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Párroco de La Manguita expresó solidaridad a familiares

En la funeraria Memoriales de la Esperanza, donde velaron a los niños José Medina y Gabriel Pinto, numerosas personas fueron a apoyar a los padres y familiares | Foto Tibisay Romero

En la funeraria Memoriales de la Esperanza, donde velaron a los niños José Medina y Gabriel Pinto, numerosas personas fueron a apoyar a los padres y familiares | Foto Tibisay Romero

El conductor hacía una suplencia al dueño del transporte porque este se encuentra enfermo, indicaron familiares 

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Ayer en la tarde en el cementerio Jardines del Recuerdo se realizó el sepelio de tres de los cinco niños que murieron, cuando el transporte escolar en el que iban a la escuela chocó contra un poste y se incendió. En el accidente, ocurrido en La Manguita, parroquia San José de Valencia, el martes fallecieron cinco menores y el conductor de la camioneta.

Numerosos familiares, amigos, profesores y vecinos acompañaron hasta su última morada los cuerpos de José Medina, Gabriel Pinto y Haili Jiménez. Los dos primeros fueron velados en capillas contiguas en la funeraria Memoriales de La Esperanza, ubicada por la zona cercana al Rectorado de la Universidad de Carabobo.

Haili Jiménez, la única niña que murió en el accidente, fue velada en la funeraria Santa Rosa de la urbanización San José de Tarbes.

Las expresiones de tristeza e impotencia de familiares y amigos se mezclaron con las muestras de solidaridad en ambos sitios.

El sacerdote José Pascual, de la parroquia La Purísima, que asiste a la comunidad de La Manguita expresó: “Creo que nuestra palabra es una de fe, de solidaridad al pueblo valenciano, a nuestra comunidad cristiana de La Manguita, a las familias ante un hecho tan lamentable como este y como personas de fe estamos acompañando a las familias desde la fe y la esperanza porque no tenemos más palabras humanas que no sean esas”.

Agregó en las puertas de la funeraria Memoriales de La Esperanza que las familias que perdieron a sus niños y al conductor son integradas por gente humilde, trabajadora, sencilla.

“Como todos los venezolanos, luchan por levantar su hogar y lamentablemente unido a la pobreza en la que se vive; ahora el dolor y la tragedia nos ha embargado”, dijo el padre Pascual.

Ariet Saba, sicopedagoga de la escuela Ángel Cervini –donde estudiaban los menores fallecidos– indicó que a casi todos los tuvo dos años como alumnos.

“Eran niños muy tranquilos, unos niños a los cuales se les estaba ayudando en dificultades de aprendizaje y habían avanzado bastante”, expresó.

Beatriz Montilla, profesora de Cultura, dijo entre sollozos que a todos les dio clases de danza y teatro. “A Haili, últimamente le di clases. Teníamos una danza y ella era una de las que participaba”.


En La Manguita. En la calle Valencia, casa 63 de La Manguita, velaron al conductor del carro siniestrado, Argenis Alejandro Perozo, de 57 años de edad. En la sala de la casa de su hermana, que lleva casi 30 años en esa zona, colocaron el féretro y una foto con el rostro de Perozo. Había nacido en Yaracal, estado Falcón, pero hace más de 20 años vino a vivir a Valencia.

Familiares relataron que Perozo no era el conductor habitual del transporte. El dueño de la camioneta Wagoneer, Rafael Perdomo, le pidió que le hiciera la suplencia por esta semana debido a que se enfermó y su condición de salud no era buena.

“Él era mecánico y vendía tarjetas”, dijo su primo Humberto Rodríguez. Añadió que el accidente ocurrió por una falla mecánica de la camioneta.

Perozo no dejó hijos ni estaba casado. El sepelio fue en el Cementerio Municipal de Valencia también ayer en la tarde.

En la morgue de Valencia, familiares de los niños Billy Samuel González y Jairo Veloz, ambos de 9 años de edad, esperaban por la entrega de los cuerpos. Indicaron que esperaban los resultados de las pruebas de ADN para la identificación plena de los menores, tal como lo solicitaron fiscales del Ministerio Público.


Dos valientes

El niño Cristian Pérez, de 12 años de edad, viajaba en la camioneta y salió despedido al volcarse el carro luego del choque. Como pudo se puso de pie y ayudó a sacar a su hermanito César Pérez que estaba dentro del vehículo. Auxiliaba a otro niño cuando vino la explosión. Siete puntos en la cabeza y escoriaciones en el cuerpo le causaron el accidente.

Otro testigo, José Infante, iba en su moto al trabajo cuando vio lo que ocurría con la Wagoneer. Dijo que él bajaba, pero no pudo alcanzar la camioneta.

“Al otro niño no lo pude sacar. Le toqué los dedos, pero cuando lo estaba halando se originó la explosión. Allí no pudimos hacer nada, empezamos a echarle tierra a la camioneta”, explicó.

Colaboró sacando los cadáveres de tres niños, pero luego entró en shock. En el proceso de auxilio sufrió quemaduras en el brazo derecho.