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Carteles mexicanos rebasan fronteras

Brasil es considerado como el país de mayor consumo de cocaína en América del Sur / EFE

Brasil es considerado como el país de mayor consumo de cocaína en América del Sur / EFE

La lucha de los gobiernos por desmantelar las redes del crimen organizado se estrella contra la especialización y sofisticación del negocio

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Colombia es, junto con Bolivia y Perú, epicentro de la producción de la cocaína en el hemisferio. Ecuador y Venezuela son usados como países de tránsito, mientras que Chile junto con Argentina –vista como un paraíso para el abastecimiento de precursores químicos- son puntos para la salida de la droga a África y Europa. Brasil es el mayor consumidor de América Latina y el mayor proveedor de insumos químicos para procesar la cocaína. Y México, pese a la lucha del gobierno por desmantelar las redes criminales, no ha podido evitar la internacionalización de los cárteles.

Esta es la realidad que aqueja al continente, con violencia y adicción en incremento, como consecuencias del avance del crimen organizado, el cual ahora no sólo centra sus actividades en el tráfico de drogas, sino en el trasiego de armas, lavado de dinero, extorsión, secuestro, control de productos apócrifos (“piratas”), trata de personas, robo de vehículos y combustible, entre otras actividades ilícitas, con células especializadas para cada operación.

El profesor Bruce Bagley, presidente del Departamento de Estudios Internacionales de la Universidad de Miami, asegura que las organizaciones delictivas mexicanas tienen el control en la región andina y el expendio en el mercado del norte.

“Aquí hay algo muy claro: en vez de dejar que grupos intermediarios negocien (la droga), ellos (los narcos mexicanos) ya están con las manos en la masa”, afirma.

De acuerdo con el especialista, los mexicanos están “adquiriendo cargamentos ilegales a los grupos colombianos que negocian en el país, es decir, a las Águilas Negras, a los Rastrojos y a elementos de las FARC”.

En Chile, para el Gobierno, todo parece indicar que los puertos del país son usados como zonas de tránsito.

“Suponer que ese 60% de la producción de la cocaína mundial (generada en Perú y Bolivia) de países vecinos al nuestro sale por otros países y no por el nuestro es iluso”, dice Rodrigo Ubilla, subsecretario del Interior.

Costa Rica, por su parte, vive ya las consecuencias de la llegada de organizaciones criminales mexicanas, específicamente el cártel de Sinaloa o del Pacífico, del Golfo y la Familia Michoacana. El zar antidrogas, Mauricio Boraschi, reconoce que los narcotraficantes incrementaron la violencia, pues las ejecuciones pasaron de 49 en 2010 a 51 en 2011.

En el caso de Uruguay, el Gobierno se congratula por tener una población reducida, apenas 3 millones de personas.

Pero Argentina no puede decir lo mismo. En los últimos tres años aparecieron hombres fuertes de los cárteles colombianos y familiares directos de estos, al tiempo que se incrementaron los decomisos de cocaína y el consumo de drogas en la calles.

En abril de este año, la operación Luis XV –por la clase de muebles que eran usados para la exportación de drogas– dio como resultado la captura de 30 personas, la mitad de origen colombiano. En 2011, se incautó la cantidad récord de 6 toneladas de cocaína.

“El fenómeno del vicariato, que no era observado en Argentina, se vuelve una situación preocupante que va de la mano con el aumento del tráfico de drogas. Si hay más capturas de cargamentos es porque se mueve más cocaína”, dice Eduardo Amadeo, diputado nacional del Frente Peronista y ex titular de la Secretaría para la Prevención de las Adicciones y Lucha contra el Narcotráfico.

De cinco años a la fecha se conocen por lo menos tres casos de ejecuciones con víctimas colombianas ligadas al narcotráfico, y una más en la que los asesinados fueron tres argentinos, que negociaban venta de efedrina con cárteles mexicanos.

En 2008, justo después de que México decidió cerrar las importaciones de efedrina, producto base para elaborar metanfetamina, en Argentina creció la importación del producto de India y China, vía laboratorios locales de menor peso.
Para las autoridades argentinas, no están dadas las condiciones en esa nación para la creación de cárteles propios.

Al final del día, según el subsecretario del Interior de Chile, Rodrigo Ubilla, difícilmente se podrá terminar con los cárteles y las organizaciones criminales.

“Lo que rescato es que creo que es imposible hacerle daño al narcotráfico y al crimen organizado. No los vamos a vencer nunca. Se pueden ganar posiciones. Colombia está ganando posiciones todos los días, aunque todavía existe el narcotráfico en la zona, pero uno puede hacerle daño en la medida en que se cuenten con varios elementos; para mí, uno de los principales es la información y eso, necesariamente, es estar globalizado”, afirma.

A la pregunta de si habría que legalizar las drogas, remata: “Me parece que debería haber un debate global. No es una posibilidad que pueda definir un solo país”.

 Explicación de la espiral. En México, la disputa por el control de los territorios se libra entre ocho cárteles de la droga que operan en todo el país, que consolidaron sus proyectos de expansión y se convirtieron en grupos organizados transnacionales. El país les queda chico y el mercado de América del Norte también, y por ello su presencia y alianzas se extienden de Canadá a Brasil, hasta sumar 16 países del hemisferio o incluso más allá.

Informes de la Procuraduría General de la República de México revelan la reciente radiografía del narcotráfico en el país, en la que se reconoce como cárteles al del Pacífico, que lideran Joaquín “El Chapo” Guzmán, Ismael “el Mayo” Zambada y Juan José Esparragoza Moreno, “el Azul”; el Golfo, encabezado por Jorge Eduardo Costilla, “el Coss” (actualmente detenido); así como Los Zetas, que dirigen Heriberto Lazcano, “el Lazca” y Miguel Ángel Treviño Morales, “Z-40”, quienes se disputan el control de la organización que hoy enfrenta una escisión.

También mantienen sus posiciones los cárteles de los Arellano Félix, al mando de Fernando Sánchez Arellano, “el Ingeniero” o “Alineador”, sobrino de los fundadores; la Familia Michoacana, bajo el liderazgo de Dionisio Loya Plancarte; los Caballeros Templarios, con Servando Gómez Martínez, “la Tuta” y Enrique Solís Plancarte “el Quique” como jefes; además de los Beltrán Leyva, que comanda Héctor Beltrán Leyva, “el H”, y Francisco Hernández García, “el 2000”; y el cártel de Juárez de Vicente Carrillo Fuentes, “el Viceroy”.

Estos barones de la droga y sus organizaciones son responsables de la violencia que se vive en México. La más reciente cifra oficial del Gobierno federal detalla que desde diciembre de 2006 hasta noviembre de 2011 se perpetraron 47.515 asesinatos vinculados con la guerra contra el narcotráfico, clasificados como “homicidios por presunta rivalidad delincuencial”. Hubo meses negros: abril de 2011 fue el de más alto índice con 1.630 crímenes registrados con la huella del crimen organizado.

A pesar de la lucha contra el narcotráfico emprendida por el gobierno de Calderón, en la que 23 de los 37 líderes y operadores más buscados han sido detenidos –entre marzo de 2009 a la fecha-, en los últimos años los 8 cárteles mexicanos consolidaron su internacionalización.

Un informe de la Procuraduría, actualizado hasta agosto de este año, revela que las organizaciones transnacionales mexicanas operan y tienen alianzas en 16 países del hemisferio.

El cártel de Sinaloa de “el Chapo” Guzmán tiene la hegemonía. Hasta el momento expandió su presencia a 13 naciones del continente: Canadá, Estados Unidos, Guatemala, El Salvador, Honduras, Belice, Ecuador, Costa Rica, Colombia, Perú, Chile, Argentina y Venezuela.

Los más cercanos competidores de la organización de “el Chapo” son los cárteles del Golfo y los Zetas (antes aliados y hoy antagónicos), que operan en un total de nueve naciones, según documentó el Gobierno federal mexicano, con intercambio de información de inteligencia con las autoridades de esos países.

Ambos grupos están en Estados Unidos, Guatemala, El Salvador, Panamá, Colombia y Bolivia, territorios que intentan controlar. También se ha documentado la presencia de los Zetas en Honduras, Argentina y Brasil; mientras que sus ahora rivales del cártel del Golfo operan en Belice, Costa Rica, Perú y Venezuela.
 
Caballeros Templarios a EE UU

El resto de los grupos criminales tiene también operaciones en algunas de las naciones, pero no al mismo nivel. Por ejemplo, los otrora poderosos, como el cártel de los Arellano Félix, tiene presencia sólo en Estados Unidos y Perú; mientras que el de Juárez está en territorio estadounidense, mantiene alianzas en Colombia, además de Honduras, Costa Rica y Panamá, y ha llegado a Argentina.

En este mapa del narcotráfico, el reciente grupo criminal de los Caballeros Templarios, que surgió de la Familia en 2011, en sólo un año ya opera en Estados Unidos; mientras que el grupo michoacano del que emanó tiene ramificaciones en suelo estadounidense, Colombia, Costa Rica y Guatemala.
Los Beltrán Leyva, tras separarse de “el Chapo”, sostienen su propia red en Estados Unidos, Guatemala, Honduras, Costa Rica, Panamá y Colombia.

Brasil: drogas y violencia

La joya de la corona es Brasil. Además de ruta internacional y de representar el mayor mercado consumidor de cocaína de América del Sur, con 900.000 usuarios, ofrece los productos químicos para la industria de la cocaína.

Según el ex secretario nacional Antidrogas y especialista en crimen organizado, el juez jubilado Walter Maierovitch, sin la fiscalización de la industria química, Brasil tiene el potencial de hacerse una especie de Colombia productora de drogas sintéticas.

En ese país, cerca de 25% de la población carcelaria (119.000 presos de un total de 471.000) responde a procesos o fue condenada por tráfico de drogas.

Los grupos del crimen organizado en Brasil no tienen potencial para salir del país, pero están conectados a una red de organizaciones internacionales que representan 3,5% del producto interior bruto (PIB) mundial y mueven cerca de 600 millardos de dólares.

Además de una población penitenciaria de casi 500.000 habitantes, Brasil es el sexto país en el ranking mundial de homicidios, con 52.000 muertes al año, una incidencia de 26 homicidios por cada 100.000 habitantes.