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“Después de tres años, la esperanza es que alguien nos ayude”

Autoridades no encontraron el peñero Ufo en el que se embarcaron los desaparecidos | Foto: Francesca Commissari

Autoridades no encontraron el peñero Ufo en el que se embarcaron los desaparecidos | Foto: Francesca Commissari

Cuatro hombres desaparecieron luego de zarpar desde Higuerote a La Tortuga. Llevaban provisiones a unos pescadores

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La historia de El Náufrago no es solo un libro o una película reconocida. Es también la historia de cuatro hombres venezolanos que empezó el 21 de noviembre de 2010 y aún no tiene su punto final, porque a casi tres años no se sabe nada del caso.

Para los familiares de Faustino Vigil, José Gregorio Manjarrez, Héctor Manuel Alonso y Juan José Machado los 1.056 días que han transcurrido desde la desaparición en alta mar de los hombres han sido de angustia, especulación e impotencia. En esos tres años sus esposas, madres y hermanas pidieron a la Capitanía del Puerto de Carenero, Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas, Gobernación de Miranda y al Ministerio de Relaciones Exteriores que los ayudaran a encontrarlos. No hubo ruego que surtiera efecto ni carta que conmoviera a un organismo público para que reanudaran las investigaciones y dieran con su paradero.

“La esperanza que tenemos es que alguien nos dé un apoyo. Alguien que diga que sí se va a hacer algo, pero que no quede solo en palabras. Que nos orienten. Que nos echen una manito”, dijo Mirna Vigil, hermana de Faustino Vigil.

Él salió ese domingo de 2010 a las 4:30 am de su casa para embarcarse en el peñero Ufo, rumbo a la isla La Tortuga. No hizo caso a su padre, quien le advirtió del mal clima que se pintaba en el horizonte de la población de Higuerote en el estado Miranda. Con los otros tres compañeros quisieron llevar provisiones y gasolina a unos pescadores que entre Vigil y Alonso habían contratado para su negocio como proveedores de restaurantes caraqueños.

Zarparon a las 5:00 am del muelle El Cuchivano, pero no llegaron a su destino. A las 8:00 pm, Mercedes Curvelo, esposa de Alonso, avisó a los familiares de Vigil de la desaparición. “Uno de los pescadores de mi esposo llegó a mi casa a avisar que no habían llegado a La Tortuga. Me preocupé porque ese viaje solo tomaba medio día. Ahí comenzó la tragedia”, recordó Curvelo.


El mar se traga a la gente. La desaparición de los cuatro hombres coincidió con las lluvias que causaron 38 muertos y más de 130.000 damnificados en toda Venezuela. Una de las zonas afectadas fue Higuerote, donde acudió el entonces presidente Hugo Chávez con Diosdado Cabello y el comandante de la GNB, en ese momento, Luis Motta Domínguez. “Yo misma le pedí a Chávez que nos ayudara. Él encargó a Cabello y a Motta para que dirigieran las investigaciones. Rastrearon mientras estuvieron con el operativo para los damnificados. Al final el comandante Motta nos dijo que no podían hacer nada porque el mar a veces se traga a la gente”, recordó Vigil.

En abril de 2011 los familiares decidieron ir a la sede de la Fiscalía. Entregaron un documento, les dijeron que los llamarían y hasta ahora el teléfono no ha sonado. Solo dos funcionarios del Cicpc de Caracas fueron días después a Higuerote para un levantamiento de información, interrogaron a algunas personas y se fueron. Tres meses después Vigil pidió que le dieran parte de las averiguaciones, pero a los agentes los habían cambiado y el caso se paralizó.

“Pedimos ayuda hasta al Ministerio de Relaciones Exteriores porque hay rumores de que fueron detenidos en Trinidad y Tobago, Haití, Curazao y Aruba. Solo ellos pueden mandar una comunicación para que den parte de los venezolanos que están allá. Nosotros no podemos ir a esos países, no tenemos dinero ni poder para exigir eso”, expresó Vigil, que mantiene la esperanza de que pese a los problemas del país las autoridades tengan tiempo para dedicarle a la búsqueda de estos náufragos venezolanos.


RECUADRO

La espera de una señal de vida sumerge a las familias de los cuatro desaparecidos en depresión. “Las madres comenzaron a sufrir de la tensión, no duermen en la noche. Mi papá dejó de trabajar y ya no quiere salir”, contó Mirna Vigil.

Su hermano trabajaba en el aserradero familiar El Jabillo en Tacarigua, además del negocio de distribución de pescados a restaurantes que acababa de abrir con Héctor Alonso. Es padre de dos adolescentes y es considerado por sus conocidos como un hombre trabajador y colaborador.





@MoreLosada24


vmoreno@el-nacional.com