturas favoritas, destacaban los libros socialistas. También le gustaba el beisbol y los Navegantes del Magallanes”.

El diputado a la Asamblea Nacional vivió toda su vida con su abuela paterna en Catia. En noviembre iba a cumplir dos años viviendo entre las esquinas de Nazareno a San Fernando de la parroquia La Pastora en la vivienda número 120. Allí residía con su padre y con dos compañeras de trabajo, entre ellas, una joven que le llevaba la prensa y le ayudaba a organizar la logística de los eventos en los que trabajaba.

“Él se vino a esta casa porque era más grande y además aquí realizaba reuniones para discutir temas de su circuito. María Herrera no era pareja de mi hijo. Ella era su asistente”, dijo su padre, quien aseguró que el diputado después que revisaba su agenda y veía que no tenía más trabajo despachaba a sus escoltas.

El padre de Serra considera que una de las personas que ayudó a su hijo a evolucionar en la política fue el gobernador del estado Anzoátegui, Aristóbulo Istúriz: “Cuando Robert no se había terminado de graduar lo contactó porque él era ministro de Educación para pedirle ayuda con una amiga que le habían raspado una materia sin justificación. Me imagino que Istúriz vio su potencial”.

Serra era el mayor de 3 hermanos. Su hermana tiene 16 años de edad y su hermano 18.

En la parroquia La Pastora también tratan de asimilar el crimen de quien se convirtió en un buen vecino. El político realizaba jornadas de Mercal todos los meses y regalaba juguetes a los niños, contó la señora que vive en la casa contigua a la de Serra. “La noche del miércoles nos acostamos temprano. A eso de las 9:00 pm oímos al perro de la casa del diputado ladrando como en la azotea y a las 9:30 pm escuchamos a una muchacha llorando en la puerta de la casa. Cuando salimos, la escuchamos diciendo que los habían matado. Después llegaron muchos funcionarios policiales”, agregó.

Algunos vecinos dijeron que vieron dos motos de alta cilindrada encendidas en las afueras de la casa del diputado. “Las puertas estaban abiertas, pero me quedé tranquila porque pensé que eran sus escoltas”, aseguró una mujer.