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“Que te vaya bien, hija; allá en el cielo nos vemos. Espérame”

La adolescente de 12 años de edad jugaba para el equipo Caracas Fútbol Club, en el que era querida y admirada. Su funeral contó con la asistencia masiva de los habitantes del barrio Ojo de Agua, donde vivía | FOTO ALEX DELGADO / ARCHIVO

La adolescente de 12 años de edad jugaba para el equipo Caracas Fútbol Club, en el que era querida y admirada. Su funeral contó con la asistencia masiva de los habitantes del barrio Ojo de Agua, donde vivía | FOTO ALEX DELGADO / ARCHIVO

Riguey Arguinzones, padre de Luisa Victoria Arguinzones Castro, era quien la acompañaba en su carrera deportiva 

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Fue una mala jugada del destino la que acabó con la prometedora carrera de la futbolista Luisa Arguinzones, una niña de 12 años de edad que asesinaron de un tiro de escopeta el domingo 7 de julio en el barrio Ojo de Agua, en Baruta.

En su funeral no hubo nadie que pudiera contener las lágrimas cuando sus padres, Victoria Castro y Riguey Arguinzones, dieron el último adiós a su única hija.

“Que te vaya bien, hija; allá en el cielo nos vemos. Espérame”, gritó el padre ahogado por el llanto mientras lanzaban las primeras paladas de tierra sobre el féretro de Luisa. Riguey Arguinzones era su mayor admirador, promotor y quien la impulsaba en su carrera deportiva.

“Qué dolor tan grande tener que dejarte aquí, mi hijita. ¿Cómo te hicieron esto, madrecita?”, fueron las palabras de la madre de la niña quien, en medio del llanto y el dolor, se aferraba a una de sus primas para no desmayarse. Luisa Victoria fue herida mientras estaba en el patio de su casa. Su única culpa fue estar en el lugar equivocado cuando Giomar Marcano y Larry Delgado decidieron dirimir a tiros sus diferencias, un domingo a las 3:00 pm, sin importar que en la calle que ellos eligieron como campo de batalla hubiera niños.

Ambos fueron detenidos por la policía, pero esto no cambia la realidad de la familia Arguinzones Castro. Luisa ya no estará más con ellos y tampoco vivirá para continuar con su carrera como la destacada jugadora del equipo juvenil del Caracas Fútbol Club que fue durante los últimos 11 meses de su vida.

“Es una lástima que ni siquiera haya podido ir al liceo porque era una niña muy inteligente, alegre y querida por mucha gente, que no merecía morir de esa manera. En su cara nunca faltaba una sonrisa”, expresó Rolman Arguinzones, tío de Luisa, que fue quien la auxilió cuando fue herida.

El tío relató que en esos últimos momentos de vida la niña no habló. Sólo emitía sollozos como quejándose del dolor que le originó el tiro que recibió en el pecho. “Yo mismo la llevé a la clínica Félix Boada y ahí nos dijeron que la habían estabilizado. Al poco rato nos dijeron que estaban esperando al anestesiólogo para poder operarla, pero después nos dieron la mala noticia: la niña murió”, dijo el pariente.

 

¿Qué es justicia? El velorio de Luisa se realizó en una funeraria en el casco central de Baruta. El martes, cuando llegó el momento de partir al cementerio de La Guairita donde fue sepultada, familiares, amigos y vecinos de la zona fueron a darle el último adiós. Cientos de personas se movilizaron y se mostraron conmovidas frente al dolor de los padres de la niña cuando llegó el momento de partir.

“Esos tipos que mataron a esa pobre niña están presos, pero ¿qué ganamos con eso? Ver a la mamá de esa muchachita con ese dolor tan grande, no es justo. ¿Qué es la justicia: meterlos presos para que en dos años salgan a la calle y vuelvan a matar a más personas? Eso es algo que la mamá de esa niña jamás entenderá”, expresó Rosalba Fuenmayor, una vecina de Baruta que observaba desde la calle cómo partía el cortejo.

Luisa Arguinzones era estudiante de sexto grado de la Escuela Municipal José Sanz. Allí se destacó por ser una excelente estudiante y deportista. Desde hace seis años formaba parte del equipo de kickingball y más recientemente del de fútbol.

“Tú eres y serás siempre la mejor, y allá en el cielo seguirás siéndolo y meterás muchos goles más entre todas esas nubes”, expresó en el funeral una de las compañeras de equipo de la niña.

En el sepelio de Luisa fueron muchas las escenas de dolor de sus parientes, amigos y personas más allegadas. Sin embargo, no hay palabras que puedan describir lo que posiblemente sentía la madre al saber que ya no la tendría más con ella.

“Ya yo no tengo por qué luchar, hija. Yo en la vida jamás pensé que tendría que enterrar a mi hija. Me voy contigo, mi niña; te estás llevando mi alma”, gritaba con desespero Victoria Castro, madre de Luisa, cuando llegó el momento de separarse del lugar donde fue sepultada.


Un futuro perdido

El fútbol es un deporte masculino por excelencia, pero Luisa Arguinzones se destacó tanto en esta disciplina que con apenas 12 años de edad se ganó un espacio en la categoría juvenil de uno de los equipos más importantes del país: el Caracas Fútbol Club.

Por su edad le correspondía jugar con la selección infantil, pero su nivel le permitió destacar y compartir en el terreno de juego con muchachas de entre 15 y 25 años de edad.

“Ella logró ganarse ese puesto por su talento; era un fenómeno, una atleta que se proyectaba con un futuro importantísimo como jugadora de fútbol. Era responsable, respetuosa, muy querida por sus compañeras y admirada por las mayores porque les enseñaba jugadas”, expresó Damarit Mejía, una de las entrenadoras de la selección del equipo rojo.

Entre sus compañeras eran de admirar las destrezas de Luisa en la cancha. “Varias veces el entrenador le dio la banda de capitana por lo buena que era. Nuestro último entrenamiento fue el sábado 6 de julio a las 6:00 am y ella estuvo allá, puntual como siempre. Nuestro último juego fue hace tres semanas en Puerto La Cruz y con su gol logró que el equipo clasificara a las semifinales”, recordó una de las compañeras del equipo juvenil.