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Descontento e impunidad fomentan los linchamientos

La policía judicial inicia las investigaciones de los lichamientos pero pocos casos han sido resueltos | Foto Archivo El Nacional

La policía judicial inicia las investigaciones de los lichamientos pero pocos casos han sido resueltos | Foto Archivo El Nacional

Especialistas consideran que el gobierno debe apostar por una prevención sistemática. Perciben que en un futuro no muy lejano pueden consolidarse estados y subgrupos paralelos que tomen justicia por propia mano

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El 4 de agosto a Olga García se le desvanecieron las esperanzas de encontrar con vida a su sobrino Jorvin Ortega, de 20 años de edad. Ese día le confirmaron que su familiar, que tenía una semana desaparecido, estaba en la morgue de Bello Monte. A esa dependencia fue trasladado 4 días después de ser linchado en el sector UD7 de Caricuao, el 28 de julio, y fallecer en el Hospital Pérez Carreño.

El joven fue atacado por nueve hombres que le dispararon en una de las piernas, lo golpearon, le rociaron gasolina y le prendieron fuego por estar presuntamente involucrado en un robo cometido junto con otro compañero, que también murió en el ataque y que ingresó sin identificación a la medicatura forense.

“En la familia estamos sin palabras. Fue algo rudo y una injusticia. Nadie tiene el derecho de quitarle la vida a nadie y mucho menos de esa manera. En la comunidad dicen que mi sobrino estaba involucrado en un robo con el otro joven que fue linchado, pero no me consta que sea así. Lo único que sabíamos es que ese día salió a trabajar al autolavado y luego no supimos más de él. Esperamos que las autoridades aclaren el caso y detengan a todos los implicados, solo hay cuatro personas detenidas”, expresó. 

Jorvin Ortega es una de las 6 personas que entre el 28 de julio y el 12 de agosto fueron linchadas en la Gran Caracas. Cinco días después vecinos de la urbanización Monseñor Arias, en el kilómetro 13 de la carretera Petare-Santa Lucía, le mutilaron las manos y pies a Guido Hildemaro Pérez, de 44 años, y lo prendieron por estar supuestamente implicado en la violación de una adolescente.


Resentimiento acumulado. La interpretación que el criminólogo Freddy Crespo le da a los linchamientos es que quienes cometen estos ataques tienen un resentimiento acumulado en contra de la delincuencia: “Desde la década de los noventa los venezolanos han acumulado resentimiento en contra de la inseguridad. Ese miedo al delito, a no caminar por ciertas zonas, el no exhibir los celulares y evitar sociabilizar en determinados horarios tiende a acumular ira, y toda esa omisión de actividades lo que genera es que cualquier chispa encienda la llama”.

El abogado penalista Jesús Ollarves considera que el auge de linchamientos en Venezuela tiene relación con la falta de independencia de los poderes y la incapacidad de los cuerpos de seguridad para investigar y sancionar el delito.

“La gente toma la justicia por propia mano por la debilidad institucional y del sistema de policía. Los jueces y el Ministerio Público no son los únicos responsables de la justicia en Venezuela. Por ello desde la Asamblea Nacional se tiene que asumir la inseguridad como un problema de trascendencia. Ya la Organización de Naciones Unidad y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos han fijado posición en sus informes, en los que se refieren a los linchamientos como un problema social”, añadió.

Crespo recordó que hace 30 años los linchamientos estaban dirigidos contra violadores o contra los azotes que tenían cercados a una comunidad. Sin embargo, actualmente estas acciones han sido en contra de personas involucradas en otros delitos pues, a juicio del especialista, los ciudadanos perciben que el Estado no responde a irregularidades que se registran en su entorno.

“Hay una reposición del Estado en términos básicos porque las autoridades están perdiendo la legitimidad para controlar la violencia y por eso la gente toma la posición de pasar por encima de la ley. El gobierno debería tener un equilibrio en planes de seguridad para combatir la criminalidad y apostar por una prevención sistemática, pues el riesgo en un futuro no muy lejano es que se consoliden estados y subgrupos paralelos que tomen  justicia por propia mano”, advirtió.


Cronología de hechos

28 de julio
A Jorvin Ortega, de 20 años de edad, le hicieron un disparo en una de las piernas, le propinaron varios golpes y lo prendieron en fuego después de rociarle gasolina.

2 de agosto
Guido Hildemaro Pérez, de 44 años, fue linchado en el kilómetro 13 de la carretera Petare-Santa Lucía por presuntamente estar involucrado en la violación de una adolescente. Fuentes policiales informaron que al hombre le mutilaron las manos y pies y lo prendieron en fuego.

7 de agosto]
Alejandrina Orta, de 54 años, fue quemada viva dentro de su residencia en la calle San José del sector El Placer de Santa Lucía del Tuy. Varios hombres tomaron represalias en su contra tras no conseguir a su hijo, que supuestamente es uno de los homicidas que ese día mató a un adolescente en una buseta de transporte público que cubre las rutas troncales de la zona.

11 de agosto
Un delincuente que incursionó en uno de los apartamentos del piso 3 de las residencias Bucare, en Terrazas de Club Hípico, fue ultimado con un cuchillo por uno de los vecinos de la vivienda a la que ingresó para robar y someter a los propietarios. Sin embargo, el yerno del dueño de la residencia se abalanzó sobre el hombre y lo atacó con un cuchillo.

12 de agosto
Un grupo de vecinos de la calle  B de la urbanización Los Ruices, en Caracas, linchó a un hombre que asaltó a una mujer que salía del Central Madeirense, situado en el sector. El hombre fue brutalmente golpeado y quedó semidesnudo frente a la panadería Los Cortijos.


Cifra
6 linchamientos fueron reportados en todo el país en junio. El último hecho ocurrió en Táchira donde una poblada acuchilló, golpeó y quemó a un individuo que salió de prisión. Oficiales de la Policía Nacional lo rescataron en el barrio 8 de Diciembre de San Cristóbal cuando ardía. El hombre tenía antecedentes por robo en Caracas y en Táchira.