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Cadáver del Polibaruta lo recogió su hija de 15 años

Richard Gallardo es el quinto policía asesinado en El Junquito este año y el segundo en el km 12

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"Nunca olvidaré cuando me decía: mamá, te amo". Es la frase que entre lágrimas apenas pudo pronunciar Blanca González mientras veía a su nieta caminar desconsolada por los pasillos de la casa, aferrada al chaleco policial de su padre, Richard Gallardo, Polibaruta asesinado el 28 de octubre en las afueras de su hogar en El Junquito.

Su madre lo recuerda como un hombre familiar, que cocinaba exóticos platos para sus hijos. Fue justamente su primogénita la que el domingo 28 de octubre, a las 5:30 am, corrió a abrazarlo e intentó levantar su cuerpo sin vida, que quedó baleado a pocos metros del hogar.

Los parientes afirman que gritaban pidiendo ayuda y los vecinos se la negaron.

Un motorizado fue al módulo más cercano de la Guardia Nacional, pero llegaron dos horas más tarde, cuando los funcionarios de Polibaruta ya estaban en el sitio. González asegura que el sector está arropado por la inseguridad y desamparado por los órganos policiales.

"Los f u nciona r ios de la Policía Metropolitana eran más eficientes que ellos", expresó.

El Cicpc continúa con las averiguaciones, pero los familiares creen que el crimen fue cometido por el hampa común. Piensan que Gallardo recibió disparos en la pierna, cabeza y espalda al intentar devolverse a su casa.

Desolación. La víctima vivía con su madre y tenía la casa llena de objetos alusivos a sus aficiones: el beisbol, el cine y las motos. En la vivienda de Blanca González hay un sinnúmero de películas, pelotas autografiadas y otros recuerdos que dejó Gallardo, que tenía 39 años de edad.

María Susana, vecina del sector, intentaba consolarla y le pidió que no llorara tanto, pero el sentimiento se acentuó cuando escuchó a Andrea, la hija menor de Blanca González, recordar que su hermano disfrutaba ir al estadio a apoyar a los Leones del Caracas.

"¿Cómo iba a pensar que matarían a mi hijo de esa forma? Nunca me lo habría imaginado. Pese a que él era muy aguerrido y no tenía miedo de meterse en sitios peligrosos, nunca le pasó nada haciendo su trabajo", contó González antes de regañar a sus nietos menores, que correteaban inocentes por la casa sin entender lo que estaba sucediendo.

En la sala hay un estante con incalculable número de películas y la madre, orgullosa al señalarlas, dijo que su hijo arrasó con la delincuencia en Baruta "como en las mejores películas de acción".

Todos los días, a las 5:30 am, Richard Gallardo comenzaba la rutina diaria que tanto disfrutaba. Era el segundo de cinco hermanos. El mayor también fue asesinado hace 12 años, en una fiesta a la que habían asistido juntos.

La mamá de Richard Gallardo es hipertensa y está enferma de los riñones; su hijo la ayudaba a comprar las medicinas y era el sostén del hogar.

La víctima dejó 4 hijos menores de edad, que ahora añoran la figura paterna. El funcionario tenía 17 años en la Policía de Baruta. Desde los 11 años de edad quería ser policía y su madre se angustiaba cada vez que escuchaba el deseo del que muy temprano decidió su futuro laboral. En la institución policial dejó los uniformes y varias pertenencias que nadie quiere tocar. En casa de Blanca González, una habitación llena de recuerdos a la que nadie se atreve a entrar.