• Caracas (Venezuela)

Sócrates Ramírez

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Sócrates Ramírez

La unidad que no fue

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Que este título no sea una realidad en la historia.

Lo que viene de esa celda a veces luce como un voluntarismo personalista de nuevo cuño y al mismo tiempo como un llamado a activar el espacio del encuentro y de la acción. Es un envuelto. El otro lado construye una vergüenza desde el reposo, pues quienes aún gozan de cierto espectro de libertad para estimular la movilización terminan comportándose como agentes del apaciguamiento. Ante la derrota electoral de la Mesa de la Unidad Democrática en los comicios locales de diciembre de 2013 de su seno surgió la verosímil idea del necesario reinvento en una fuerza de movilización social que canalizara el descontento de toda su base política frente al tren de desaciertos chavistas en pleno desarrollo tiránico; la ausencia de elecciones en el panorama de 2014 así lo imponía.

Pero la MUD (y me refiero a las dos tendencias que la constituyen y dentro de ella se adversan) resultó incapaz de desarrollar su propio objetivo. En su lugar, separadamente, sumió al país en el fragor de las pasiones sin destino o desde la inacción abanderó el desencuentro, la desmovilización y la desesperanza.

A una altura que no admite equívocos, la MUD ha fallado en el paso inicial que es ponerse de acuerdo. Y no se trata de la sola connivencia en materia electoral, donde ya alguna experiencia tiene y en la única trama en la que aparentemente dicen algo, sino de la respuesta que debe articular frente a la realidad de los sujetos a quienes les piden el voto.

La ausencia de ese propósito orientador es quizá producto del miedo. Miedo a un Estado que no conoce de derechos, que tortura, encarcela y asesina. Miedo de someter a riesgo los espacios de comodidad construidos sobre las migajas, pero sobre todo miedo a desatar una fuerza contenida por la represión y la angustia que tal vez ellos mismos no entiendan ni sepan encauzar. Por eso, tal como el chavismo, se sientan sobre la costumbre. Mientras los primeros hacen de la miseria una rutina e intentan moralizarla, de este lado pareciera imperar la certeza de que a falta de otras opciones de cara al desastre, sin importar la carencia de estímulo, de movilización, de organización, de ideas, así de gratis, el pueblo los votará. Tal vez no se equivoquen pues en reino del desespero todo es posible.    

Ese miedo ha contribuido al desacierto de postergar la reacción articulada y masiva. En su reemplazo, se ha impuesto la mezquina opción de mantener los focos escindidos, sin contacto, sin acuerdo, sin músculo. En la medida en que el gobierno ha acelerado la máquina de destrucción nacional la representación de la oposición política ha preferido el escozor interno y el silencio. Tanto hace y descubre el chavismo a diario para lapidarlo y tan poco visible resultan las acciones de la oposición en su provecho.

No escribo en 1998, ni mucho menos me subo al carro sin freno del discurso antipolítico, o antipartidos. Lo que exijo es precisamente lo contrario, que vuelvan a la política, que contribuyan a la reactivación del espacio público, el lugar de encuentro de los ciudadanos donde nace el poder. Se trata de superar los códigos que han hecho de la política venezolana un espectáculo frente a sujetos pasivos, a los que se le visita, escucha, se le regala una franela y se invita a votar. El gobierno ha olvidado que estar en el centro del interés público lo somete al escrutinio, incluso descarnado, de todos, eso ha de tenerlo presente la MUD para sí misma.

Sometidos al concurso vigilante de su base, deben, honrando esa confianza que jamás podrá ser en blanco, concertar, ponerse de acuerdo.

 

@RamirezHoffman