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4 GN "arrepentidos" testificaron en caso de droga enviada a España

La investigación sobre el hallazgo de 1,4 toneladas de cocaína en el país europeo en un avión que despegó de Valencia todavía tiene puntos oscuros

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Luego de más de un año de averiguaciones, el Ministerio Público no ha podido aclarar en todos sus detalles el caso del jet Bombardier que salió del aeropuerto de Valencia el 12 de agosto de 2012, cargado con 1,4 toneladas de cocaína.

El aparato identificado con las siglas 9H-FED despegó del terminal aéreo a la 2:30 am de ese día, luego de permanecer poco más de seis horas en un hangar del Aeroclub Valencia. Esta operación ocurrió en momentos en que la instalación no estaba en operaciones, por lo que inicialmente se pensó que la nave había sido hurtada.

Documentos recabados sobre este caso indican que para el momento del despegue José Núñez, controlador aéreo de guardia, dormía en un sofacama en la torre de control y no se percató de lo que sucedía hasta que recibió una llamada de emergencia desde Maiquetía. En ese momento se decidió que no valía la pena enviar cazas de intercepción, pues la nave en huida tendría tiempo suficiente para salir del espacio aéreo venezolano.

Núñez se comunicó con los pilotos del jet y estos supuestamente le indicaron que no regresarían “por razones de seguridad”. Tanto el capitán como el copiloto y la azafata fueron detenidos en Gran Canarias donde fue decomisado el alijo de cocaína, pero luego les dieron medidas de presentación, toda vez que habrían actuado coaccionados por los dueños de la droga.


Los arrepentidos. Al conocerse lo sucedido con el jet, Tareck el Aissami, entonces titular del MRI, y el general Néstor Reverol, presidente de la ONA, tomaron el aeropuerto e hicieron interrogatorios por separado, junto con policías y guardias nacionales.

En primera instancia 21 personas fueron detenidas; 9 de ellas son funcionarios de bajo rango de la GN, ninguna con capacidad probada para financiar y dirigir una operación de esa magnitud. Los fiscales Linda Goitía, María Briceño, Milagros Espinoza y Eylin Ruiz negociaron con cuatro de los guardias inicialmente detenidos para que sirvieran como testigos y lograr así un tratamiento benévolo. Además, sobreseyeron a Isaías García Pinto, comisario del Sebin, inicialmente incriminado debido al cruce de llamadas telefónicas.

La droga llegó al aeropuerto en bolsos deportivos que eran transportados en dos camionetas pick up, de acuerdo con los testimonios. Durante la audiencia preliminar, uno de los imputados (vigilante de la entrada) señaló que la Guardia Nacional le ordenó abrir la puerta para que pasaran estos vehículos. Luego, las cámaras de vigilancia captaron el momento cuando el avión fue cargado con los bolsos.


Sin policías. Durante las pesquisas surgieron a la luz varias irregularidades. La primera, que al momento de la llegada del jet a Valencia la oficina de Interpol en el aeropuerto estaba cerrada. Los pasaportes sólo fueron chequeados en el Saime.

Los tripulantes de la nave tenían reservación en el hotel Embassy Suites, de la capital carabobeña, pero prefirieron quedarse en cabina. El taxista que los iba a llevar esperó un tiempo prudencial y luego se fue. La única pasajera que llegó en el jet salió del aeropuerto y nunca más fue vista. El entonces titular de Relaciones Interiores anunció que habían emitido una boleta roja para detenerla.



Sin informe

La empresa de servicios que tramitó la llegada del jet (Banyan Services) consignó en el INAC un plan de vuelo con destino Río de Janeiro. No obstante, la aeronave fue equipada con más del doble del combustible requerido para este trayecto. Los empleados de Pdvsa nunca fueron detenidos. Dos representantes de la compañía permanecen detenidos en Tocuyito.

Finalmente el expediente del caso aún no tiene los informes de las autoridades europeas relacionadas con este decomiso. Es decir, el principal delito no ha sido constatado desde el punto de vista procesal. Se desconoce, por tanto, cuál de los numerosos grupos que operan el país era el propietario del alijo.