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Cacaoteros abandonan fincas por acecho de bandas

Las plantaciones de cacao son desatendidas por la incursión del hampa | Foto William Dumont

Las plantaciones de cacao son desatendidas por la incursión del hampa | Foto William Dumont

Las extorsiones, los secuestros y los robos han provocado la huida de 2.960 propietarios de parcelas ubicadas en las zonas de paz

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María Eugenia Bastidas (nombre ficticio para proteger su identidad) tenía una finca en el sector García de Río Chico. Ella vivía en el pueblo y semanalmente iba a limpiar la propiedad y a sembrar. Un fin de semana que visitó su parcela se topó con siete hombres armados. La interceptaron la pusieron a bailar alrededor de una mata. Le pidieron las llaves de la casa y le dijeron que esa propiedad y las plantaciones, no le pertenecían. “Me advirtieron que si me acercaba nuevamente me matarían”.

Bastidas lleva más de cinco meses sin visitar sus cultivos, única fuente de ingresos y ahora vive de la pensión. Ella forma parte de los 2.960 productores de cacao que, según los representantes de este gremio, han abandonado las tierras desde el año 2014 hasta la fecha por el acoso de las organizaciones delictivas que mantienen azotada la zona. De los 7.400 productores registrados hace 2 años solo permanecen 4.440.

La delincuencia no solo ha trastocado el trabajo de los que labran la tierra, también a los compradores de cacao. Hace 22 días un galpón de compra de cacao, ubicado en la entrada de Caucagua fue saqueado. Un grupo armado integrado por 10 hombres tocó la puerta y sometieron al vigilante para llevarse 5 toneladas del fruto.

Según Juan Martínez, productor de la zona, las bandas actúan de varias formas. Una de las modalidades es la sustracción de los tobos de cacao de los sembradíos. “Los hombres llegan con armas AR-15 y AK-44, someten a los propietarios de las fincas y cargan con más de 50 tobos de cacao, cuyo kilo es vendido entre 2.500 y 3.000 bolívares”, explicó.

También estas organizaciones, apuntó Martínez, envían a un emisario para pedirle al propietario de la parcela una vacuna que va entre 150.000 y 200.000 bolívares mensuales para que no los secuestren. De no concretarse el pago, se lo llevan y piden rescate en dólares.

“El transporte de cacao también se ha convertido en una faena de alto riesgo. En la Troncal 9, en la vía que comunica a la población de Cumbo con El Delirio, así como Las Mercedes en Caucagua, declaradas zonas de paz, interceptan los camiones. “Hace dos semanas a un grupo de productores que atravesaban el río Las Mercedes con su vehículo, cargado de 500 kilos de cacao, les bloquearon el paso. Cinco delincuentes con armas largas los obligaron a bajarse y se llevaron el carro con la mercancía”.

Formularon la denuncia del robo ante unos funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana que habían instalado una alcabala a pocos metros del lugar donde se produjo el hecho. Fue en vano. No actuaron, pues los delincuentes tenían armas más potentes que las de ellos. “Los funcionarios apostados en la vía no actúan en estos procedimientos, solo se limitan a cobrar 2.000 bolívares a los productores para permitir el traslado de mercancía”, expresó Martínez.


Comunidades silenciadas. La policía vial de Polimiranda tiene un servicio de apoyo al campesino. El jefe de esta división, Eduardo Lamas, destacó que cada tres meses procesan un promedio de tres denuncias de asaltos a fincas cacaoteras, así como hurtos y robos de tobos de cacao. “Los vecinos no se atreven denunciar y eso nos tiene de manos atadas para ubicar a los integrantes de esas megabandas, conformadas por entre 8 y 15 hombres. Hemos descubierto que hasta grupos familiares se dedican al hurto de cacao en la Troncal 9 y en las zonas de paz: Cumbo, La Nasa y El Cinco”, contó el funcionario.

Con frecuencia los efectivos se reúnen con los consejos comunales y cacaoteros para identificar a los integrantes de esas organizaciones en aras de frenar sus actuaciones.