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Familiares de las víctimas del Picure se conocen en el cementerio

Luiyerlyn Alvarado y William Mendoza, padres de Diego Mendoza | Foto Geraldine López

Luiyerlyn Alvarado y William Mendoza, padres de Diego Mendoza | Foto Geraldine López

Ni la fiscal General, Luisa Ortega Díaz, ni el defensor del Pueblo, Tarek William Saab, han respondido al clamor de los padres de Diego Mendoza, de 9 años, quien murió después de recibir cinco disparos, uno de ellos en el ojo

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Tres meses han pasado y el caso continúa sin resolverse. Luiyerlyn Alvarado y William Mendoza, denunciaron que la fiscal de la República, Luisa Ortega Díaz, y el defensor del Pueblo, Tarek William Saab, no se han pronunciado por la muerte de su hijo Diego Alejandro Alvarado Mendoza, de 9 años, quien recibió 5 tiros presuntamente propinados por miembros de la banda del “Picure”.

Sus padres lamentan no ser figuras públicas. Aseguran que, de ser así, ya hubieran aprehendido a los responsables del hecho.

“Cuando ocurrió lo de Mónica Spear, agarraron a los homicidas inmediatamente, igual pasó con el diputado Robert Serra, pero como nosotros somos simples venezolanos, el asesinato de nuestro hijo continúa impune”, comentó Alvarado.

Indicó que han acudido a varios organismos de seguridad y solo en uno recibieron respuesta por parte del defensor de la región de Guárico, abogado Juan Sierra, quien les informó que abrió un expediente sobre el caso.

“Hemos introducido cuatro cartas; escuchamos cuando los funcionarios se burlan diciéndonos que si pensamos que el Picure va a caer así de fácil”.

Expresaron su preocupación por la “tranquilidad” con la que se maneja el caso.

“Pareciera que él estuviese protegido, no vemos OLP por las zonas boscosas de Guárico ni en el sur de Aragua (…) La policía debe meterse a esos lugares con las mismas armas que tienen esos criminales. No lo han aprehendido por falta de voluntad”, aseguraron.

Denunciaron que el Picure es quien autoriza, incluso, la circulación de los camiones cisterna en la región.

Mendoza indicó que en una oportunidad, vecinos de la comunidad, conocieron al responsable de matar a su hijo porque comentó: “Coño, maté a un carajito”.

Indicaron que por temor a perder la vida y a la nostalgia que les causa, no volvieron a su casa en Aragua.

“No hemos podido reponernos de lo que sucedió. No regresaremos a la casa, tememos por nuestras vidas, además la casa es toda Diego”, apuntó.

Alvarado comentó que ha conocido a varias personas en el cementerio, las cuales también han sufrido la pérdida de un familiar a manos de la banda del Picure.

“Diego era mi identidad, no tengo nombre, soy una amputada del alma, me pondré a buscar la justicia así pierda la vida”, comentó su madre.

Su padre declaró ser un abandonado común: “El dolor es terrible, cuando te matan a un hijo, matan a toda la familia”.

Cómplices

Tanto Mendoza como Alvarado denunciaron que la misma gente que vende comida en la vía es la que le informa a la banda cuando hay operativos policiales, o si pueden llevar a cabo un secuestro, por el tipo de vehículos que circulen en la carretera.

“Los miembros de la banda les pagan las rentas a los teléfonos para que los mantengan informados. La gente los apoya. Pensamos que ellos querían secuestrarnos o robarnos la camioneta porque solo circulan por localidad con puras 4x4”, comentaron.


Caso

Durante el mediodía del 3 de agosto de 2015, Mendoza regresaba con Diego Alejandro, y tres familiares (abuela y dos tías) más de un viaje de vacaciones a bordo de una Toyota Fortuner. Transitaban por la salida de Sombrerero hacia los Dos Caminos, estado Guárico.

En el trayecto, de una camioneta igual pero color beige, cinco hombres les ordenaron detenerse.

Mendoza intentó acelerar pero su acción fue frustrada por los otros sujetos, quienes dispararon en cinco oportunidades al vehículo, obligándolo a que se saliera de la vía y colisionara. Todos los tiros alcanzaron a su hijo, uno de ellos en el ojo.

Con fusiles AK103 y radios, fueron emboscados. Abrieron las puertas de la camioneta y conminaron a Mendoza a que se bajara, mientras este indicaba que no tenía nada de valor. Sus palabras fueron silenciadas por los gritos de la tía y abuela de Diego, quienes gritaban que le habían disparado al niño.

Los miembros de la banda del Picure, al percatarse de que realmente hirieron al menor, lo observaron y abandonaron el lugar como si nada hubiese pasado.

En el carro había cosas de valor, como laptops, dinero y prendas. Los antisociales huyeron sin llevarse nada.

Diego era un talento en potencia

Sus padres recordaron cómo era Diego, considerado por todos sus amigos como "el mejor amigo".

“Regresamos del viaje porque nos dijo que tenía una agenda muy apretada, debía verse con varios amigos”, comentaron.

Alvarado dijo que su hijo practicó natación y pertenecía a una escuela de canto. Además, le encantaba estar en Caracas, dijo.