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Huyó a Colombia plagiario y asesino de comerciante

José Enrique Maia fue ultimado y desmembrado cuando sus familiares iban a pagar una parte del rescate exigido por sus captores

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Uno de los principales implicados en el secuestro y asesinato del comerciante y copropietario de la panadería Arabito de Catia, José Enrique Maia Sardinha, habría huido a Colombia.

El hombre de apellido Quiroz, de 26 años de edad, es un albañil que supuestamente participó en la captura del comerciante durante la madrugada del 8 de julio. Se cree que participó en este crimen con por lo menos otras cuatro personas, tres de ellas residentes de Nuevo Horizonte.

El viernes 11 de julio Quiroz desapareció del barrio. El hombre reconoció a sus familiares que estaba “metido en un lío” y se fue de su vivienda con un celular prestado. Actualmente estaría en una población del departamento colombiano Magdalena, donde nació su mamá.

La cabeza y las manos del comerciante fueron halladas al día siguiente frente a un supermercado de la avenida San Martín.

Otros dos de los nueve empleados de la panadería de Maia están bajo investigación. Son apodados Enano y Catire. Al menos uno de ellos también formó parte del trío que plagió al comerciante. Sabían, por ejemplo, dónde estaba una carpeta con los nombres de los clientes y la facturación.

Durante su cautiverio Maia solamente habló por segundos con su esposa para decirle que estaba cautivo. Al hermano de la víctima un sujeto autodenominado Fresa le hizo escuchar por teléfono una grabación en la que el secuestrado le pedía empeñar los vehículos de la familia y vender las empresas para reunir ocho millones de bolívares.

Durante las negociaciones con el hermano del cautivo, Fresa afirmó que ocho personas conformaban la banda de plagiarios y que además tenían dos informantes. Por eso se negó a recibir un primer pago de cien mil bolívares. Argumentó además que él quería comprarse un reloj de Bs 150.000. Exigió que reuniera por lo menos dos millones de bolívares y que los entregara el 11 de julio en un lugar que le notificarían.

El monto nunca fue reunido. Los familiares de Maia intentaron empeñar lo que tenían pero reunieron muy poco. Los captores además no tenían mucha disposición para negociar. Cuando habían transcurrido tres días del secuestro se perdió todo contacto.

Mientras tanto, efectivos del Comando Nacional Antisecuestro de la GN ya tenían una idea de quiénes formaban la banda. Comenzaron a citar a los familiares de los antisociales. Al aparecer el cadáver CICPC asumió las averiguaciones.