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“Quiero que los culpables vayan a la cárcel, no les deseo la muerte”

María de Jesús Machado aseguró que la fe no la consuela en su duelo / Leonardo Noguera

María de Jesús Machado aseguró que la fe no la consuela en su duelo / Leonardo Noguera

Hace una semana los hijos de María de Jesús Machado fueron asesinados por un grupo comando

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"¿Por qué los mataron así? ¿Por qué? Como si fueran delincuentes. Esos hombres donde quieran que estén no van a tener paz, por eso no quiero que los maten. Yo lo que quiero es que vayan a la cárcel”, manifestó María de Jesús Machado, madre de José Manuel y Jesús David Machado, asesinados el 2 de septiembre.

Sin razón y sin excusa, seis hombres sin identificación, vestidos de negro, con armas de guerra y encapuchados se los llevaron de su casa en las residencias de la Misión Vivienda Valle Nuevo de El Valle, en la madrugada. Horas después aparecieron muertos en el distribuidor La Araña, arrodillados, con las camisas en la cara y con múltiples disparos en la cabeza y el cuerpo.

José Manuel tenía 16 años de edad. Era el penúltimo de 12 hijos de María de Jesús. Sufrió un accidente a los 8 años que afectó su comportamiento, por lo que no pudo terminar su formación académica y se dedicaba a ayudar a su madre en labores del hogar. 

“De repente le daban unos arranques de malcriadez y rabia. Yo lo dejaba tranquilo”, indicó Machado.

El adolescente era la alegría de la casa, según dos hermanas que vivían con él. Las sacaba a bailar apenas oía música y solía improvisar canciones de rap con versos jocosos sobre la familia. Cuando no estaba en su casa, estaba con su novia en el barrio Las Malvinas. Allí pasó la tarde del domingo, el día antes de que lo ajusticiaran.

Su hermano Jesús David, de 19 años de edad, era su confidente. “Jesús David se molestaba cuando se metían con José Manuel. Lo defendía. Decía que si alguien le quería hacer daño tenía que matarlo a él”, dijo Carolina Machado, una de las hermanas.

Los allegados del mayor de los fallecidos lo describieron como una persona callada y penosa. No le gustaba la multitud de personas.

“Para lo único que no tenía pena era para alabar a Dios. Desde pequeño asistía conmigo a la iglesia evangélica Luz Admirable en Tacagua y hace cinco meses se congregó en la Federación Centro Cristiano de Las Américas”, contó María de Jesús.

Agregó que a Jesús Manuel le gustaba realizar trabajos a destajo para arreglar la casa y darle detalles a su novia cuando lo visitaba.

“Ni siquiera los del Cicpc se explican por qué los mataron así. Revisaron todas las bases de datos y ninguno tenía una mancha”, expresó Cristina.

Una película

El cuarto vacío de los muchachos hace caer en cuenta a María de Jesús que la escena de terror que vivieron hace una semana es real. “Parece una película esto que vivimos. Cada vez que mi mamá ve sus camas se echa a llorar. Sin ellos las mañanas están vacías y ya ni nos provoca cocinar”, relató Cristina.

Para la madre de los hermanos Machado la justicia divina es su esperanza: “Tengo 30 años en el evangelio y eso me da la fortaleza para aguantar esta tortura. Confío en que Dios tocará la conciencia de esas personas y no quedará impune el crimen de mis hijos”.

Grupos comandos hacen de las suyas

A David Ávila Figuera, de 27 años de edad, lo mataron unos encapuchados el 29 de agosto en un baño de su apartamento de la torre 5 en el refugio conocido como Complejo de Vivienda de Transición, en Fuerte Tiuna.

El 26 de agosto un adolescente de 15 años de edad, que tenía problemas de aprendizaje, fue acuchillado por personas encapuchadas en el sector La Parada de Petare. Al joven también le dispararon y apedrearon en la cara y la cabeza.

El 22 de julio en la madrugada un grupo comando sacó de su casa a Daniel José Bermúdez Brazón, de 24 años de edad, y lo asesinaron en la calle Aguachina del barrio Kennedy de Macarao.

El 9 de julio una banda de hombres con las caras tapadas prohibieron que los familiares de Francisco Hernández Sánchez, de 48 años de edad, entraran al barrio El Cují, en el kilómetro 3 de la Panamericana. Hernández fue asesinado en su casa.