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“Ahora vamos por el portón”

Denuncian que los delincuentes se roban las brequeras y dejan a los edificios en la oscuridad | Foto: Omar Véliz/El Nacional

Denuncian que los delincuentes se roban las brequeras y dejan a los edificios en la oscuridad | Foto: Omar Véliz/El Nacional

A la garita, los vecinos de la calle 2 y 3 de La Urbina sumarán otra barrera. Con concertinas, vigilantes, cámaras y alarmas se blindan los caraqueños

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El sonido seco de las balas sorprendió a quienes caminaban por los pasillos del nivel Lecuna de Parque Central el martes 19 de agosto a las 10:55 am. Madres con sus niños, jóvenes y ancianos se lanzaron al piso. Pocos segundos después alzaban sus cabezas con cuidado, en un intento de buscar una explicación del tiroteo.
La vecina del edificio Tajamar Olga Vellojín relató que cuando hacía la fila para entrar en el ascensor de su residencia unas personas se colearon, entre ellos un hombre que subió y de inmediato le ordenó a otro que le entregase su maletín.
La víctima, José Luis Misel, dijo que recibió un cachazo en la cabeza luego de negarse 3 veces a entregar el maletín en el que guardaba 50.000 bolívares, que minutos antes había retirado de una agencia bancaria. Misel estaba armado. De allí que accionó su arma contra el delincuente, quien logró huir en moto.
Olga Vellojín y Annery Fehr expresaron su indignación por el peligro de habitar en unas torres que no tienen lo que la mayoría de los caraqueños usa para proteger sus viviendas: rejas.
Vellojín relató que hace poco tiempo fue secuestrada en su propio apartamento. “Tenemos que cerrar los accesos y no permitir que entre gente extraña. ¿Acaso debemos esperar hasta que nos maten?”, preguntaba la vecina en voz alta, como para drenar su angustia. El vidrio de la puerta de su edificio agujereado por la bala les recuerda cada día el riesgo en el que viven.
“Esto es muy apetecible para los ladrones, pues no hay control de salidas ni entradas. Las áreas de circulación están tomadas por los motorizados. Además, algunos invasores han ocupado algunos espacios. En el edificio Caroata se han robado los ventanales y bombillos del penthouse y han roto las puertas de los cuartos de electricidad”, dijo Fehr, quien agregó que indigentes pernoctan y usan las áreas comunes como baño público.
Un reciente estudio de Gallup reveló que apenas 19% de los venezolanos está dispuesto a caminar solo y de noche por las calles, por lo que el país fue calificado como el de la más baja seguridad en el mundo. Y los caraqueños quieren blinarse cada vez más. La concertinas de seguridad ya son parte del mobiliario urbano. Se ven en casas, edificios, locales comerciales, comisarías policiales e incluso iglesias.
El psicólogo social Leoncio Barrios explica que más allá de los elementos que nos señalan la amenaza real de sufrir un delito, como el registro de denuncias y las cifras negras que pueden llegar a triplicar la data oficial, existe la percepción del riesgo: “Es lo que cada uno de nosotros piensa sobre la violencia y lo vulnerable que es ante ella. Es una interpretación basada en creencias, experiencias y temores, sean estos infundados o no”.
Barrios añade que la urgencia de los vecinos por blindar sus viviendas ante la inseguridad es un recurso al que apelan ante la ineficacia gubernamental para resolver el problema.
A diferencia de las torres de Parque Central los vecinos de La  Urbina lograron controlar el libre acceso hacia algunas calles con garitas de vigilancia privada. El presidente de la Asociación Civil Calle 3 y 2 de La Urbina, Francisco Laya, sostiene que la iglesia Corpus Christi y el Parque Buen Vecino son puntos neurálgicos por estar abiertos al público.  
Los 943 apartamentos agrupados en la asociación deben pagar 150 bolívares mensuales para garantizar su resguardo: concertinas, garitas, cámaras, vigilantes, alarmas, hojas de control y hasta sirenas se suman para combatir la delincuencia.
“Hace cinco años aquí encañonaban a los residentes dentro de sus propios hogares y se robaban el mercado de las amas de casa. Eso no ocurre ahora por las medidas que hemos tomado. Ahora vamos por el portón”, dijo Laya. La nueva barrera estará delante de la garita que impide el acceso a quienes no viven en los 29 edificios de la zona.
Cerrarse no significa que los vecinos sean invulnerables al delito, advierte Barrios: “El gran trabajo tiene que hacerlo el gobierno, a través de políticas públicas como, por ejemplo, la aplicación de la Ley Desarme. Mientras haya menos armas en las calles habrá menos posibilidades de que te maten o te asalten, pues en más de 90% de los delitos se usa un arma o una pistola”, afirmó Barrios.
De allí que los ciudadanos busquen protegerse por sus propios medios. Las opciones a las que recurren son cada vez más contundentes.


Coordenadas

√Frente a la estación del metro de Parque Central, en la Avenida Lecuna, cruce con la Torre Oeste, se apostan funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana.

√Justo en la entrada del pasillo central, a menos de 50 metros, hay una carpa de la Guardia Nacional Bolivariana con funcionarios pertenecientes al Regimiento de Seguridad Urbana.

√En las calles 2 y 3 de La Urbina patrulla Polisucre. Además, una unidad de la Guardia Nacional  Bolivariana está apostada en la avenida principal.