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Mataron a padre cuando jugaba con sus hijos en su casa

Ángel Antonio Lara, de 47 años de edad, les reclamó a azotes de Las Minas de Baruta, pues hicieron tiros al aire, pero se molestaron y le dispararon en la cara

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Mientras jugaba pelota con sus tres hijos en la platabanda de su casa, Ángel Antonio Lara, de 47 años de edad, recibió un tiro en la cara porque les reclamó a los azotes del barrio que hicieran tiros al aire, por temor a que una bala alcanzara a uno de sus niños.

El hecho ocurrió el lunes en la tarde en la calle El Rosal de Las Minas de Baruta cuando delincuentes estaban cerca de la casa de Lara. Molestos por la solicitud del hombre le dispararon en la cara delante de los pequeños.

Su esposa Mireya Cabello dijo en la morgue de Bello Monte que Lara era albañil y nunca había tenido problemas con delincuentes.

Afirmó que toda su vida la dedicó a su familia y dejó cuatro hijos.

“En nuestro país no hay justicia, matan a la gente por cualquier motivo. En la zona donde vivimos sobran los delincuentes, vivimos asustados y quien reclama algo que no le gusta lo matan, como le sucedió a mi esposo”, agregó Cabello.

En lo que va de asueto de carnaval han sido ingresados a la morgue de Bello Monte 38 cadáveres. Entre las víctimas se encuentran casos de homicidios, accidentes de tránsito y muertes naturales que están en investigación.

 

Madre alcanzada por bala perdida. En el sector 13 de Enero de Campo Alegre, estado Aragua, murió Rosa Angélica Martínez González, de 35 años de edad, al ser alcanzada por una bala perdida al momento en que se asomó a la calle al escuchar unas detonaciones. Afuera jugaba carnaval uno de sus hijos y ella salió a buscarlo para ponerlo a resguardo. La mujer era madre de cinco niños.

El hecho ocurrió el domingo a las 5:30 pm. A la víctima no le dio de tiempo de buscar a sus hijos, pues apenas salió a la puerta de su casa recibió el tiro en la cabeza. Murió antes de llegar al Hospital Los Samanes, adonde fue trasladada.

Según información del diario El Aragüeño, la víctima vivía en la zona desde hacía 29 años. Se ganaba la vida vendiendo empanadas en un local al lado de su vivienda y frecuentaba la iglesia evangélica Montesanto, en el sector Los Cocos.